Todos los dones son acciones divinas que alcanzan a los hombres por medio de la acción de su Espíritu, y Dios en su voluntad nos permite ser el camino por el que esa acción llega a los demás. El don de profecía es uno de los dones más edificantes para transmitir (hablar) un mensaje el cual puede ser según 1 Corintios 14:3 para edificación, exhortación y consolación. Pero es aquí en donde se ha de tener mucho cuidado puesto que el mensajero puede mezclar por error o confusión la voz genuina de Dios con la voz de él o peor aún con la voz del diablo.

Este antecedente ha llevado a que con frecuencia se abuse de este don tan precioso y necesario y que se llegue a desconfiar cuando alguien lo manifiesta. En el don de profecía se tiene el triple propósito: instruir, alentar y consolar a los creyentes. Es un mensaje que edifica a la gente en su fe, que les señala a Cristo y que les enseña a vivir vidas santas. Además, el mensaje profético alienta e inspira a quienes lo escuchan para que puedan enfrentar los problemas de la vida diaria. Son palabras que reaniman, alimentan y sostienen al pueblo de Dios en períodos de depresión, tristeza y aflicción.

Los profetas de la iglesia primitiva tenían el ministerio de la predicación y la enseñanza para fortalecer, animar e instruir al pueblo (Hechos 13:1; 15:32). Se les llamaba profetas y maestros, pero con la diferencia que mientras un profeta era un maestro, un maestro no era necesariamente un profeta. El profeta y el maestro procuraban edificar a la iglesia y edificar es construir, es avanzar y mejorar, implica también ir hacia arriba y no arruinar o destruir. Esto es sumamente interesante dado que el mensaje y la forma de exponerlo han de tener estos propósitos.

No se debe de considerar infalibles a las personas que ejercen este don y su mensaje deberá estar invariablemente acorde a las Escrituras puesto que Dios no puede contradecirse en su palabra y voluntad. La profecía nunca vendrá para dividir congregaciones, avergonzar públicamente o hacer daño a la obra. El que profetiza bendice a la iglesia de Jesucristo y no le hace daño, la levanta y no la aplasta; siempre procurará el bien del cuerpo de Cristo y hará todo para la gloria de Dios. Aun cuando ha habido antecedentes muy tristes de personas que han destruido la obra por abusar y usar falsamente este don.

Se puede abusar de este don cuando la persona desarrolla el hábito continuo de decir Dios me dijo, o Dios me dijo que te dijera. Recuerdo la historia de un evangelista que pretendiendo hacer uso del don de profecía le dijo a un creyente: Dios me dijo que debes darme tu automóvil para la obra, y el hermano en cuestión le respondió: está bien, lo haré pero hasta que él me lo revele a mí también. Se puede abusar de este don también con el mal uso de los sueños, puesto que la persona puede llegar a confundir un sueño común y darle un trasfondo espiritual. Cualquier profecía que pretenda hacer daño, atacar al liderazgo, confundir la fe, menospreciar la autoridad o henchir el orgullo del profeta haciéndolo ver como el único que sí está haciendo las cosas bien, o como el único que sí es espiritual, es abuso o mal uso del don.

Veamos de acuerdo al consejo bíblico las pautas para no caer en el abuso de este carisma:

  • El profeta debe ser disciplinado; tiene dominio de sí mismo, de sus emociones y sus decisiones. Y los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas (1 Corintios 14:32).
  • El profeta es obediente y está sujeto a los líderes espirituales (1 Corintios 14:37). La vida del que profetiza debe ser transparente delante de Dios y la congregación; ha de ponerse bajo la autoridad espiritual del pastor y los líderes. El que ejerce este don no debe desconocer o vulnerar la autoridad pastoral, se ha de estar dispuesto al consejo pastoral.
  • Las profecías se deben de evaluar. El profeta no debe pensar que nadie tiene derecho de juzgar sus profecías. Dicha evaluación ha de realizarse a la luz de la Escritura para corroborar que todo está dentro del orden y los parámetros bíblicos y espirituales. Dice 1 Corintos 14:29: Asimismo, los profetas hablen dos o tres, y los demás juzguen.
  • No se debe de espiritualizar todo sueño o evento de la cotidianeidad.
  • Dios nunca dará un mensaje que sea contrario al orden, moralidad, enseñanza y doctrina de la Palabra. En 1 Timoteo 6:3 se nos previene sobre los que llegan a levantarse para enseñar algo contrario a lo ya revelado por Dios en su Palabra y a través de Jesucristo.
  • Aun cuando la persona aparente ser muy espiritual y que busca mucho de Dios, eso no lo exime del peligro de hacer un mal uso del don de profecía. Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema (Gálatas 1:8).

Dios nos ayude con su Santo Espíritu, él nos guiará siempre a toda verdad para que todo se haga decentemente, con orden y sobre todo, para bendición.

fuente: aviva 19 edicion abril 2016

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