L o primero es lo primero. El predicador debe identificar y vencer los cuatro enemigos emocionales que siempre le estarán persiguiendo y desafiando, estos son:

  1. Una preparación superficial de sus notas o sermón.
  2. Una preparación superficial en su vida devocional.
  3. Las crisis externas e internas en la vida del predicador.[avatar user=”salomongarcia” size=”thumbnail” align=”right” /]
  4. Un auditorio hostil.

El siervo de Dios nunca debe tomar el púlpito para presentar el mensaje de Dios con una actitud visceral.

Todos los siervos de Dios, mejor dicho, todos los predicadores, estamos rodeados de personas que no simpatizan ni comulgan con nosotros; todos hemos sido en alguna ocasión criticados justificadamente e injustificadamente, y en algún momento tarde o temprano nos damos cuenta; ¡Ah! Algo que no debemos olvidar es que la crítica triangulada por terceras personas viene corregida y aumentada. No todos los predicadores estamos preparados para identificar y soportar la crítica, y lo más serio y delicado es tomar el púlpito con una actitud visceral y olvidar que es un lugar relevante, sagrado y consagrado para comunicar el mensaje del cielo que confronta, que bendice y que transforma, y utilizarlo para hacer declaraciones de desquite a la persona de quien recibimos la crítica. Esto habla de falta de madurez, no bendice ni edifica, más bien exhibe y denigra al predicador.

El siervo de Dios debe evitar el uso de la predicación alegórica.

La predicación alegórica es el estilo innovador de muchos predicadores en este siglo XXI. El peligro latente en esta forma de predicación es la espiritualización de la Biblia. Nuestra base fundamental en la interpretación de las Sagradas Escrituras, es el uso del método gramático histórico.

La alegorización y espiritualización de la Biblia deteriora la verdadera exégesis.

Nota de C. H. Spurgeon, citando a Adam Clarke, quien declara: La predicación alegórica vicia el gusto y encadena el entendimiento tanto del predicador como de los oyentes.

Spurgeon afirma: Es importante estar atento a la recomendación de Wesley: Haced uso raras veces de la espiritualización, y alegorizad muy poco.

Además enfatiza: Nunca permitas acomodar y adaptar un texto a lo que tú crees que dice. Esto es un artificio propio de los hombres poco instruidos; una treta de los charlatanes, una manifestación miserable de mal gusto y de imprudencia.

C. H. Spurgeon sintetiza: Quiero honrar a los que merecen la honra por ser expertos en alegorizar, pero no puedo menos que disentir de esta opinión tan ilustrada, creyendo que es más caprichosa que exacta, y más aparente que verdadera.

El siervo de Dios debe ser un predicador exegético; esto lo convertirá en un hombre sabio, objetivo, de bendición y lo hará más bíblico.

  • Que traza bien la palabra de verdad (RVA)
  • Que usa bien la palabra de verdad (RVR60)
  • Que interpreta rectamente la palabra de verdad (NVI)

Exégesis: Es el estudio cuidadoso y sistemático de las Sagradas Escrituras con el fin de descubrir el significado original propuesto.

¿Cómo ser un predicador exegético?
Leer el texto con cuidado, tomando en cuenta los idiomas bíblicos y trasfondos culturales de los diversos pueblos mencionados en la Escritura.

Hacer las preguntas apropiadas al texto; hay dos principios fundamentales que se deben aplicar a cada pasaje bíblico, estos son los relacionados con el contexto, y los relacionados con el contenido.

Contexto:
Hay que tomar en cuenta el aspecto histórico y literario, es decir, hay que considerar la época, la cultura del autor y lectores; esto incluye los factores topográficos, geográficos, religiosos y políticos; la ocasión del libro, si es una carta o un salmo; el género literario, si es histórico, profético o poético.

Contenido:
Para cuidar el contenido lo elemental es tener una buena traducción de la Biblia y además consultar y comparar diferentes traducciones.

El predicador exegético debe utilizar y consultar el mayor número de traducciones de la Biblia; siempre extremando precauciones y cuidando los excesos de cada una de ellas.

Hay tres teorías fundamentales sobre la traducción de la Biblia:

  • Traducción literal
    Mantiene la distancia histórica intacta en todos los puntos.
  • Traducción libre
    Trata de eliminar la distancia histórica en cuanto sea posible. Una de estas traducciones es la Biblia en paráfrasis.
  • Traducción equivalente dinámica
    Mantiene la distancia histórica en los aspectos y datos históricos; pero adapta el idioma, la gramática y el estilo.

El predicador exegético debe aplicar las siguientes preguntas al pasaje bíblico que desea interpretar:

  • ¿Por qué se escribió este pasaje o libro de la Biblia?
  • ¿Cuáles eran las circunstancias que vivían los receptores cuando se escribieron?
  • ¿Qué significado tenían para los lectores a quienes se escribieron?
  • ¿Cuál era su concepto de Dios?

El predicador exegético es el que descubre y respeta el significado original propuesto. Es el que sabe que la Biblia debe interpretarse en su lenguaje usual y ordinario. Es el que acepta que la Biblia es su propio intérprete (Isaías 28:10, 13), es decir, que solamente lo que Dios dijo y dice en su Palabra es la verdad.

Porque mandamiento tras mandamiento, mandato sobre mandato, renglón tras renglón, línea sobre línea, un poquito allí, otro poquito allá (Isaías 28:10).

No es lo mismo exégesis que eiségesis

La eiségesis: Es poner las ideas propias en el pasaje bíblico, esto hace que la Palabra diga algo diferente de lo que Dios dijo en realidad, o sea, esta es la verdad del hombre.

Finalmente recomiendo que tengamos cuidado con: La herencia teológica. Las tradiciones eclesiásticas. Los prejuicios denominacionales. Normas culturales. Preocupaciones existenciales.

fuente: aviva 2014, edicion 10

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