L a palabra para “consolador” o “consejero” en griego es parakletos (Juan 14:16, 26; 15:26; 16:7). Su significado es “uno que ha sido llamado a estar al lado de otro”. El vocablo lleva la idea de apoyar al seguidor de Jesús. Esta es la función del Espíritu Santo que ha sido “llamado a estar a nuestro lado”. Consideremos las principales acciones que el Espíritu Santo lleva a cabo en la vida de cada creyente.

El Espíritu Santo inicia el proceso de conversión

  1. Él produce convicción de pecado. Sin esta obra del Espíritu, ignoraríamos nuestra condición pecaminosa y perdida (Juan 16:8-11). El que nos atrae a Cristo es el Espíritu Santo.
  2. Él produce la nueva vida. El nuevo nacimiento es producto del Espíritu de Dios (Juan 3:3-5). Inicia el proceso de una vida trasformada por el poder de la regeneración, la justificación y la santificación, (1 Corintios 6:11).
  3. Él nos libera del poder del pecado y de la muerte. La ley de pecado y de la muerte nos tiene esclavizados. Hace falta una ley superior para producir vida y libertad. Esta es la ley del Espíritu de vida (Romanos 8:2).
  4. Él nos da la seguridad interna de nuestra salvación. La única garantía de la salvación es el Espíritu mismo. Él representa las arras de nuestra herencia y da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios (Romanos 8:16).

El Espíritu Santo ayuda al desarrollo espiritual del creyente

  1. Él nos ofrece un ministerio didáctico
    • Él nos guía a toda verdad. La presencia del Espíritu dentro de nosotros nos permite comprender e interpretar la Palabra de Dios. Jesús dijo que el Consolador nos guiaría a toda verdad (Juan 16:3).
    • Él nos enseña todas las cosas. El Espíritu desarrolla una labor didáctica en el creyente y trae a la memoria las promesas del Padre (Juan 14:26).
  2. Él produce el fruto del Espíritu en la vida del creyente.
    El Espíritu funciona como productor del fruto en nuestra vida. El carácter cristiano es resultado de la obra del Espíritu Santo en el creyente (Gá. 5:22-23).
  3. Él concede dones espirituales.
    El Espíritu reparte dones a los creyentes como él quiere (1 Corintios 12). Estos dones son herramientas para edificar el cuerpo de Cristo.
  4. Él derrama el amor de Dios en nuestros corazones.
    El Espíritu de Dios capacita al creyente para amar sin reservas: …el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado (Romanos 5:5).

El Espíritu Santo otorga poder para el servicio

  1. Él reviste de poder para ser testigos.
    Pero recibiréis poder… dijo Jesús (Hechos 1:8). Usó el término griego dunamis del cual derivamos nuestra palabra “dínamo”. Esto es una máquina que genera energía consistente y continua. Así que, el Espíritu Santo dentro de nosotros genera poder que nos capacita para ser testigos para Cristo.
  2. Él reviste de poder nuestras oraciones.
    Orar en lenguas con la ayuda del Espíritu Santo es otro nivel de oración. Esta es una oración poderosa. Orando en el Espíritu Santo (Judas 20). Orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu (Efesios 6:18). El Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad: …pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles. Mas el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del Espíritu, porque conforme a la voluntad de Dios intercede por los santos (Romanos 8:26, 27).

El Espíritu Santo fortalece nuestra relación con Dios

  1. Él da vida a nuestros cuerpos físicos.
    El que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros (Romanos 8:11). El término “mortal” significa “destinado a la muerte”, y se refiere a nuestros cuerpos físicos. El Espíritu mora en nosotros, nos imparte vida, fuerzas, salud y vigor, pero sobre todo, levantará nuestros cuerpos el día de la resurrección.
  2. Él inspira la alabanza y la adoración a Dios.
    El día de Pentecostés, el Espíritu Santo inspiró a los creyentes a adorar a Dios en otras lenguas y a exaltar las maravillas de Dios (Hechos 2:11). En la casa de Cornelio se derramó el Espíritu y los creyentes hablaban en lenguas y magnificaban a Dios (Hechos 10:46). La llenura del Espíritu da como resultado una adoración espiritual (Efesios 5:18, 19), produce verdaderos adoradores (Juan 4:24).
  3. Él glorifica a Cristo.
    El Espíritu nos convence de la deidad y procedencia de Cristo; su encarnación, su identidad como el Mesías, sus sufrimientos y muerte, su resurrección y ascensión, su exaltación a la diestra de Dios y su función como juez de todo. Él da gloria a Cristo en todas las cosas (Juan 16:14).

El Espíritu Santo es nuestro ayudador

Jesús dijo que él nos enviaría al Espíritu para que fuera nuestro ayudador. Su ayuda la manifiesta de muchas maneras: Él nos sella como propiedad divina, hace su morada en nuestro corazón y nos consuela en las tribulaciones (Juan 14:16; Romanos 8:9; 1 Corintios 6:19, 20; 12:13). Él es el guía que va mostrando el camino, removiendo obstáculos, abriendo el entendimiento y haciendo todas las cosas claras (Juan 15:26). Nos muestra la voluntad de Dios (1 Corintios 2:10), nos da sabiduría y revela el conocimiento de Jesucristo (Efesios 1:17).

Conclusión

Es interesante observar que la Biblia no dice: “brincar en el Espíritu”, “temblar en el Espíritu” o “danzar en el Espíritu”, simplemente habla de “andar en el Espíritu”, como un estilo de vida. Por eso, el conocimiento de que el Espíritu de Dios ha iniciado el proceso de nuestra vida cristiana, que él produce todas y cada una de estas acciones en los creyentes es causa de gran gozo y consuelo. No sólo nos da nueva vida, pero además nos llena de su poder y nos capacita para crecer y llevar fruto. Él es el gran Paracleto que Dios ha enviado para que esté con nosotros para siempre, preparándonos y ejercitándonos para presentarnos a Dios como una iglesia gloriosa, sin mancha y sin arruga. ¡Gracias a Dios por el precioso don del Espíritu Santo y su obra en nuestra vida!

fuente: aviva 26- abril 2018

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