Dios tiene un plan supremo para alcanzar a todo el mundo con el evangelio de salvación. El Padre dio a su Hijo unigénito, y espera que nosotros demos de nuestro tiempo y de nuestro dinero para que este plan se cumpla.

Al ofrendar para que se cumpla el plan supremo de la evangelización se expresa la devoción y la gratitud al que nos salvó. No se ofrenda para recibir sino porque ya hemos recibido y al hacerlo, esto produce fruto en nuestra vida espiritual.

El ofrendar verdadero

El autor del libro La Porción del Señor hace la pregunta: ¿Cómo es el ofrendar verdadero? Y él mismo ofrece y explica cinco respuestas:

  • El ofrendar verdadero es movido por el Espíritu Santo (Zacarías 4:6).
  • El ofrendar verdadero está motivado por el amor (Romanos 5:5).
  • El ofrendar verdadero es dar sin demorar (Filipenses 4:18).
  • El ofrendar verdadero es para toda la familia (2 Timoteo 3:15).
  • El ofrendar verdadero es invertir para la eternidad (Mateo 6:19-21).

El mismo autor contesta además seis preguntas sobre las ofrendas:

  • ¿Por qué ofrendar? Ofrendamos para que el evangelio sea predicado.
  • ¿Quién ofrenda? Toda la familia debe participar.
  • ¿Cuánto ofrendar? En la inversión para el reino es un asunto entre Dios y usted.
  • ¿Cuándo ofrendar? La fecha o periodicidad depende del proyecto de evangelización que usted decide apoyar.
  • ¿Dónde ofrendar? Se invierte donde usted tiene compromiso. Donde usted está involucrado en el proyecto de ganar almas.

Hay una pregunta más que tiene una respuesta un poco más extensa: ¿Cómo ofrendar? Y como respuesta menciona 24 características de la ofrenda que damos a Dios:

  • Alegremente (2 Corintios 9:7)
  • Liberalmente (Proverbios 11:25; 2 Corintios 8:2, 3, 9)
  • Con gracia (Mateo 10:8)
  • En secreto (Mateo 6:3, 4)
  • Honradamente (Proverbios 11:1)
  • Justamente (Hechos 5:1-11)
  • Individualmente (Hechos 11:29)
  • Con sacrificio (2 Corintios 8:1-5)
  • Fielmente (2 Crónicas 31:12)
  • Voluntariamente (Éxodo 25:2)
  • Con amor (Juan 14:14, 15; 2 Corintios 8:1-5)
  • Proporcionalmente (1 Corintios 16:2)
  • Según la habilidad (Hechos 11:29)
  • Con gracia y con poder (Hechos 4:32-37)
  • Con complicidad (Romanos 12:8)
  • Con obediencia (Juan 6:1-14)
  • A Dios, no a los hombres (Colosenses 3:23).
  • Regularmente ((Éxodo 35:3).
  • En el nombre del Señor (Colosenses 3:17).
  • Con gozo (1 Corintios 8:2).
  • Espontáneamente (Hechos 4:32-37).
  • Con compasión (Hechos 20:35).
  • Para la gloria de Dios (1 Corintios 10:31).
  • De todo corazón (1 Crónicas 29:9).

Hay tres grandes verdades acerca de Dios y el establecimiento del reino: Primero, Dios ama al mundo. Segundo, Él tiene recursos ilimitados para alcanzar al mundo. Tercero, canaliza estos recursos a través de su pueblo.

Dos formas que Dios utiliza para canalizar sus recursos son las ofrendas y las promesas de fe; esta última es simplemente una expresión moderna usada para describir la forma en que las iglesias del Nuevo Testamento ofrendaban para invertir en diferentes proyectos.

Esas ofrendas tenían tres características:

  • Eran ofrendas adicionales a las que se daban para sostener la obra de la iglesia local.
  • En vez de levantar una ofrenda en efectivo de una vez, eran promesas hechas en fe para contribuir con cierta cantidad de dinero durante un tiempo específico (en el caso de los corintios, fue durante un año).
  • Eran ofrendas de fe. Se entendía que la capacidad de poder ofrendar durante el año era directamente en proporción al compromiso hecho en fe. En 2 Corintios 9 Pablo ilustró esto por medio de un campesino que cosechó lo que sembró en fe, creyendo que el sol y la lluvia que Dios mandaba prosperarían la semilla que había plantado.

Dios honra la promesa de fe de un cristiano por medio de hacer que su gracia abunde en él (2 Corintios 9:8), lo que hace posible que participe personalmente como un inversionista en el reino de Dios. Generalmente esta gracia, o capacidad para ofrendar, viene por medio de una de tres formas:

La gracia de nuevas oportunidades: A veces Dios da gracia especial al proveer nuevas oportunidades de ganar dinero. Por ejemplo, en el trabajo le pueden pedir que se quede más horas, puede salir alguna actividad extra, o el Señor puede aumentar las utilidades de su empresa o negocio. Muchas veces Dios le dará a un cristiano que tiene una visión evangelística la capacidad de trabajar creativamente y diligentemente para que gane dinero extra para invertir en el proyecto de conquista espiritual.

La gracia de la disciplina: Dios muchas veces les da a sus hijos la gracia especial de la disciplina. Esto implica un cambio en su estilo de vida. En realidad casi todos nosotros operamos bajo este principio cuando nos disciplinamos en nuestros gastos para poder comprar algo que consideramos más importante. El creyente sensible a la dirección divina obviamente intenta aplicar las prioridades bíblicas en sus gastos y pone el énfasis sobre las cosas que tienen valor eterno en vez de gastar todo en cosas temporales. Con frecuencia, al comprar un mueble a crédito se paga el doble de su valor. Cuando hay disciplina para ahorrar, se puede comprar a mejor precio y en efectivo y la diferencia puede ser una inversión en proyectos de trabajo evangelístico. Recordemos que el que gana almas es sabio (Proverbios 11:30).

La gracia de lo extraordinario: A veces Dios suple su gracia en formas extraordinarias. En respuesta a la oración el Señor todavía hace cosas espectaculares e inesperadas, enviándoles recursos a sus hijos de fuentes no esperadas. Para el Altísimo todo es posible.

Él es el dueño del oro y de la plata. Si se trata de un proyecto para ganar almas para Cristo, Dios va a intervenir, porque si alguien sabe lo que cuestan las almas es él. Oremos para que el Padre toque corazones y abra fuentes extraordinarias de recursos para sembrar la bendita semilla del evangelio de Jesucristo.

En el Nuevo Testamento, la primera ofrenda que se menciona que fue dada por una iglesia a personas en otra parte del mundo fue una ofrenda de fe. Todo empezó cuando Agabo llegó como predicador invitado a la iglesia en Antioquía. Él llegó durante el tiempo en que Bernabé y Pablo pastoreaban esa iglesia sensible a la dirección de Dios.

Agabo profetizó que iba a haber una gran hambre, la cual afectaría seriamente a la gente en Judea. Los cristianos de Antioquía tomaron en serio esa profecía. Pero confiaban en que Dios proveería de fondos adicionales para dárselos a los afectados por la hambruna en Judea. Cuando habían alcanzado su meta, enviaron el dinero a los creyentes de Judea por medio de Bernabé y Saulo (Hechos 11:27-30). Pablo mencionó esta ofrenda especial cuando les escribió a las iglesias en Galacia. Dijo que los líderes de la iglesia en Jerusalén habían pedido que él y sus convertidos gentiles, nos acordásemos de los pobres; lo cual también procuré con diligencia hacer (Gálatas 2:10).

El apóstol tomó este modelo de la primera ofrenda hecha con fe, lo expandió, lo desarrolló y animó a todas las congregaciones que fundaba a participar en ello. Las iglesias juntaban sus ofrendas para poder suplir las necesidades de personas en otras partes del mundo, fuera de las comunidades donde ministraban sus iglesias. Los creyentes de Galacia, de Corinto, de Macedonia, de Roma y de todas partes del Imperio Romano, participaban en este tipo de ofrenda, que era aparte y por encima de sus diezmos y ofrendas que daban en sus iglesias locales. 2 Corintios 8 y 9 describe extensamente esta ofrenda.

En respuesta a la fe, la gracia de Dios trajo los siguientes resultados en los creyentes: Las necesidades fueron suplidas, el Señor fue glorificado, la fe de los hermanos fue fortalecida y todos dieron gracias a Dios. Este tipo de ofrenda ahora se está usando eficazmente para enfrentar otra hambruna aún más crítica que la de Judea, un hambre por el evangelio de salvación en México. Una promesa de fe consiste simplemente en creer que Dios va a proveer una cantidad de dinero, y luego hacer la promesa de ofrendar esa cantidad. Pablo llamó a esto la gracia de ofrendar (2 Corintios 8:7).

La gracia siempre es la provisión de Dios de algo que no tenemos. Una promesa de fe es hacer un compromiso de ofrendar aquello que confiamos que el Señor va a proveer. Cuando la gente toma en serio las necesidades del mundo y se pregunta ¿cómo puedo yo ayudar?, grandes cosas suceden. Una promesa de fe suple necesidades fuera de la iglesia local a la que uno pertenece. No se trata de ofrendar de lo que usted tiene o sabe que tendrá, sino de ofrendar con fe, creyendo que Dios le va a proveer lo que él lo guía a prometer. En respuesta a su fe, la gracia divina proveerá esa cantidad.

El resultado final de sus ofrendas y de su promesa de fe es que usted apoyará un Programa Nacional de Evangelización que promueven las Asambleas de Dios en México, de esta manera la semilla del evangelio será sembrada en muchos corazones, muchas personas responderán al llamado del Cristo resucitado y Dios será glorificado. El éxito del programa de evangelización en el Concilio Nacional de las Asambleas de Dios de México depende de la inspiración del Espíritu Santo. Es seguro que él va a inspirar a muchos creyentes para predicar con pasión y para ofrendar y hacer promesas de fe con gozo. Sea uno de los inversionistas en el reino de Dios.

fuente: aviva 2015 edición 16

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