TEXTO DEL SERMON: “Enséñame, Jehová, el camino de tus estatutos y lo guardaré hasta el fin.34Dame entendimiento, guardaré tu Ley y la cumpliré de todo corazón.35Guíame por la senda de tus mandamientos, porque en ella tengo mi voluntad.36Inclina mi corazón a tus testimonios y no a la avaricia.37Aparta mis ojos para que no se fijen en cosas vanas; avívame en tu camino.38Confirma tu palabra a tu siervo, que te teme.39Quita de mí el oprobio que he temido, porque buenos son tus juicios.40Puesto que he anhelado tus mandamientos; vivifícame en tu justicia.41Venga a mí tu misericordia, Jehová; tu salvación, conforme a tu dicho.42Y daré por respuesta a quien me avergüenza, que en tu palabra he confiado”. Salmo 119:33-42

OBJETIVO DEL SERMON:

Que el oidor comprenda que los propósitos de Dios son los mejores, y que anhele buscarlos y glorificar a Dios a través de obedecerlos.

INTRODUCCION

En el libro del profeta Isaías, el Señor dice a su pueblo “Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos ni vuestros caminos mis caminos, dice Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.” Dios nos enseña en este pasaje que muchas veces aún como cristianos (el mensaje es para el pueblo de Dios, no para los que no lo son), nuestras inclinaciones, muchas veces influenciadas por la cultura o nuestra naturaleza, que todavía se encuentra alineada y sonriente con la corriente del mundo, pueden ser muy distintas de las que el cielo ha prefijado para nosotros. Y la realidad es que lo que buscamos se puede identificar muy fácilmente a través de los propósitos personales que nos fijamos cada año. Es decir, podemos discernir nuestras verdaderas y reales inclinaciones, y por consecuencia evaluar si están alineadas con los designios divinos, a través de los propósitos que hemos establecido. Los propósitos salen de lo profundo del corazón y son tremendamente reveladores de nuestros anhelos y prioridades.

Lo digo porque casi todos nosotros, por no decir todos, nos hemos definido propósitos de año nuevo. Los propósitos son muy variados, como las personas que se los proponen. Los más populares van desde leer más, bajar de peso, ser mejores vecinos, esposos, padres o parientes, dedicar más tiempo a nuestras familias o incluso ganar más dinero a través de un trabajo mejor remunerado, o sencillamente ponernos a trabajar como Dios manda, viajar, o vivir sin tanto estrés. Algunos se proponen invertir o adquirir algún bien, remodelar la casa o cambiar el automóvil, los estudiantes mejorar sus calificaciones o lograr una beca, mientras otros se desafían para aprender otro idioma, o adquirir algún conocimiento adicional. No son pocos los que se proponen abandonar algún hábito pernicioso o excesivo, salir de deudas o cambiar aspectos desagradables de su carácter.

Al final, en resumen, todos los propósitos que se hacen en lo individual o en lo colectivo llevan el calificativo de “buenos”. Pero realmente en este nuevo año que comienza, lo mejor es verificar cuáles son los propósitos que la misma Palabra de Dios nos da para nuestra vida y tratar de llevarlos a cabo como prioridad principal. Los propósitos de Dios también son muchos, son variados y definitivamente son en extremo bendecidores. Son propósitos que trascienden la vida y alcanzan la eternidad, son propósitos que provienen nada mas y nada menos que de su buena voluntad como cuando dice en Jeremías 29:11 “Porque yo se los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de bien y no de mal…” o como dice la Biblia Textual “Pensamientos de bienestar y no de desgracia, de daros un porvenir y una esperanza”. Además, los propósitos de Dios a diferencia de los nuestros pueden ser otorgados de inmediato. El Señor asegura en los Salmos: “Si me hubiera oído mi pueblo! ¡Si en mis caminos hubiera andado Israel! En un momento habría yo derribado a sus enemigos y habría vuelto mi mano contra sus adversarios. Los que aborrecen a Jehová se le habrían sometido y el tiempo de ellos sería para siempre. Los sustentaría Dios con lo mejor del trigo, y con miel de la peña los saciaría” (Sal.81:13) y sin lugar a dudas los propósitos de Dios son mucho más excelentes que los que nosotros nos podamos fijar. Como cuando Cristo nos compara diciendo: “Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿Cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?” (Lc.11:13).

1. LA PETICION DE SER INSTRUIDO EN LA PALABRA
“Enséñame, Jehová, el camino de tus estatutos y lo guardaré hasta el fin.”

1.1. El buen propósito que Cristo elogió constantemente (Lc.10:38-42)
1.2. El buen propósito que Samuel elevó por encima de los sacrificios (1 S.15:22)
1.3. La instrucción es lo primero que los necios desprecian (Pr.1:7) – Escuela Dominical –
1.4. Pablo asegura que este es el propósito principal de las Escrituras (Ro.15:4)
1.5. El Creyente debe anhelar la enseñanza como un niño la leche materna (1 P.2.2)

2. LA PETICION DE SER ENTENDIDO EN LA PALABRA
“Dame entendimiento, guardaré tu Ley y la cumpliré de todo corazón.”

2.1. La parte más importante de la enseñanza es la valoración de su aplicación para la vida
2.2. De los reclamos más fuertes de los profetas no era falta de conocimiento sino de entendimiento
2.3. El mismo Señor dijo: Les escribí las grandezas de mi Ley y fueron tenidas por cosa extraña. Os.8:12
2.4. Cristo mismo recrimina a sus discípulos su falta de entendimiento (Mr.7:18)
2.5. Pablo explica que lo que debe de ser renovado en nosotros es el entendimiento (Ro.12:2)
2.6. A través de Jesucristo nosotros hemos recibido un entendimiento supremo (1 Jn.5:20, Lc.24:25)
2.7. Una de las actividades centrales de Satanás es precisamente cegar el entendimiento (2 Co.4:4)

3. LA PETICION DE SER DIRIGIDO POR LA PALABRA
“Guíame por la senda de tus mandamientos, porque en ella tengo mi voluntad.”

3.1. La enseñanza y el entendimiento deben llevar a la aplicación práctica. (Ro.2:13)
3.2. La Escritura enseña que no vivir en la obediencia práctica sería un terrible engaño. (Stg.1:22)
3.3. El conocimiento de la Palabra, y el discernimiento de la Palabra, el entendimiento de la Palabra
3.4. Deben resultar en el gobierno de la Palabra (Co.3:16) donde por morar se entiende asentar
3.5. El Salmista está pidiendo que la Palabra de Dios se convierta en un estilo de vida
3.6. Se pide la ayuda de una mente iluminada, pero también de un impulso encaminador

4. LA PETICION DE SER ORIENTADO A LA PALABRA
“Inclina mi corazón a tus testimonios y no a la avaricia.”

4.1. Un extraordinario e insuperable propósito: que el corazón sea inclinado a la Palabra de Dios
4.2. La Palabra de Dios como prioridad máxima, como deleite máximo, como práctica máxima
4.3. Israel en el Éxodo aún tenía su corazón orientado hacia Egipto… Nm.11:5
4.4. Israel en el tiempo de los profetas padecía del mismo mal… Is.29:13
4.5. La petición anhelante de Juan Wesley: ¡Oh dadme ese libro, el libro de Dios!
4.6. La lealtad a la Palabra de Dios es lo que se está pidiendo aquí y tiene su origen en el corazón

5. LA PETICION DE SER GUARDADO EN LA PALABRA
“Aparta mis ojos para que no se fijen en cosas vanas… Quita de mí el oprobio que he temido, porque buenos son tus juicios… Venga a mí tu misericordia Jehová; tu salvación… Confirma tu palabra a tu siervo que te teme”

5.1. El Salmista está pidiendo poder experimentar los beneficios de la Palabra en su vida
5.2. Salomón habla incesantemente de los beneficios de la Palabra de Dios… (Prov.2,3,4)
5.3. El Salmista pide por el efecto protector y santificador de la Palabra de Dios
5.4. El Salmista también está pidiendo la confirmación de las promesas de la Palabra de Dios

6. LA PETICION DE EXPERIMENTAR LA VIDA DE LA PALABRA
“Puesto que he anhelado tus mandamientos; vivifícame en tu justicia… avívame en tu camino”

6.1. El Salmista está pidiendo una vida de continuo avivamiento en la comunión de la Palabra
6.2. Está rogando por una experiencia de encuentro pleno con Dios en el encuentro de la Palabra
6.3. La Palabra de Dios es viva… el objetivo final es participar de esa vida que la Palabra posee
6.4. Los judíos acostumbraban poner en las portadas de sus Toras: “Ciertamente Jehová está aquí”

fuente: del muro del pastor
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