Muchas empresas invierten grandes cantidades de sus finanzas para capacitar a su personal en lo referente al servicio al cliente. Los empleados reciben desde platicas de cortesía hasta sesiones motivacionales con algún experto en esa área.

Lo sorprendente es que esa capacitación profesional en muchos casos sólo es aplicable en el contexto laboral, por lo que la calidad de su trabajo muchas veces no tiene congruencia con la calidad de su vida. Una persona común puede ofrecer un servicio desinteresado a su prójimo sin que eso sea servicio cristiano; más bien es una acción altruista o filantrópica. El servicio en el creyente es el resultado de la experiencia del nuevo nacimiento, ya que una de las maneras de saber si una persona es salva, es por su deseo ferviente de servir al Señor.

La flojera o la pereza no deben formar parte del cristiano. Un hijo de Dios es de iniciativas, se involucra en el trabajo aunque no tenga la capacidad o experiencia, y cualquier oportunidad la aprovecha para compartir con otros el mensaje del evangelio. El servicio forma parte de su estilo de vida y no se circunscribe al templo o solamente al tiempo de un culto. Por ello, analicemos algunas características que han de mostrar los creyentes en el servicio.

Calidad

Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor (Apocalipsis 2:4). Algo pasaba con la iglesia de Éfeso. No es acusada de negligencia; de hecho, el Señor reconoce su trabajo y su celo doctrinal. Pero se le exhorta a volver a su primer amor. No hay mejor fórmula cuando se une el servicio con el amor; de lo contrario es simple cortesía. Por otra parte, amor sin trabajo es sólo una emoción. A la iglesia de Éfeso le faltaba calidez, hasta cierto punto se habían vuelto profesionales.

Cuántas veces escuchamos en los testimonios de algunos hermanos que añoran que la iglesia haga lo que hacía antes o se sienta lo que sentía tiempo atrás. La pregunta siempre será, si seguimos haciendo lo mismo, predicando la misma Biblia, adorando al mismo Señor, entonces, ¿qué es lo que falta? Carecemos de calidad en lo que hacemos porque hay relajación en la vida de santidad y en la fidelidad. Se perdió la calidad en el servicio y se continuó realizando el trabajo pero sin esa característica del principio. El servicio cristiano falto de sinceridad y de amor se convierte en acciones profesionales. La iglesia debe retomar su lugar, para ello debe volver a la calidad de vida, a la vida discipular, renunciando a la conformidad con el mundo, de acuerdo al modelo neo testamentario y no según a los profesionales del iglecrecimiento.

Intimidad

Ya no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer (Juan 15:15). Parece que en un momento dado se deja de ser siervo para convertirse sólo en amigo. El texto bíblico no le está quitando servicio al esclavo, más bien está dimensionando el servicio. Jesús introdujo a sus discípulos en su confianza: todas las cosas que oí de mi Padre, os las he dado a conocer.

El compartió los secretos del cielo con sus seguidores. La frase os he llamado amigos se ilumina con la costumbre que se seguía en las cortes del emperador romano y de los reyes orientales. En ellas había un grupo muy selecto de personas que se llamaban los amigos del rey o los amigos del emperador. En cualquier momento tenían acceso al monarca; hasta se les permitía ir a su dormitorio al amanecer. Hablaba con ellos antes que con sus generales, gobernadores o consejeros políticos. Los amigos del rey eran los que tenían la más estrecha e íntima relación con él. Jesús nos llama para que seamos sus amigos y los amigos de Dios. Este es un ofrecimiento tremendo.

Quiere decir que ya no tenemos que mirar al Señor desde lejos. No somos como los esclavos, que no tienen el menor derecho a entrar a la presencia de su amo; ni como las multitudes, que sólo consiguen vislumbrar al rey cuando pasa en alguna ocasión especial. Jesús nos introduce en esta intimidad con el Padre; ya no es para nosotros un extraño, sino nuestro amigo íntimo. Sólo en una vida devocional con tal cercanía se dimensiona el servicio porque sólo ahí conocemos los propósitos del Señor.

Unidad

Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo, y miembros cada uno en particular (1 Corintios 12:27). La diversidad es parte del cuerpo de Cristo, todos somos diferentes. Es en esa diversidad donde mejor se revela la unidad, que radica en trabajar todos por un mismo objetivo, con un solo propósito. La diversidad no implica que cada quien busca satisfacer sus propios intereses o alcanzar sus propias metas, sino que en medio de las grandes diferencias se puede trabajar para que sólo el nombre de Dios sea glorificado y su reino sea engrandecido.

Pablo usa la analogía del cuerpo para resaltar la unidad, la diversidad y la mutualidad, en las cuales no cabe la ideología de héroes o protagonistas solitarios; en lugar de ello, cada uno aun en lo más mínimo puede aportar para la unidad del cuerpo de Cristo. Alguien ilustró este principio con un cuerpo humano, el cual tenía todos sus miembros sanos a excepción de las manos, que estaban tullidas o secas; no era capaz de alcanzar o asir algún objeto. Tal es la iglesia sin unidad; tiene sus manos tullidas, no puede alcanzar a nadie, ni tampoco puede realizar un trabajo completo. Su servicio siempre será limitado. Cuánto necesitamos estar unidos en el servicio, el mundo necesita una iglesia que viva y trabaje en armonía. Consagración Ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia (Romanos 6:13).

La consagración es una obligación para todos los creyentes, no es solo para los predicadores o ministros. La santidad es la acción divina de separar o apartar con un propósito, la consagración es la decisión del hombre de dedicarse para lo que Dios lo separó. Pablo exhorta a consagrar nuestros miembros del cuerpo como instrumentos de justicia; no se puede servir al Señor y servir al pecado. La consagración casi no se predica y en muchos casos no se vive. Si el Padre hizo un llamamiento santo la respuesta ha de ser consagrarse y servirle. Si se trabaja para él sin consagración se carecerá de dirección y autoridad espiritual. Sansón tenía un voto de consagración pero prefirió usar su cuerpo para el pecado; coqueteó con el pecado hasta que un día las fuerzas lo abandonaron. Vivamos para Dios y sólo para él.

Conclusión

El máximo ejemplo de servicio nos lo dejó el Señor: Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos (Marcos 10:45). Su encomienda estaba en congruencia con su calidad de vida. La iglesia existe para servir a Dios y para ministrar al mundo. No podemos ofrecer un servicio carente de cualidades divinas, porque entonces la iglesia sólo será un ente social o filantrópico. El trabajo debe tener características únicas de calidad, intimidad, unidad y consagración. Sólo así se marcará la diferencia de una iglesia guiada por el Espíritu Santo.

Algunas iglesias realizan tremendos servicios para la comunidad, pero lamentablemente el mal testimonio de sus miembros desbarata el respeto ganado. Cuidemos lo que hacemos para Dios, elevemos nuestra consagración e impactemos nuestras comunidades con el mensaje del evangelio transformador.

fuente: aviva 23 edición abril 2017

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