Hechos 8:4-25

E l avivamiento en Samaria muestra los resultados de la intervención directa del Espíritu Santo en aquellos sencillos hombres que el Señor llamó y capacitó con su poder. Lo ocurrido en esa ciudad nos permite observar las características que distinguen a una iglesia saludable y poderosa.

Poder a pesar de la persecución, proclamación del mensaje del evangelio pese a la adversidad, establecimiento de nuevas iglesias, bautismo del Espíritu Santo, ejercicio de la autoridad apostólica y el crecimiento numérico e integral, son algunas de las cualidades de los primeros cristianos. Consideremos entonces, algunas de esas características maravillosas.

Proclama el evangelio en medio de la persecución

Pero los que fueron esparcidos iban por todas partes anunciando el evangelio (Hechos 8:4).
Poder del Espíritu Santo en medio de la adversidad. El poder de lo alto recién derramado en el día del Pentecostés fue lo que hizo poderosa a la iglesia del Nuevo Testamento, y bajo este poder los creyentes pudieron enfrentarse a la más feroz persecución. Pero ni la espada, ni la cárcel, ni siquiera la muerte pudieron detener la poderosa proclamación del evangelio.

Qué ejemplo tan poderoso nos ofrece el avivamiento del Espíritu Santo en Samaria para la iglesia contemporánea en todo el mundo, porque existe en muchos lugares todo tipo de persecución hacia el evangelio, contra los pastores, misioneros, evangelistas y líderes.

En algunos lugares de nuestro país existe persecución e intolerancia religiosa en lo que se refiere a los medios de comunicación y obstrucción a la construcción de templos evangélicos, entre otros aspectos. Tenemos casos de persecución e intolerancia religiosa en los Altos de Chiapas y Oaxaca, sólo por mencionar algunos ejemplos. Hermanos de esos estados han sido expulsados de sus comunidades por causa de su fe; pero al igual que los creyentes del primer siglo, estos hermanos han estableciendo nuevas congregaciones en donde quiera que van

Por otra parte, la violencia e inseguridad que se vive en varios estados del país, ha sido motivo para que algunas iglesias cancelen actividades y modifiquen horarios de culto, entre otras medidas. Así, estas congregaciones tienden a disminuir o en algunos casos a desaparecer. Para que la iglesia no se detenga ante la adversidad, necesita volver a ser poderosa a través del bautismo en el Espíritu Santo. No existe otra fuerza u otro poder, mas que el que otorga el Consolador. Jesús dijo al respecto: pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra (Hechos 1:8).

Sin el bautismo del Espíritu Santo ningún creyente o ministro, puede ser eficaz testigo de Cristo en las peores circunstancias. La iglesia del México actual, tiene que ser saludable y poderosa por medio del poder del Espíritu antes que vengan peores tiempos, pero también para lograr sus objetivos.

Establece nuevas iglesias

Entonces Felipe, descendiendo a la ciudad de Samaria, les predicaba a Cristo (Hechos 8:5).
La obra evangelística y misionera distinguió a los creyentes de la iglesia del primer siglo. Felipe, en medio de la terrible persecución, sintió la pasión y el deseo fervoroso de predicar el evangelio en Samaria, lo que tuvo como resultado el establecimiento de una iglesia que crecía en gran número cada día. Felipe desempeño exitosamente su labor misionera y evangelística sin ningún fondo y sin ningún patrocinador más que la fe y la confianza en Cristo que lo llamó al ministerio. Todo aquel que es llamado por Dios al ministerio tiene su respaldo y su garantía. El Señor es fiel. El que llama paga.

Hoy la iglesia nacional tiene los recursos materiales y humanos para apoyar la obra misionera, educativa y evangelística, así como el establecimiento de nuevos campos, tanto en nuestro país, como más allá de nuestras fronteras. El tiempo se agota, vienen tiempos muy difíciles. Necesitamos creyentes como Felipe, que estén dispuestos a ser siervos fieles del evangelio.

Manifiesta el poder de Dios

Porque de muchos que tenían espíritus inmundos, salían éstos dando grandes voces; y muchos paralíticos y cojos eran sanados (Hechos 8:7).
La predicación de Felipe en la iglesia de Samaria fue respaldada poderosamente por el Señor a través de milagros y prodigios. Las fuerzas diabólicas fueron destruidas por el poder de Dios, las personas fueron liberadas de toda opresión y posesión demoníaca. Asimismo, sucedieron sanidades de todo tipo. Este gran avivamiento del Espíritu Santo movió el corazón de las multitudes para oír y recibir el mensaje del evangelio. En la ciudad se cumplía la promesa del Señor dada a sus discípulos en la gran comisión: Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán (Marcos 16:17, 18).

Algunas iglesias dependen más de sus conocimientos, recursos humanos, espectáculos cultuales etc… que del poder de lo alto. Para muchos el Espíritu sólo es un complemento para el ministerio, por eso no buscan ni promueven el bautismo en el Espíritu Santo. Esto es un grave error y acarrea terribles consecuencias en el logro de metas y objetivos.

Dios derramará el poder de su Espíritu sobre todos aquellos que busquen fervientemente esta experiencia (Lucas 11:11-13).

Busca la experiencia del bautismo en el Espíritu Santo

Cuando los apóstoles que estaban en Jerusalén oyeron que Samaria había recibido la palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y a Juan; los cuales, habiendo venido, oraron por ellos para que recibiesen el Espíritu Santo… Entonces les imponían las manos, y recibían el Espíritu Santo (Hechos 8:14-17).

Para los líderes, pastores y creyentes de la iglesia del Nuevo Testamento, la experiencia del bautismo en el Espíritu fue primordial. Para ellos no era sólo un complemento, sino un imperativo dado por el Señor Jesucristo. Por eso la preocupación de los líderes era que los nuevos creyentes fueran bautizados con la promesa de lo alto. El derramamiento de poder estuvo presente en la iglesia de Jerusalén, en Samaria, en casa de Cornelio, con el apóstol Pablo y con el grupo de hermanos de Éfeso.

La Iglesia de hoy necesita volver a sentir esa necesidad de experimentar el bautismo en el Espíritu Santo. Pero ese deseo ha de estar presente principalmente en los pastores y líderes, tal como sucedió con los apóstoles que estaban en Jerusalén. Muchas congregaciones se están quedando sólo con la doctrina del bautismo del Espíritu Santo, pero hace falta también la práctica. Las estadísticas señalan que de 100 convertidos sólo 22 han sido bautizados con la promesa del Padre, y muchos casos incluyen al liderazgo pastoral y administrativo de la iglesia. De seguir esa tendencia cada vez habrá menos creyentes con esta experiencia.

Ejerce su autoridad espiritual

Entonces Pedro le dijo: Tu dinero perezca contigo, porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero. No tienes tú parte ni suerte en este asunto, porque tu corazón no es recto delante de Dios. Arrepiéntete, pues, de esta tu maldad, y ruega a Dios, si quizá te sea perdonado el pensamiento de tu corazón; porque en hiel de amargura y en prisión de maldad veo que estás. Respondiendo entonces Simón, dijo: Rogad vosotros por mí al Señor, para que nada de esto que habéis dicho venga sobre mí (Hechos 8:20-24).
Mientras que la actitud de Felipe era de humildad y sumisión a la autoridad de sus líderes que estaban en Jerusalén, la de Simón el mago era de ambición. Él quiso entrar al ministerio por intereses económicos. Su deseo era hacer fortuna a través del ejercicio de los dones del Señor, especialmente la imposición de manos. Pensó que la vía más rápida para recibir el Espíritu Santo era pagar una fuerte suma a los apóstoles. A Simón sólo le importaba tener poder para hacer y vender milagros. Estaba acostumbrado a conseguir por medio del dinero todo lo que quería; pero esta vez fracasó, porque los dones de Dios son por su gracia.

Pedro tuvo autoridad para enfrentar las ambiciones de Simón. Lo reprendió con autoridad espiritual, mostrándole al mago el camino del arrepentimiento. Hasta entonces Simón tuvo un arrepentimiento genuino y verdadero.

Si Pedro no hubiese parado a Simón el mago, éste habría seguido con las suyas. Tal vez habría dividido la iglesia al afectar la sana doctrina. Si Pedro no lo hubiera frenado, el hombre habría crecido y confrontado al apóstol en otras circunstancias, con un costo eclesiástico y doctrinal muy alto.

Existen en algunos lugares, Simones que necesitan ser puestos en orden por los líderes o por el pastor, antes que crezcan, adquieran poder, amplíen el número de seguidores y dañen la obra.

La Iglesia debe enfrentar a a aquellos que intenten traer división o a quienes lucren con la fe. Una iglesia es saludable y poderosa por que anhela la presencia de Dios. Porque busca y se mantiene bajo la llenura del Espíritu Santo.

fuente: Aviva 19 edición abril 2016

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