El llamado al liderazgo es una de las grandes bendiciones de Dios. Y la iglesia necesita líderes que reflejen características de ese llamado divino. Permítame explicarle cuatro principios a través del llamado de Dios a Abraham, donde se identifican claramente las características de un líder llamado por Dios. Veamos…

I. EL LÍDER LLAMADO POR DIOS ESCUCHA LA VOZ DE DIOS. Génesis 12:1

La Biblia cuando habla del llamado de Dios a Abram inicia diciendo: “Pero Jehová había dicho a Abram: …” La Biblia no deja claro como Abram llegó a conocer a Jehová. Pero algo si es cierto, en medio de aquella civilización pagana y politeísta, Abram oyó la voz de Dios.

Necesitas escuchar la voz de Dios… necesitas un corazón dispuesto hacia Dios para que Dios te hable, te dirija, te bendiga y haya promesas de Dios para tu vida y tu familia.

Cuando no escuchamos la voz de Dios: No hay presencia de Dios… no hay dirección divina… no hay promesas… no hay bendición… ¡Sé un líder que escucha la voz de Dios!

No escuches la voz del afán, la voz de las falsas doctrinas, la voz de las malas costumbres o hábitos, la voz de las redes sociales. Aprende a escuchar la voz de Dios… distingue la voz de Dios a la del mundo.

II. EL LÍDER LLAMADO POR DIOS OBEDECE LA VOZ DE DIOS. Génesis 12:1

La Biblia declara que cuando Dios le habló a Abram le dijo: “…Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre…” La fe de Abram lo llevó a la separación.

De esta experiencia aprendemos que la separación a la cual Dios nos llama tiene tres características específicas:

  1. Separación costosa. “Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré.” (Génesis 12:1). Abram debía separarse de tres elementos importantes en la vida de cualquier persona:
  • Fuera de su país (vivir como extranjero).
  • Lejos de sus parientes (separarse de la familia).
  • Lejos de la casa de su padre (fuera de la cobertura paterna).
  1. Separación permanente. “Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición” (Génesis 12:2).
    Dios haría de Abram la cabeza de una nación bendecida y próspera. Y además le promete que sería bendición a todas las naciones del mundo, porque a través de su descendencia, vendría el Salvador de este mundo: Jesucristo el Hijo de Dios. (Génesis 12:3; Gálatas 3:8).
    Es conocido en la Biblia como el padre de la fe (Romanos 4:11; Gálatas 3:7) y el amigo de Dios (2 Crónicas 20:7; Isaías 41:8; Santiago 2:23).
  2. Separación que hace diferencia. Josué 24:2-3.
    En costumbres, en afectos, en obras, en esperanzas. “Y dijo Josué a todo el pueblo: Así dice Jehová, Dios de Israel: Vuestros padres habitaron antiguamente al otro lado del río, esto es, Taré, padre de Abraham y de Nacor; y servían a dioses extraños. Y yo tomé a vuestro padre Abraham del otro lado del río, y lo traje por toda la tierra de Canaán, y aumenté su descendencia, y le di Isaac.” (Josué 24:2-3).
    Abraham cortó con su ascendencia cultural y politeísta para convertirse en el hombre que adoraba a un solo Dios.
    ¿Estamos dispuesto a experimentar esta separación? No aislarnos, pero si atentos a toda contaminación que afecte nuestro liderazgo y nuestra relación personal con Dios.

III. EL LÍDER LLAMADO POR DIOS SE SOMETE A LA DIRECCIÓN DE DIOS. Génesis 12:1.

“…a la tierra que te mostraré”. En Hebreos 11:8 la Biblia dice: “Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba”.

Aquí es donde vemos a un hombre que se somete a la dirección divina. Usted y yo necesitamos someternos a la dirección de Dios.

Abram se sometió a la dirección divina. Y no se resistió a entrar a Canaán. No pretendió quedarse en Harán.

La Biblia dice: “Y se fue Abram, como Jehová le dijo…” “…y salieron para ir a tierra de Canaán; y a tierra de Canaán llegaron.” (Génesis 12:4-5).

Necesitamos un corazón para Dios que se disponga a la dirección divina y que podamos decir como dijo Rut: “…No me ruegues que te deje, y me aparte de ti; porque a dondequiera que tú fueres, iré yo, y dondequiera que vivieres, viviré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios.

Déjate guiar por la dirección divina porque allí hay respaldo, protección, bendición y vida eterna…

IV. EL LÍDER LLAMADO POR DIOS FIJA SU MIRADA EN LA PROMESA DE DIOS. Gn 12:23.

Dios le da una promesa a Abram: “Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra”.

Las promesas de Dios son verdaderas… aunque humanamente era imposible que se hiciera realidad esta promesa. Abram ya era viejo; el país estaba ocupado; carecía de influencia.

Pero a Dios no lo detienen las circunstancias, Él busca personas que fijen su mirada en sus promesas y no en las circunstancias.

Fija tu mirada en las promesas divinas. Dios no defrauda, Dios no miente, Dios no nos llama para tirarnos en un rincón de la vida. Dios no nos llama para avergonzarnos.

Mantén fija tu mirada en la promesa de Dios, créele a Dios. Su Palabra dice, que lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios.

No existen límites para quien tiene fe en Dios. Confía en Dios. Él hace posible lo imposible, Él es quien cambia, transforma las circunstancias.

Conclusión. La iglesia de Dios necesita líderes que estén dispuestos a escuchar y obedecer la voz de Dios, someterse a su dirección y así mantener fija su mirada en sus promesas.

fuente: Obed Marroquin Avilez

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