HEBREOS 10:26-31

 

Advertencia al que peca deliberadamente

26 Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, 27 sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios. 28 El que viola la ley de Moisés, por el testimonio de dos o de tres testigos muere irremisiblemente. 29 ¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia? 30 Pues conocemos al que dijo: Mía es la venganza, yo daré el pago, dice el Señor. Y otra vez: El Señor juzgará a su pueblo. 31 !!Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!

Introducción

En ocasiones dentro de la Iglesia caemos dentro de un letargo espiritual que paulatinamente nos va llevando a caer en una condición tan vulnerable, cayendo en prácticas pecaminosas que de ser efímeras se convierten en la cotidianidad de la vida a esto se refiere el escritor en el versículo 26.

Entonces sin duda tenemos nuevamente un ejemplo con respecto al pueblo de Israel, donde estaba establecido que el pecar deliberadamente no tenía las mismas consecuencias que aquel que lo hace sin esa premeditación propia de quien está en una constante pecaminosa.

La permanencia en el pecado

La permanencia en cualesquier área o estatus de la vida o circunstancia, trae consigo una adaptación, la cual primeramente será incomoda pero posteriormente pasara a ser soportable e incluso agradable, es a este estado en el cual el autor de hebreos busca prevenir e incluso a través de su escrito exhortar para que no se caiga en el mismo.

Si bien el escrito (hebreos) no establece con absolutismo, si es que se refiere a que una vez que se persiste en esta condición se pierde la salvación, o solo el gozo de la misma cayendo en un estado descrito por David  en el Salmo 51, la realidad inobjetable es que existe una consecuencia no muy grata.

Por lo cual la admonición es clara y enfática, no podemos deliberadamente, persistir, en estas condiciones. Añadiría yo una pregunta ¿Cómo podemos no valorar la sangre de aquel que sin necesidad alguna dio su preciosa sangre?, es necesario recordar que el creyente vive un peregrinar, en el cual situaciones y circunstancias en ocasiones lo hacen errar el blanco.

Anteriormente el escritor de hebreos nos había hablado de Moisés y su trascendencia en la historia, sin embargo acentuó la supremacía de Cristo. La cual utiliza nuevamente para recalcar la advertencia, a aquellos  que habían sido rescatados, tanto ellos (hebreos), y nosotros, de nuestra condición pecaminosa.

Diciendo: recuerden que a los que transgredían la ley de Moisés, se les mataba con la testificación de testigos, cuanto más a aquellos que transgredan, y vituperen la sangre de Cristo, quien es mayor que Moisés en todos los aspectos. El en su persona es el nuevo pacto, ¡valórenlo!

Además es necesario recordar, que ya han experimentado la gracia, ya han sido iluminados, recuerden como es que la experiencia de ser cristiano es la plenitud del hombre, muy similar a lo que el Espíritu Santo inspira a Juan en Apocalipsis a la Iglesia en Éfeso, diciéndole: has dejado tu primer amor (Ap. 2:4). Regresa y vuelve a vivir conforme a la voluntad divina.

En el particular caso de los hebreos, tal parece que ser cristianos les había traído repercusiones, tales como oprobios y aflicciones ante sus conocidos, por lo cual habrían desistido, pero les recalca el escritor diciéndoles que tienen una mayor y más duradera posesión depositando la confianza plenamente en aquel que trasciende este mundo y gobierna en plena autoridad eterna.

Cerrando con un aspecto escatológico de esperanza diciéndoles (v. 37-38), no tarda la venida de Dios quien es quien dará el pago de recompensa ya establecido previamente, en este aspecto probablemente se refiera al hecho de entrar en el reposo mencionado en el capítulo cuatro.

Conclusión

La importancia de esta exhortación es trascendental debido a que tiene repercusiones eternas. Y si bien suele ser directa al ser inspirada plenamente por el Espíritu Santo, tenemos la confianza de que no es solamente para los hermanos del primer siglo, sino que tiene una aplicación en el presente.

Tanto para ellos y para nosotros la sangre de Cristo es la que nos ha limpiado y dado vida eterna, es una obligación enseñarle a la Iglesia la trascendencia de valorarla, de no perseverar en nuestras actitudes erróneas que nos llevan a una ceguera espiritual cayendo en una pecaminosidad, tan trascendental que nos puede costar muchísimo

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