David el salmista alababa a Dios con el arpa, porque sabía tocar este instrumento. Si la regla fuera que todos lo hiciéramos de esta manera muchos no podríamos porque no todos tenemos la habilidad musical y sería muy triste para nosotros y para quienes nos oigan. El Señor ha dado diversos dones, talentos y habilidades a sus hijos, así que debemos servirle con aquellas con que nos ha dotado. Algunos consideran que servir a Dios significa participar en actividades que la iglesia realiza o promueve, pero, aunque lo incluye, servirle involucra primero conocerlo a él, y luego entender la razón por el cual el Creador nos puso en este mundo. Saber que vivimos con un destino, un propósito que el Altísimo planeó para nosotros desde antes de que nacieramos.

Sabemos de la voluntad de Dios a través del conocimiento de las Escrituras

El apóstol Pablo, escribiendo a los colosenses dice: Por lo cual también nosotros, desde el día que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual (Colosenses 1:9) La oración del apóstol Pablo es que los creyentes sean llenos del conocimiento de la voluntad divina y adquieran sabiduría y comprensión espiritual.

Ser llenos de ese conocimiento significa conocer lo que la Biblia enseña, tal como lo refirió el apóstol a Timoteo: y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús (2 Timoteo 3:15). Sin duda entendió Timoteo los propósitos que Dios tenía para él, no sólo por la imposición de manos del presbiterio, sino porque desde pequeño conocía las Escrituras, lo cual le permitió alinearse a los planes divinos.

Algunos sólo confían y esperan que alguien venga y les diga un así dice el Señor, pero tienen una vida devocional pobre y sin disciplina. Tales personas tienden a ser emocionalistas y el fervor para hacer la voluntad de Dios es de corta duración por no estar arraigados y cimentados en la Palabra. Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino (Salmos 119:105).

Sabemos que estamos en la voluntad de Dios cuando tenemos paz en el corazón

Mucha paz tienen los que aman tu ley, y no hay para ellos tropiezo (Salmos 119:165). La verdadera paz viene a nuestras vidas cuando guardamos sus mandamientos, cuando estamos en el centro de su voluntad. También es necesario considerar que aunque a veces las circunstancias externas nos muestran lo contrario, la paz que el Señor poneen nuestro corazón es un aliciente para continuar con el propósito de Dios. Salomón, cuyo nombre significa “paz”, fue un rey cuyo reinado tuvo paz por todas partes, pues buscó a Dios.

Cuando los caminos del hombre son agradables a Jehová, aun a sus enemigos hace estar en paz con él (Proverbios 16:7). Paz no significa ausencia de problemas, tampoco quiere decir que las cosas marchan sin obstáculos en el camino. La paz de Dios significa que en medio de las vicisitudes de la vida y de los vientos contrarios, nos abraza una tranquilidad interior que nos da confianza y nos impulsa a seguir adelante.

Sabemos que estamos en la voluntad de Dios por el gozo del Espíritu Santo

Cuando servimos a Dios en el lugar donde él nos quiere, nos embarga una enorme felicidad. Nuestros tiempos de servicio a Dios se vuelven momentos que deseamos que nunca terminen. El gozo al igual que la paz es parte del fruto del Espíritu. Estar en la voluntad de Dios no quiere decir que todo es perfecto.

Puede haber en el exterior situaciones por las cuales deberíamos estar lamentándonos, como escasez, agotamiento o pruebas, pero en el interior del corazón sentimos gozo, entendiendo que aunque los momentos son difíciles no significa que estamos fuera de la voluntad del Señor.

El gozo aumenta cuando alabamos al Padre por encima de las circunstancias adversas, y los yugos se rompen como se rompieron las cadenas y el cepo de Pablo y Silas cuando cantaron himnos mientras estaban presos en la cárcel. Los propios apóstoles fueron azotados por causa de la predicación del evangelio de Cristo. Sin embargo, sintieron gozo por sufrir por Jesús.

Y ellos salieron de la presencia del concilio, gozosos de haber sido tenidos por dignos de padecer afrenta por causa del Nombre (Hechos 5:41). Finalmente, entendemos estar en la voluntad de Dios porque él hace que las cosas sucedan. En palabras sencillas, cuando sabemos que algo viene del Señor, simplemente él acomoda las circunstancias de formas que ni siquiera imaginamos. Las puertas se abren, las oportunidades se presentan y Dios prepara el camino. Esto sucede cuando nos rendimos al Padre, cuando atendemos los proyectos divinos antes que los nuestros. El cumplimiento de la voluntad de Dios viene cuando tenemos un corazón y un espíritu rendido a él

fuente: aviva 21, edición Octubre 2016

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