Es el lugar del casi lo conseguimos; del ya merito; del nos faltó poquito. Es el sitio desde donde Israel estuvo a punto de ingresar a la tierra de la promesa, pero fracasó en el primer intento a causa de hacer especulaciones que pusieron en tela de juicio los propósitos divinos, y de haber tomado sus propias decisiones, apartados de la voluntad de Dios.

El reporte de la mayoría influyó en la decisión de la mayoría y por mayoría, se equivocaron: También vimos allí gigantes, hijos de Anac, raza de los gigantes, y éramos nosotros, a nuestro parecer, como langostas; y así les parecíamos a ellos (Números 13:33).

Y decían el uno al otro: Designemos un capitán, y volvámonos a Egipto (Números 14:4). No se le puede encomendar una tarea espiritual a gente poco espiritual, porque terminan confiando más en sus propios juicios que en el juicio de Dios. No conocen la voluntad de Dios y se dejan guiar por su propia voluntad. No disciernen el tiempo del cielo y lo contaminan con sus propios tiempos.

Aunque hoy en día la ubicación precisa de Cades Barnea, que significa algo así como consagrado, no está muy clara, en el sentido alegórico pervive hasta nuestros tiempos. En cada ocasión en que se desoye o se ignora la voluntad de Dios, aparece el personalísimo Cades Barnea como el lugar del quiebre, del distanciamiento, del alejamiento de la buena voluntad de Dios para nuestras vidas.

A Israel le costó 38 años dar la vuelta y regresar al mismo punto, pero ahora con protagonistas deseosos de andar por el buen camino. Una generación debió pasar y ser traspasada para obtener el propósito del éxodo. Desierto, penuria, escasez, murmuración, juicio. Todo ello fue cambiado en tierra de leche y miel, abundancia, provisión, cánticos y bendición. La perfecta voluntad de Dios se cumplió cuando hubo de cumplirse; con el mismo pueblo pero con diferentes personas. No nos cueste tanto tiempo a nosotros, y que sea hecho delante de nosotros. ¡Oh, Dios, que nuestros ojos vean el cumplimiento de tu voluntad en nuestras vidas! Amén.

Además, el cumplir con la voluntad de Dios está marcado en las Escrituras como requisito para la eternidad: No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos (Mateo 7:21).

Así, a aquellos que logren inscribir su estilo de vivir de acuerdo a los propósitos del cielo, y cumplir así con la divina voluntad, se les hace miembros de la familia espiritual: Porque todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es mi hermano, y hermana, y madre (Mateo 12:50).

En esa circunstancia de vida espiritual, la búsqueda de la voluntad del Señor debe de estar presente en las rogativas cotidianas del creyente. En Mateo 6:9-10 está la instrucción: Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.

En el cielo ni duda cabe que se ejecuta la perfecta voluntad de Dios; en la tierra no siempre. Ya lo vimos. De cuando en cuando pueden aparecer los Cades Barnea que dilatan, pero que entonces las oraciones de los santos acortan. ¿Por qué orar por la prevalencia de la voluntad de Dios si él es Dios? Porque es mandato del Maestro. Punto. ¿Algún sentido tendría que nos mande a orar por algo que como quiera, con la participación del ser humano o sin ella, se llevaría a cabo? Ninguno. Pero lo que se busca y por lo que se ora es por su propósito de voluntad de perfección, no de permisión. Hay, en ese mismo sentido, aspectos básicos y generales de la voluntad de Dios. Está, por ejemplo, el que se salven todos quienes creen en Cristo Jesús, tal como Juan 6:40 dice: Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero. También es la voluntad fundamental de Dios y común para todos los creyentes vivir en santidad; 1 Tesalonicenses 4:3 lo dice: pues la voluntad de Dios es vuestra santificación; que os apartéis de fornicación.

Lo otro que es universal a los salvos es vivir con gratitud;

1 Tesalonicenses 5:18 afirma: Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.

El Señor no atiende a todas las oraciones de todas las personas, sino de aquellas que han sido alumbradas y viven según los aspectos comunes de la divina voluntad. Aquel ciego de nacimiento que fue sanado dijo en su comparecencia ante los fariseos: Y sabemos que Dios no oye a los pecadores; pero si alguno es temeroso de Dios, y hace su voluntad, a ése oye (Juan 9:31). Era una verdad conocida, y lo sigue siendo, la complacencia de Dios está para con quienes hacen su voluntad; su clamor es oído en el cielo. Las plegarias de los hacedores de su voluntad, que viven en santidad y con gratitud, gozan del favor celestial. ¡Qué inmerecida gracia! Por eso es gracia, ¡gloria a Dios! Por otro lado, a veces es mejor no actuar que hacerlo sin discernir los pasos para cumplir con la voluntad de Dios más particular, aunque parezca una acción noble. En 1 Crónicas 13:2 dijo David a toda la asamblea de Israel: Si os parece bien y si es la voluntad de Jehová nuestro Dios, pero no les fue bien. Hasta alguien perdió la vida en el fallido intento.

El desarrollo catastrófico de los eventos enseñan que es tan importante cumplir la voluntad de Dios como la forma para hacerlo. En el cielo, el fin no justifica los medios. Ante los imponderables de la vida, frente a esas situaciones que auguran tormenta y que no acabamos de comprender del todo, hay que confiar en que Dios está al control de todas las cosas y que, incluso en contra de cualquier pronóstico, él hará prevalecer su voluntad.

Una situación así se describe en el libro de los Hechos. Pablo, lo sabemos bien, se dejaba guiar por la voluntad de Dios; se había propuesto ir a Jerusalén; sabía lo que le esperaba, pero la convicción del propósito de Dios para él gobernaba sus decisiones. Mediante profecía fue prevenido de la crisis que le esperaba, no para disuadirlo sino para fortalecer su corazón. Los que sí intentaron desanimarlo fueron los hermanos; le rogaron con llanto que no fuese. No funcionó.

Había una conjunción de voluntades, la de Dios y la de Pablo, y éste prosiguió con su proyecto. Ante ello, los hermanos cedieron a la voluntad superior, encomendaron el viaje a la buenaventura de Dios y dijeron: Hágase la voluntad del Señor (Hechos 21:14).

Hermoso pasaje de conjunción de voluntades. Ayúdenos el Señor a caminar, paso a paso, siempre dentro de su voluntad, la cual se nos va revelando in crescendo, en la medida en que no nos conformamos y nos transformamos, referido obviamente a Romanos 12:2. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.

La NVI dice así la parte final del pasaje acerca de las característica de la voluntad de Dios: Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta.

¿Podemos orar como el salmista? Enséñame a hacer tu voluntad, porque tú eres mi Dios; tu buen espíritu me guíe a tierra de rectitud (Salmos 143:10). Y decirle: El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado (Salmos 40:8). Les entrego esta doxología peticionaria de Hebreos 13:20-21.

Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno, os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo; al cual sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

fuente: AVIVA 2016

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