Hace poco, en el sitio web Renuevo de Plenitud leí la siguiente historia: “Maggie y Drew son dos jóvenes cristianos que se enamoraron y se hicieron novios, pero prometieron no tener relaciones sexuales hasta el matrimonio.

Pero incluso fueron más allá: Se comprometieron a no darse un beso durante sus 4 años de novios hasta el día de su boda. Algunos les decían que era algo extremo y anticuado, pero a ellos no les importó. Se conocieron y supieron al instante que estaban hechos el uno para el otro.

Su relación comenzó de forma hermosa. Ambos se sintieron tan enamorados que tenían la certeza de que acabarían comprometidos. Decidieron no sólo permanecer vírgenes hasta el matrimonio, sino también no besarse hasta que ese día finalmente llegara”. En esa misma página está el video de la boda y se puede percibir la expectación, pero sobre todo, nos impresiona por las convicciones tan profundas en ambos jóvenes, debido a la cultura de antivalores que impera actualmente.

En términos generales, una caricia es “el acto de hacer un contacto suave, generalmente con la palma de la mano o con la yema de los dedos, sobre la piel de otra persona (o incluso sobre la propia piel o también sobre el pelo de un animal) y suele ser una señal de afecto o de amor” (DRA).

Hablar acerca del límite de caricias en el noviazgo, es entrar en un terreno delicado, ya que éstas no son sino sólo el reflejo de otros impulsos (cerebrales y emocionales) que se pueden desbocar al ir creciendo la confianza y la intensidad de las mismas.

El gran peligro siempre latente es la falta de control, en especial en la etapa juvenil, por lo tanto, nos conviene tomar con mucha seriedad las directrices y advertencias que la infalible Palabra de Dios nos da con el fin de hacer todo …con toda pureza (1 Timoteo 5:2).

El apóstol Pablo da una seria recomendación a Timoteo, su hijo en la fe: Huye también de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón limpio invocan al Señor (2 Timoteo 2:22). La juventud es una de las etapas más bellas del ser humano, pero no está exenta de grandes peligros, incluso para aquellos que desean agradar a Dios.

En esta fase pueden ponerse las bases para futuras satisfacciones, o bien, tomar decisiones que pueden destruir los más altos sueños. De ahí que ha de cuidarse la conducta delante de Dios y de los hombres. Es conveniente tomar algunas medidas precautorias, no sólo en el accionar, sino también a nivel interno, de modo que los novios no se pongan en zonas de riesgo y lleguen a extralimitarse en su trato, por ejemplo:

  • Evitar abordar temas de tinte sexual o con insinuaciones similares. La Biblia nos dice: No erréis; las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres (1 Corintios 15:33), siempre será sabio hacer caso a este consejo paulino.
  • Aunque parezca que está de más decirlo, es muy necesario recordar que los lugares solos y apartados pueden ser una clara invitación al pecado. Es mejor no ir a estos sitios. Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca (1 Corintios 6:18).
  • Las altas horas de la noche tampoco son aconsejables para que los novios estén juntos, excepto que sea por una convivencia familiar y siempre bajo la supervisión y permiso de los padres. Es una muestra de respeto y cortesía cuando la novia llega a horas apropiadas al hogar, incluso se evitan murmuraciones y señalamientos que pongan en entredicho la moralidad de la persona. Hemos de recordar la advertencia del Predicador: Las moscas muertas hacen heder y dar mal olor al perfume del perfumista; así una pequeña locura, al que es estimado como sabio y honorable (Eclesiastés 10:1).
  • También debe quedar muy claro en una relación de noviazgo, que por muy seria que sea la relación, ésta puede concluir. Por ello, es muy importante que exista siempre un clima de respeto y temor a Dios. Si la relación termina, el testimonio de ambos quedará intacto. De más estima es el buen nombre que las muchas riquezas, y la buena fama más que la plata y el oro (Proverbios 22:1).
  • Tenemos tres responsabilidades como cristianos, y en el caso de los novios, jamás deben olvidarlas: Vivir en santidad (1 Pedro 1:16); honrar a los padres (Éxodo 20:12) y ser ejemplos en todo (1 Timoteo 4:12).
  • Finalmente, las caricias nunca deben ir más allá de lo que entre hermanos en Cristo corresponde. Un beso en la mejilla, un abrazo fraternal o tomarse de la mano son acciones que expresan cariño en una relación de noviazgo, pero que también reflejan un alto sentido de responsabilidad. Recuerden que son novios y no un matrimonio.

La Biblia dice: Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora (Eclesiastés 3:1).

Así que no se debe apresurar aquello que si Dios aprueba, tendrá lugar, es decir, la boda. Jesucristo, nuestro modelo perfecto, se entregó a sí mismo para santificar a la iglesia, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha (Efesios 5:27). Esto nos debe poner en la perspectiva correcta en relación al noviazgo.

Somos la iglesia de Cristo y debemos vivir acordes con sus principios y propósito. El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; NO HACE NADA INDEBIDO, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor… (1 Corintios 13:4, 5).

fuente: aviva 21 edicion octubre 2016

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