EXODO 20:3; MATEO 4:10
VERDAD CENTRAL:
El centro de adoración de todo creyente debe ser el Señor eterno. Hemos de reconocer a Jehová como el único Dios, a quien rendimos culto con las mayores expresiones del corazón.

I- EL ÚNICO DIOS ETERNO (Éxodo 20:3)

La Escritura presenta la existencia divina como premisa básica: En el principio…Dios (Génesis 1:1). El autor sagrado no argumenta ni discute la existencia del Ser Supremo, simplemente la declara; ¡Dios es! Él es el punto de partida, es el origen de todo cuanto ha sido creado.

El Dios Todopoderoso se ha dado a conocer a través de sus acciones creadoras y providentes, brindando vida, aliento (Hechos 17:24-28) y gozo (Hechos 14:17); lo invisible de él se hace evidente a través de las cosas que él ha creado (Romanos 1:20). También se ha mostrado de una manera más personal, hablando y actuando por medio de sus profetas, sacerdotes, reyes y siervos fieles. Pero sobre todo, se ha revelado claramente a sí mismo y de manera definitiva mediante su Hijo Jesucristo, y a través del Espíritu Santo que habita en su pueblo (Hebreos 1:1).

El pueblo de Israel, mientras desarrollaba su vida en Egipto, adquirió la costumbre de adorar a dioses paganos. Era normal para ellos desempeñar elementos cúlticos, pero no encontrar una relación estrecha con esos dioses. Al dar sus mandamientos el Señor, el pueblo podría ver la naturaleza divina y su plan que les enseñaría cómo debían vivir. Los estatutos y principios procuraban dirigir a la comunidad para suplir las necesidades de cada individuo de una manera responsable y llena de amor.

La ley no era para alcanzar la salvación, sino para crear conciencia de que servían a un Dios santo, y a la vez demostrarles que él es único. Era al mismo tiempo una manera en que el Omnipotente les mostraría que deseaba mantenerse cerca de su pueblo pues el sistema de sacrificios y ritos, permitían el encuentro entre el Creador y su gente. Ese era un motivo por el cuál ellos debían ser agradecidos y llenos de amor para obedecer paso a paso la ley del Señor, pues contarían con la presencia y el favor divinos al someterse a la voluntad del Altísimo.

Los mandamientos prescritos por Dios sirven para normar la conducta del adorador. El objetivo es que los creyentes puedan cumplir los propósitos del Señor, siendo motivados a reconocer la majestuosidad y soberanía divinas, y reflejando con su forma de ser al Creador.

El hecho de que Dios es uno, que él es el único Señor, y no hay otro dios, debe motivarnos a no dejar de confiar en él, ni mucho menos a dejar de reconocer su gobierno. Intentar confiar en las habilidades propias, o colocar nuestras fe en las cosas materiales, o darle prioridad a alguien antes que al Altísimo, significa que hemos desplazado al Creador del lugar preferente que le corresponde en nuestra vida. ¡Que eso jamás nos suceda! Dios debe tener siempre la primacía en nuestros corazones.

La Escritura brinda una advertencia divina al respecto, la cual dice: Porque no te has de inclinar a ningún otro dios, pues Jehová, cuyo nombre es Celoso, Dios celoso es (Éxodo 34:14). Así como un esposo ama a su esposa, que no quiere que comparta su amor con otra persona, Dios no tolera a ningún rival. Él quiere toda nuestra atención, pero lo hace por nuestro bien, pues desea alejarnos de todo lo vano y derramar su bendición sobre nosotros.

Preguntas de reflexión o aplicación:
– ¿Permitiría usted que sus hijos honren a otro padre, cuando usted es el que suple todas sus necesidades?
– ¿Existen impedimentos en su vida que lo distraigan de darle adoración exclusiva a Dios?

II – DIOS DEMANDA ADORACIÓN EXCLUSIVA (Mateo 4:10)

Jehová demanda adoración exclusiva de parte del pueblo a quien rescató de la esclavitud en Egipto. A la comunidad israelita se le enseñó que Dios es uno, y sólo a éste ha de adorarse: Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es (Deuteronomio 6:4). A pesar de que por muchos años ellos cayeron en la tentación de adorar otras deidades, finalmente la cautividad desarraigó la tendencia del pueblo a inclinarse a dioses ajenos.

El pueblo judío aprendió la lección y desde entonces afirmó su fe en un solo Dios. Cuando el diablo intentó ejercer presión sobre Jesús, provocó una de las declaraciones más importantes para todo creyente: Al Señor tu Dios… De esta manera, Jesús ratifica la adoración que sólo se le debe a Dios. La preminencia y el poder le pertenecen al Eterno. Él nunca ha perdido ni perderá su esencia, él sigue siendo Dios, quien tiene todo control de los tiempos y de las circunstancias.

Siendo Dios, el Señor Jesús también recibe adoración. El Eterno se revela por medio de Jesucristo. Verlo a él, es ver al Padre (Juan 9:14), pues son uno (Juan 10:30). El apóstol Pablo también afirma esta verdad, al decir: Porque en él (Jesús) habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad (Colosenses 2:9). También enseña que Cristo es la imagen de Dios (2 Corintios 4:4; Colosenses 1:15).

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Juan señala la deidad de Cristo desde el inicio de su evangelio al decir: En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios (Juan 1:1). El Verbo se humanizó, y aquel Verbo fue hecho carne (Juan 1:14), pero jamás perdió su divinidad. su esencia celestial nunca menguó, nunca perdió sus atributos aun estando en su condición de siervo. Sobre este fundamento escritural, la iglesia confiesa a Cristo como Dios, y también le rinde adoración.

La adoración es tener una actitud de reconocimiento de la supremacía de Cristo Jesús. Es aceptar el gobierno superior de Jesucristo, y brindarle un servicio que integre la expresión del corazón a través de la alabanza y el servicio al prójimo. El amor, la gratitud y el deleite, son la motivación para vivir dando el reconocimiento a un Señor que es el centro de nuestra adoración.

El ser humano fue creado para Dios, para darle gloria sólo a e’l; por tal motivo debe entregar todo su ser en adoración al Altísimo. La Escritura dice: …todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los he creado, los formé y los hice (Isaías 43:7). Hagamos plena conciencia que nos debemos a Dios y a su obra.

La sociedad individualista está motivando al egocentrismo, al hacer creer que todo gira en torno al hombre. Con este concepto se llega a pensar que somos el centro de atracción, valorando únicamente los logros individuales, con el fin de exaltar a la persona y no al Ser que le dio la existencia.

Pregunta de reflexión o aplicación:
¿Cuántos beneficios trae el hecho de adorar sólo a Dios?

III. DIOS QUIERE UN CULTO CONSAGRADO PARA ÉL

Desde los inicios de la creación Satanás ha querido usurpar el lugar de Dios (Isaías 14:14). Las palabras de Jesús en Mateo 4:10: my a él solo servirás, excluyen rendir culto a cualquier otro ser; es un antídoto en contra de la idolatría. A ningún otro ser se le puede reconocer autoridad divina.

Sólo el Señor de señores puede considerarse digno de adoración. Su naturaleza y sus atributos merecen el derramamiento del corazón en alabanza y acción de gracias. A Jehová tu Dios temerás, y a él solo servirás, y por su nombre jurarás (Deuteronomio 6:13).

El diálogo de Jesús con Satanás muestra que el Señor quiere ser exclusivo cuando se le rinda culto. El celo de Dios es tan grande que no quiere que nadie ocupe su lugar en la vida del creyente. Quien haga caso omiso de ello estaría cayendo en idolatría, provocando con sus acciones y su actitud el enojo divino.

El servicio dedicado a Dios hace referencia a que el creyente debe dar prioridad de servicio o de reconocimiento al Creador, no por obligación sino por obediencia. La Biblia expresa claramente el concepto de exclusividad en la adoración al Señor y todo verdadero servicio a él participa de este carácter.

La idolatría es definida como:
Cualquier persona, lugar o cosa, o incluso una idea que es colocado por encima de Dios. Existen muchas maneras de manifestar actitudes y acciones idólatras, mayormente en al ambiente egoísta en el cual vivimos, cuando todo gira en torno a una cosa: el hombre. La mayoría de la gente ya no se arrodilla ante ídolos e imágenes. Lo de ahora es la egolatría, es decir, el culto y adoración hacia uno mismo. Pero también existe el apego a lo material, la mayoría de las personas se rinden ante el afán de poseer, ante el deseo de consumir todo lo novedoso. De aquí es de donde se desprenden todo tipo de expresiones de idolatría que distraen a los creyentes. Cuando nuestros propios intereses son la prioridad, cuando nuestro corazón está en lo terrenal y lo pasajero, entonces por consiguiente tenemos un gran obstáculo para cumplir el mandamiento de adorar al único y verdadero Dios.

Reflexión o aplicación:
¿Qué elementos deben ayudar al creyente a brindar culto de reconocimiento a Dios?

CONCLUSION:

Dios se ha revelado a los hombres. Ha evidenciado sus atributos y manifestado su presencia en el devenir de la historia. Nos ha mostrado que tiene control de los tiempos y de las circunstancias. Sobre todo, se nos ha revelado a través de su Hijo unigénito, para que sea el Señor de nuestras vidas, y nuestros corazones. Sólo él es digno de que se le rinda adoración.

Vivamos reconociendo su señorío. Que nuestro culto racional sea cada vez más comprometido y fiel, hasta la muerte. Nuestra rendición mostrará a Dios una comunión plena, satisfactoria, y será de testimonio a las nuevas generaciones que no le conocen aún. No dudemos que todo lo que somos y logramos es por su gracia, y que su Espíritu Santo estará para impulsarnos a hacer su perfecta voluntad.

PREGUNTA:

  1. ¿Por qué Dios demanda una adoración exclusiva?
  2. ¿Qué razones tenemos para rendir también adoración a Cristo?
Fuente: Libro dominical sobre la Teología del Culto: Eccad

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