LEVÍTICO 1-7, 23,25; HEBREOS 9:1

VERDAD CENTRAL : Las formas del culto israelita, con sus sacrificios, ofrendas y festividades, no son practicables para el cristiano, pero sí nos ofrecen principios valiosos respecto a nuestro culto a Dios.

I- SACRIFICIOS Y OFRENDAS

1 Holocausto (Levítico 1:1-17; 6:13)
El término proviene del griego jolokauston (“completamente quemado”). El Antiguo Testamento usa la palabra hebrea olá, (“escalón”, “lo que sube”). Los animales ofrecidos en este sacrificio eran quemados casi totalmente en el altar. Servía como expiación por el pecado, pero también como un acto de adoración y consagración (1 Crónicas 29:20, 21).

2 Oblación u ofrenda de cereal (Levítico 2: 1-16; 6:14—23)
Esta ofrenda de flor de harina con sal, aceite, e incienso, se ofrecía en forma de tortas cocidas. Si era producto de las primicias se acompañaba con granos desmenuzados y tostados de espigas nuevas de trigo. No debía tener levadura o miel. Una parte de ella se quemaba en el altar, y el resto lo consumían los sacerdotes. A través de este presente el pueblo dedicaba a Dios una parte de lo que él les había dado de la tierra.

3. Sacrificio de paz (Levítico 3:1—17; 7:11-38; 19:3-8)
En esta ofrenda sólo el sebo y algunas partes internas del animal eran quemados en el altar. El sacrificio se hacía como agradecimiento por una bendición recibida, como pago de un voto o promesa, o como dádiva voluntaria. En este último caso se aceptaba con defectos (Levítico 22:23). Era la única ofrenda que se compartía con el oferente y su familia (Deuteronomio 12:17. 18).

4.- Sacrificio por el pecado (Levítico 4:1-5 :13; 6:24-30)
Servía para expiar pecados cometidos por accidente o ignorancia, también por rehusarse a testificar, contaminarse ceremonialmente o jurar en falso. El sacrificio dependía de la persona: Un sacerdote o todo el pueblo, ofrecían un becerro. Un príncipe ofrendaba un macho cabrio. Una persona ordinaria podía llevar una hembra del rebaño, pero si era muy pobre se le permitía ofrecer dos tórtolos o palomínos o una ración diaria de flor de harina.

5. Sacrificio por la culpa (Levítico 5: I4-6:7 ; 7:1-10 )
Es parecido al anterior y se regía por la misma ley (Levítico 7:7). La diferencia es que aquí se enfatiza la culpabilidad. Además, se enfocaba en pecados individuales que afectaban a la persona y la propiedad, tales como transgredir un mandamiento (Levítico 5:17), robar o calumniar (Levítico 6:2), no devolver lo encontrado (Levítico 6:3), entre otros.

Pregunta de reflexión o aplicación: ¿Qué clase de sacrificios debe ofrecer ahora el cristiano?

II- LAS FESTIVIDADES SAGRADAS

1 El día de reposo (Levítico 23:1—3)
El séptimo día de la semana debía ser apartado para el Señor. El mandato se basa en el hecho de que Dios también descansó de su obra creadora (Génesis 2:2, 3), pero también le recuerda a Israel que Jehová lo sacó de la esclavitud y lo hizo su pueblo (Deuteronomio 5: 12-15). Por tanto, era obligación suspender los trabajos para dedicarse a adorar al Señor.

2. La Pascua y los panes sin levadura (Éxodo 12:1-28, 41-51; Levítico 23:4-8)
La Pascua conmemora la protección de los primogénitos hebreos y la salida de Israel de Egipto. Para la celebración se escogía un cordero, el cual se mataba en el día 14 de Nisán. Debía asarse y comerse esa misma noche. No podían quebrar sus huesos y lo que sobraba debía quemarse. La carne se acompañaba de pan sin levadura y hierbas amargas.

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Los siete días siguientes se celebraba la fiesta de los panes ácimos. En ese lapso no se podía comer nada leudado, ni siquiera tener levadura en las casas. El primero y séptimo día de estos siete eran de santa convocación, por lo que se prohibía todo trabajo (Levítico 23:6-8).

3 Los primeros frutos (Levítico 23:9-14)
La fiesta se realizaba al día siguiente del día de reposo. Les recordaba la provisión de Dios, pues durante su peregrinaje comieron maná, pero ahora podían disfrutar también del fruto de la tierra. Los participantes llevaban una gavilla de cebada ante el sacerdote, la acompañaban con el holocausto de un cordero y flor de harina con aceite y libación de vino.

4 – Las semanas (Levítico 23:15-22)
Se le llama en griego “Pentecostés” (quincuagésimo), pues tenía lugar 5O días después de las primeras gavillas (Deuteronomio 16:9). En esta fiesta se ofrecían dos panes de flor de harina —primicias del trigo cocidos con levadura. Se acompañaban con diversos sacrificios expiatorios y de paz. Los panes se mecían delante de Jehová. Esta festividad también enfatizaba que todo lo que Israel tenía provenía del Señor.

5- La luna nueva y las trompetas (Levítico 23:23-23)
Al primer día del séptimo mes, que señalaba el principio del año civil, se daba el toque de trompetas (probablemente de cuerno de carnero). Era un día de alegría y de santa convocación. A esta fiesta se le conoce ahora como Rosh Hashaná (cabeza del año).

6- Día de la Expiación (Jom Kippur) (Levítico 23:26-32)
Este era el día más solemne del año. Se llevaba a cabo el décimo día del mes séptimo y no era propiamente una fiesta. Los israelitas debían abstenerse de toda clase de trabajo y mostrar aflicción por los pecados. Era un día de reconciliación entre el pueblo y Jehová.

7. Los Tabernáculos (Sukkot) (Levítico 23:33-44)
Era la última celebración del año. Comenzaba el 15 de Tishri y duraba siete días. En ese lapso los israelitas vivían en cabañas hechas con ramas de árboles y palmeras, y presentaban ofrendas encendidas. La fiesta marcaba el fin de las cosechas y recordaba el peregrinaje en el desierto. Culminaba al octavo día con una santa convocación. Cada séptimo año, en el primer día de la fiesta, se leía públicamente una porción de la ley (Deuteronomio 31:10-13).

8. El Año Sabático y el Año del Jubileo (Levítico 25)
Cada séptimo año los israelitas tendrían que suspender toda actividad agrícola (Éxodo 23:10, 11). Lo que el campo produjera por sí mismo ese año habría de compartirse con los pobres, los siervos, los extranjeros y los animales. También debían cancelarse las deudas de los compatriotas y los esclavos debían ser liberados (Deuteronomio 15:1-18). El año del jubileo se efectuaba cada 50 años. Ese año también se prohibía la siembra y cosecha, las tierras vendidas eran devueltas a sus dueños originales y los esclavos israelitas eran liberados. Estos años recordaban que Jehová era el verdadero dueño de la tierra. Mostraba, además, el cuidado de Dios por su creación y su preocupación por los menos favorecidos.

Pregunta de reflexión o aplicación: ¿De qué manera puede combinarse en el culto el aspecto festivo y a la vez solemne que había en las santas convocaciones hebreas?

III. PRINCIPIOS PARA EL CULTO CRISTIANO

1 Cercanos por su sangre
Los sacrificios enfatizaron la santidad de Dios. Impregnaron en la conciencia la necesidad de la confesión del pecado y la expiación por medio de una ofrenda para acercarse al Creador. El derramamiento de la sangre de los animales hacía posible la relación con el Señor. Con Cristo ya no son necesarios. Por su sangre podemos acercarnos al Altísimo para rendirle culto; por él tenemos comunión con el Padre (Hebreos 10:19-25).

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2- Ofrenda sin defecto :
El israelita estaba obligado a presentar lo más selecto cuando ofrendaba a Jehová. En la mayor parte de los sacrificios se exigían animales sin defecto. El Dios santo merecía lo mejor. Ahora el cristiano ofrenda su vida al Señor. En su culto ha de procurar una consagración plena, a fin de entregar un sacrificio vivo, santo, agradable a Dios (Romanos 12:1).

3- Un testimonio de las obras de Dios –
Algunas fiestas permitían recordar eventos en la historia de Israel. De esta manera se conservaba en la memoria la bondad del Señor y se tenía la oportunidad de expresar agradecimiento. La obra más importante que el creyente celebra es la que Cristo hizo en la cruz. Esta es razón suficiente para que no perdamos la oportunidad de asistir a nuestras reuniones con un corazón agradecido. El culto tiene a Jesucristo como centro, recuerda su obra redentora, testifica de su victoria sobre la muerte y lo confiesa como Señor exaltado.

4- Reconocimiento de la provisión divina –
Algunos sacrificios y festividades se complementaban para ofrecer la oportunidad al adorador de reconocer la provisión divina durante el año. Así que en el culto hebreo estaba presente el sentido de gratitud por lo que Jehová les proporcionaba para el sustento. En el culto cristiano no ha de faltar el agradecimiento por lo que Dios provee. Las ofrendas y diezmos son una excelente forma de expresar esta gratitud.

Pregunta de reflexión o aplicación: “Qué otros principios pueden aplicarse al culto cristiano?

CONCLUSION:
Cristo fue la ofrenda definitiva por nuestros pecados. Por su sangre fuimos santificados y es por eso que ahora somos parte de la familia de Dios. Nos liberó de la esclavitud y nos introdujo a un permanente Jubileo (Lucas 4:18, 19); en él está nuestro verdadero reposo (Hebreos 4:10).

La respuesta natural de todo redimido es rendir alabanza al Dios santo. Ya no son necesarios ritos ni días especiales para adorar. Pero la santidad, la reverencia, la gratitud y la generosidad siguen siendo ingredientes infaltables para rendir un culto aceptable al Señor.

APRENDISTE?:

  1. ¿Qué sacrificios no tenían como propósito la expiación del pecado?
  2. ¿Qué festividades se relacionan con celebraciones cristianas en la actualidad?
fuente: libro Teología del culto – lección 6 – eccad

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