NEHEMÍAS 8:1-8; 1 CORINTIOS 14:6

Nehemías 8:1-8 Reina-Valera 1960 (RVR1960)

y se juntó todo el pueblo como un solo hombre en la plaza que está delante de la puerta de las Aguas, y dijeron a Esdras el escriba que trajese el libro de la ley de Moisés, la cual Jehová había dado a Israel. Y el sacerdote Esdras trajo la ley delante de la congregación, así de hombres como de mujeres y de todos los que podían entender, el primer día del mes séptimo. Y leyó en el libro delante de la plaza que está delante de la puerta de las Aguas, desde el alba hasta el mediodía, en presencia de hombres y mujeres y de todos los que podían entender; y los oídos de todo el pueblo estaban atentos al libro de la ley. Y el escriba Esdras estaba sobre un púlpito de madera que habían hecho para ello, y junto a él estaban Matatías, Sema, Anías, Urías, Hilcías y Maasías a su mano derecha; y a su mano izquierda, Pedaías, Misael, Malquías, Hasum, Hasbadana, Zacarías y Mesulam. Abrió, pues, Esdras el libro a ojos de todo el pueblo, porque estaba más alto que todo el pueblo; y cuando lo abrió, todo el pueblo estuvo atento. Bendijo entonces Esdras a Jehová, Dios grande. Y todo el pueblo respondió: !!Amén! !!Amén! alzando sus manos; y se humillaron y adoraron a Jehová inclinados a tierra. Y los levitas Jesúa, Bani, Serebías, Jamín, Acub, Sabetai, Hodías, Maasías, Kelita, Azarías, Jozabed, Hanán y Pelaía, hacían entender al pueblo la ley; y el pueblo estaba atento en su lugar. Y leían en el libro de la ley de Dios claramente, y ponían el sentido, de modo que entendiesen la lectura.

La ministración de la Palabra de Dios es parte esencial del culto al Señor. Observar las pautas bíblicas de dicha ministración ayudará a hacer el culto eficaz, edificante y lleno de la presencia del Todopoderoso.

I La restauración de la nación

Los capítulos 8-10 de Nehemías son un paréntesis. Los capítulos 1-7 y 11-13 de este libro nos hablan de una restauración nacional del pueblo de Israel en todos los aspectos: geográfico, económico, de infraestructura, de la vida social, de identidad cultural y también de organización religiosa. Pero toda esta reestructuración estaría incompleta sin considerar la espiritual. Esta restauración espiritual se manifiesta en el pasaje que hoy estudiamos.

Las verdades que esto nos enseña no se pueden exagerar.
En primer lugar, no puede haber una reforma integral verdadera de un pueblo si ésta no incluye una renovación espiritual, si Jehová no edificaré la casa, en vano trabajan los que la edifican (Salmos 127:1).
En segundo lugar, el papel que jugó para esto la ministración de la Palabra es esencial para el resurgimiento del pueblo de Dios. La predicación no es algo ligero e intrascendente. Tiene el potencial de dar forma a naciones, de impactar las estructuras sociales y de afectar positivamente no solo en el aspecto espiritual, sino también en el social.

  1. Concepto de ministrar en el Antiguo Testamento

El ministerio en el Antiguo Testamento era una combinación de función pedagógica de la Palabra y funciones de orden ritual (Deuteronomio 33:10). Pero la que más se destaca en el culto a Dios es la segunda, que incluía actividades como el sacrificio de los animales en el altar, los ritos que se hacían en el tabernáculo y luego en el templo, así como las ceremonias que acompañaban las fiestas ordenadas por Dios (Números 3:7; 7:5-9; 8:19-24. 1 Crónicas 23:28-31). Asimismo, era un ministerio fungir como porteros o guardias en el templo (l Crónicas 23:32). Los sacerdotes y sus asistentes, los levitas, realizaban todos esos oficios a los que se le llama “ministerio”. Posteriormente el concepto se amplió para incluir la alabanza (1 Crónicas 25:1, 6), y luego se une a ésta el profetizar con la música. En cuanto a la enseñanza de la ley, se esperaba que los sacerdotes fuesen doctos y aptos para enseñarla al pueblo. Sin embargo, son contadas las ocasiones en que esto se realizó eficazmente (2 Crónicas 17:7-9). Por esta razón, el último profeta escritor del Antiguo Testamento los reprende por su falta de preparación para ministrar la Palabra de Dios correctamente (Malaquías 2:5-9).

Pregunta de aplicación y reflexión: Aparte de las fechas del año litúrgico, ¿qué opina de utilizar las celebraciones cívicas o sociales para predicar la Palabra de Dios?

II- LOS ELEMENTOS DE LA MINISTRACIÓN

  1. Los exponentes

La necesidad de personas idóneas para exponer la palabra lo vemos ilustrado en la Vida de Esdras. Era un escriba, lo que muestra su influencia, pues como copistas de la ley ellos eran quienes podían adoctrinar al pueblo e interpretar y enseñar la ley mosaica. Se dice de Esdras que era diligente en la ley de Moisés, que Jehová Dios de Israel había dado (Esdras 7:6; Deuteronomio 33:10). Era un intérprete y maestro de la Palabra. También era sacerdote, versado en los mandamientos de jehová y en sus estatutos a Israel (Esdras 7:11; Levítico 10:10, 11). Por tanto, Esdras era una persona apta, idónea para ministrar la Escritura (Esdras 7:10).

Los levitas que auxiliaron a Esdras, por otra parte, hicieron dos trabajos. Primero traducían del hebreo, idioma en el que estaba escrita la Ley, al arameo, lengua que hablaba el pueblo recién llegado de la cautividad (Nehemías 8:7, 8). Ellos hacían entender… (v. 7); eran pues traductores. Además, explicaban las palabras, ponían el sentido (v. 8), o sea, eran intérpretes; usaron las herramientas hermenéuticas adecuadas para lograr que el pueblo entendiera la Palabra. Así hoy, los predicadores cumplen la función de hacer captar el propósito de Dios, el sentido de la Escritura para este tiempo a la iglesia y el mundo.

  1. El auditorio

El hambre del pueblo por la Palabra es evidente. Esta concentración es inusual, pues era espontánea. Congregó a todos, cinco veces se menciona “todo el pueblo”. Es inédita también, porque a iniciativa de la gente se pidió traer el libro de la ley (Nehemías 8:1). Tenían hambre de Dios, sed espiritual, deseaban oir la Palabra del Señor.

La actitud de escuchar con atención es un requisito para que se produzca el efecto deseado por Dios en quienes están siendo ministrados, ya que es la Palabra la que produce la fe que salva (Romanos 10:17). Se destacan varias verdades en Nehemías 8:3, 5. En primer lugar, el tiempo dedicado a la lectura, desde el alba, hasta el mediodía. En segundo lugar, se repite la expresión hombres y mujeres y… todos los que podían entender; la ministración debe ser inclusiva, no discriminatoria, pues se ministró la Palabra a toda la familia. En tercer lugar, la atención concentrada del auditorio, pues los oídos de todo el pueblo estaban atentos. En cuarto lugar, la actitud reverente, pues dice el versículo 6: Y todo el pueblo respondió: ¡Amén! ¡Amén! alzando sus manos; y se humillaron y adoraron a Jehová inclinados a tierra. Cuando hay maestros dispuestos, preparados y aptos para enseñar, y un pueblo dispuesto a escuchar con atención reverente, siempre habrá grandes resultados. 3. El orden de la liturgia Esdras, los levitas y Nehemías el gobernador, trabajaron para ministrar a la multitud la Palabra de Dios. El orden de esa gran reunión al aire libre se podría bosquejar así (Nehemías 8:1-6, 14-17):

a) Reunión con propósito (8:1).
b) Lectura de la Palabra (822-5).
c) Adoración a Dios (8:6).
d) Explicación de la Palabra (8:7, 8).
e) Aplicación de la Palabra (9-11).
f) Acción del pueblo en respuesta a la Palabra (14-17).

Preguntas de reflexión o aplicación: El orden de las acciones que aparecen en Esdras 7:10, ¿se pueden cambiar o mejorar? ¿En qué partes del culto contemporáneo se usa la Biblia? ¿Se pueden cambiar o mejorar?

III. MINISTERIO DE LA PALABRA EN EL NUEVO TESTAMENTO

  1. La prioridad de la Palabra

En el Nuevo Testamento se denomina servicio o ministerio a diferentes aspectos de la vida de la iglesia. Se llama así al apoyo material dado a los creyentes (Hechos 11:29; Romanos 15:31; 1 Corintios 16:15; 2 Corintios 8:4). De esta forma se le nombra también a la distribución de la ayuda a las viudas (Hechos 6:1). Sin embargo, el énfasis neotestamentario se dirige especialmente a predicar el evangelio (1 Corintios 1:17), fundar nuevas iglesias (Hechos 21:19), y enseñar la Palabra para instruir y capacitar a los fieles (Efesios 4:12).

La prioridad de los apóstoles de Cristo estaba en la oración y en el ministerio de la palabra (Hechos 6:4). La tarea a cumplir era llevar a cabo el ministerio de la reconciliación (2 Corintios 5218-20), y a ese fin se dirigían todos los esfuerzos de los siervos del Señor (Hechos 20:24; 2 Timoteo 4:11). Era necesario hacerlo sin desmayo (2 Corintios 4:1), es decir, sin desanimarse a pesar de las aflicciones y el desgaste físico, hacerlo sin descuidos (2 Corintios 6:3), así nadie encontrará ninguna falta en nuestro ministerio (NTV). Ser un ministro de la Palabra es considerado un alto honor, conferido por la gracia divina (1 Timoteo 1:12), y se recomienda realizar la obra de este ministerio a cualquier costo (Hechos 20:24: 2 Timoteo 4:5; Colosenses 4:17).

La necesidad indispensable (le ser ministrados con la Palabra La ministración de la Palabra era prioritaria en el culto de la iglesia primitiva. La pregunta del apóstol Pablo, ¿qué os aprovechará, si no os hablare con revelación, o con ciencia, o con profecía, o con doctrina? (1 Corintios 14:6), menciona cuatro elementos de las reuniones de la iglesia en su tiempo. Todas estas tienen que ver con la ministración de la Palabra. El mismo apóstol enseña: Cuando os reunís, cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina, tiene lengua, tiene revelación, tiene interpretación (1 Corintios 14:26), lo cual nos muestra que la exposición de las Escrituras tiene prioridad, pues de los cinco elementos del culto mencionados, por lo menos tres tienen que ver con la Palabra.

Preguntas de reflexión y aplicación: ¿Qué acciones se deben realizar para reafirmar la importancia de la ministración correcta de la Palabra en nuestros servicios?

CONCLUSIÓN

La proclamación de la Palabra es medular para la iglesia ya que es el medio escogido por Dios para la salvación de las almas (1 Corintios 1:21). No es la retórica argumentativa, sino el anuncio heráldico, es decir, Esta proclamación de las buenas nuevas en la revelación divina es el medio para salvar al hombre. Es asimismo el canal para edificar a los creyentes en su camino a la madurez. Promovamos entonces la lectura, el entendimiento la obediencia y el anuncio de la bendita Palabra del Señor. Que la Escritura siempre ocupe el lugar de honor en la ministración de nuestra liturgia.

FIJACIÓN DEL APRENDIZAJE

  1. Describa en sus propias palabras la actitud del pueblo al escuchar la Palabra en voz de Esdras.
  1. ¿Qué importancia tiene para nuestros días la proclamación de la Palabra de Dios en cl culto?
fuente: libro teología del culto – escuela dominical – eccad.mx lección 16

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