HECHOS 4:31; 13:2; EFESIOS 52:18,19

VERDAD CENTRAL El Espíritu Santo interviene en todas y cada una de las facetas litúrgicas en la iglesia. Su labor sigue siendo importante en la correcta expresión del culto a nuestro Dios.

I – LA IMPORTANCIA DEL ESPÍRITU SANTO EN EL CULTO

Las religiones paganas de la antigüedad se caracterizaban por sus cultos y rituales llenos de toda clase de inmundicias. Comúnmente terminaban en actos de inmoralidad, donde la supuesta presencia de algún dios se hacía tangible mediante actos perversos y malévolos. No así cuando hablamos de la religión hebrea. La adoración del pueblo israelita fue establecida y regulada por Dios mismo. De manera que, cuando la nación llevaba a cabo sus ritos y ceremonias de acuerdo a lo señalado por la revelación divina, la presencia del Todopoderoso se manifestaba para bendición de los adoradores. Igual sucedía en los cultos de la iglesia primitiva; y lo mismo debe suceder hoy en nuestras congregaciones.

1- El culto

La palabra culto Viene del latín cultus, y la RAE nos da la siguiente definición: conjunto de ritos y ceremonias litúrgicas con que se tributa homenaje [a algo o alguien]; honor que se tributo: religiosamente a lo que se considera divino o sagrado. El culto cristiano es importante por su origen divino. Desde sus inicios, nunca ha sido considerado como algo que se dio de la nada, o peor aún, como algo que surgió de la necesidad de mantener contento a un Dios airado o caprichoso que requería adoración.

El culto se deriva de la prescripción de leyes, preceptos e indicaciones precisas de un Dios cuyo objetivo era la comunión con sus criaturas mediante una disposición sumisa y enteramente voluntaria de sus adoradores.

2- El Espíritu Santo en el Culto

En todo culto existe un objeto o sujeto al que se adora. Algunos adoran lo que no saben o lo que, no conocen (Hechos 17:23), otros hacen imágenes de lo que jamás han visto. Pero la importancia del culto cristiano no radica en su liturgia, sino en la persona del Espíritu Santo que lo presencia. Lo anterior se constata cuando vemos que los hebreos fueron adoradores de Jehová, el Dios único y verdadero (Isaías 45:5). La congregación primitiva rendía culto a la misma Deidad, revelada en la Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo. La iglesia actual debe considerar seriamente a qué o a quién rinde culto; porque hasta hoy, Jesucristo sigue siendo el mismo Dios, y su presencia se hace tangible mediante el Espíritu Santo.

El Espíritu Santo es quien dirige nuestros servicios. Él es un ser con todas las cualidades como para interactuar con la iglesia en el momento del culto. Su importancia radica, precisamente, en su persona; no sólo recibe adoración, no se queda estático o pasivo ante el desempeño de sus adoradores, más bien los dirige hacia una suprema y perfecta rendición.

Pregunta (la reflexión o aplicación: ¿Habrá situaciones o personas en el culto de su iglesia que toman el lugar del Espíritu Santo?

II  LA DIRECCIÓN DEL ESPÍRITU SANTO EN EL CULTO (HECHOS 4:31; 13:2)

1- En el Antiguo Testamento

Los episodios del Antiguo Testamento que nos ilustran sobre el culto a Dios nos muestran con claridad que el Espíritu Santo siempre ha estado presente, y que despliega su función, aunque no se le recalca. Desde Abraham, Isaac y Jacob, de forma particular, hasta el Sinaí y las jornadas de Israel en el desierto con Moisés, bajo la tienda del tabernáculo de reunión, la presencia divina se hacia patente mediante su poderoso Espíritu. Incluso la dirección del Consolador la podemos ver durante la monarquía, a través de la actividad de los reyes que, en su obediencia, jamás dejaron de lado el culto a Dios. A diferencia de otras religiones, cuyas actividades convergían en simples ritos vacíos, el culto hebreo se distinguía por la calidad santa con la que sus participantes debían adorar, lo que provocaba una sensibilidad a la presencia del Espíritu Santo. Esta es la constante en la rendición de los israelitas, el Espíritu de Dios se manifestaba de distintas maneras, hablando al pueblo, bendiciéndolo, trayendo revelación y ministrando las vidas. Así entendemos que los hombres de Dios fueron guiados por el Consolador para desarrollar de forma magistral el culto a Jehová; todo el proceso del mismo, desde los sacrificios y ofrendas, las ceremonias y fiestas, eran detalladas por la intervención del Paracleto, y todo esto en un lugar específico.

2- En El Nuevo Testamento

En el Nuevo Testamento, vemos que desde que Jesús ascendió a los cielos, la incipiente iglesia comenzó a reunirse en un solo lugar (Hechos 1:13, 14; 1 Corintios 14:23). Los ciento veinte tuvieron cultos de oración durante diez días, hasta que el Espíritu Santo descendió y los llenó a todos. A partir de ese momento, y hasta entonces, la presencia del Consolador ha sido constante en la celebración del culto a nuestro Dios.

La oración permaneció con un toque más que poderoso (Hechos 4:31), lo cual provocaba que se predicara la Palabra con poder. Además se incluyó la lectura bíblica y el partimiento del pan. Todo era dirigido magistralmente por el Espíritu Santo, y su poder se hacía manifiesto. Se comenzaron a realizar los cultos con un orden (1 Corintios 14:23-26), cuyo propósito era la edificación de la iglesia.

El culto de la iglesia primitiva incluía salmos y cánticos Espirituales (Efesios 5:19), considerando siempre la decencia y el buen orden. La predicación de la Palabra no se pasaba por alto en ninguna circunstancia, siendo Pedro la punta de lanza el día de Pentecostés y en otras ocasiones; es de notar que los demás miembros de la iglesia también lo hicieron, como los diáconos y los demás apóstoles, incluido Pablo. Todo esto se debía a la siempre oportuna dirección del Espíritu Santo en el culto.

Pregunta de reflexión o aplicación: ¿Qué ha cambiado en la celebración del culto entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, también comparándolos con la liturgia actual?

III. EL ESPÍRITU SANTO EN EL CULTO HOY (HECHOS 13:2; EFESIOS 5:18, 19)

1- El Espíritu Santo y la oración en el culto

La oración colectiva era común en la congregación primitiva, y fue una de las prácticas que mayores resultados daba. Cuando lo hacían, el lugar donde estaban temblaba, eran llenos del Espíritu Santo, hablaban en otras lenguas, sucedían milagros (Hechos 1:14; 4:31; 12:5). Así la iglesia actual debe considerar la oración como parte determinante de su liturgia. Es cierto que la oración individual es también importante, pero no debemos olvidar que cuando la iglesia se une en un mismo propósito, suceden cosas sobrenaturales. En nuestros cultos deberíamos dedicar, por lo menos una vez a la semana, un servicio que enfatice la oración. Aquí puede crearse una atmósfera muy propicia para la manifestación gloriosa del Espíritu Santo.

2- El Espíritu Santo y la alabanza en el culto

Debemos analizar con mucho cuidado el contenido de nuestra alabanza, la letra de las canciones y el origen de éstas. La iglesia debe dirigir su adoración solamente a Dios. Recordemos que hay un tiempo para cantar, y este no debe interferir ni suplir el tiempo (le la prédica. Es lamentable que haya iglesias donde el culto sólo se centra en la música, perdiéndose la predicación, supuestamente porque Dios ya habló a través de la alabanza.

Existen iglesias que pueden pasar horas de pie, “alabando a Dios”, moviéndose de un lado a otro, pero en cuanto se acaba la música, parece que se acaba también el gozo. Algunas incluyen en su repertorio canciones románticas que más que ensalzar a Cristo, exaltan los sentimientos del hombre. Una alabanza pura, bíblica, guiada por la presencia poderosa del Espíritu Santo, y dirigida a nuestro Dios, debe considerarse como prioridad en el culto.

3- EL Espíritu Santo y la predicación en el culto

En sus cultos, la iglesia primitiva no olvidaba la predicación de la Palabra; su exposición era insustituible y su final era poderoso. Recordemos que la Escritura es utilizada por el Espíritu Santo para redargüir, enseñar, corregir, pero sobre todo para convencer de pecado y traer salvación. Todas y cada una de las actividades realizadas en el culto son importantes, siempre y cuando se les dé un tiempo y lugar adecuados. Pero ninguna actividad suplirá jamás la exposición de la Biblia. Mientras ésta es proclamada, el Consolador se mueve edificando a la iglesia.

4- La voz del Espíritu Santo en el culto

No debemos pasar por alto la voz del Espíritu en el culto. No debemos considerar esto como algo extraño o fuera de lugar. Al contrario, en la iglesia es común que el Espíritu hable, no hay un mejor lugar para escuchar su voz como en la congregación local. Es allí, en medio de la oración colectiva, de la alabanza, de la predicación, el momento más propicio para oír al Consolador. Sin embargo, no olvidemos discernir entre la expresión divina y la humana; la primera bendice y edifica, la segunda sólo emociona.

Pregunta de reflexión o aplicación: ¿Qué otro aspecto del culto debe estar dirigido por el Espíritu Santo?

CONCLUSIÓN

En la iglesia, la importancia del culto no se basa en su gran asistencia o en los recursos tecnológicos a los que se tenga acceso. Aunque toda actividad y recurso tiene su debida importancia, la presencia del Espíritu Santo no sólo será importante, sino determinante. Su dirección llevará a la iglesia a establecer servicios en un plano mayor, en el sentido Espiritual. La voz del Consolador divino se oirá a través de la exposición de la Palabra y de la ministración poderosa que fluye en un culto bien organizado, y guiado magistralmente por el Espíritu de Dios.

APRENDIMOS-  ¿Qué significa la palabra “culto”? 2. ¿En qué radica la importancia de un buen culto a Dios?

fuente: libro de eccad la teologia del culto, transcrito para el sitio. lección 13

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