El término “legalismo” o “legalista” no se encuentra en la Biblia, sin embargo es un término muy común dentro del cristianismo, y a pesar de no encontrarlo en la biblia, el apóstol Pablo trata de manera muy especial este tema con la iglesia primitiva.

En el evangelio de la cruz la aceptación de Dios para con nosotros viene primero y la obediencia es el resultado externo de esa aceptación. En el legalismo el proceso es de manera opuesta: ya que la obediencia viene en primer lugar para tratar de sentirnos aceptados por Dios, sin pensar que esto no es posible sin la gracia de Dios en nuestras vidas.

Precisamente eso fue lo que sucedió con los creyentes de la iglesia de Galacia, quienes al principio recibieron el evangelio por medio de la gracia de Dios, pero con el pasar del tiempo algo paso, comenzaron a pensar que era necesario regresar a la ley para poder obtener la gracia de Dios en sus vidas, eso trajo como consecuencia que se extraviaran de su Fe. Es por eso que el apóstol Pablo en Gálatas 3:1-5 les dice esto:

“¡Oh gálatas insensatos! ¿Quién os fascinó para no obedecer a la verdad, a vosotros ante cuyos ojos Jesucristo fue ya presentado claramente entre vosotros como crucificado? Esto solo quiero saber de vosotros: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe? ¿Tan necios sois? ¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora vais a acabar por la carne? ¿Tantas cosas habéis padecido en vano? si es que realmente fue en vano. Aquel, pues, que os suministra el Espíritu, y hace maravillas entre vosotros, ¿lo hace por las obras de la ley, o por el oír con fe?

Aunque muchos de nosotros entendemos cual es nuestra declaración de fe, y nos consideramos buenos discípulos del Señor que aún seguimos trabajando para lograr alcanzar la estatura del Varón Perfecto, no tengo la menor duda que al igual que los creyentes de Galacia corremos el mismo peligro de estar experimentando el legalismo en nuestras vidas sin habernos dado cuenta.

Por lo tanto necesitamos conocer que es el legalismo y porque representa un peligro para nosotros:

1.- Es atribuirle efectos de salvación a las obras, prácticas o conductas cristianas.

Hechos 15:1 Entonces algunos que venían de Judea enseñaban a los hermanos: Si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés, no podéis ser salvos.

Hacer esto equivale a decir que el sacrificio de Jesucristo no fue completo, no fue suficiente. Y esto es una agresión directa a Dios. Y al querer añadirle a ese sacrificio es como decirle: Señor Jesús, el sacrificio que hiciste quedo incompleto pero no te preocupes yo voy a completarlo con mi conducta, con mis obras etc.

2.- Es atribuirle efectos de santificación o purificación a prácticas piadosas, ritos o conductas religiosas.

Mateo 15:1-2 Entonces se acercaron a Jesús ciertos escribas y fariseos de Jerusalén, diciendo: ¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de los ancianos? Porque no se lavan las manos cuando comen pan.

Todos sabemos que por cuestión de higiene debemos lavarnos las manos antes de comer, para evitar enfermedades infecciosas. Cuál era el punto aquí (Mateo 15:1-2) Ellos le atribuían poderes de santificación espiritual ya que esto era un ceremonial, y aparte de que efectivamente era por higiene, ellos creían que al lavarse las manos estaban limpiando su conciencia y que al tomar los alimentos con sus manos limpias para comerlos, en ese momento no solo alimentaban el cuerpo sino que se purificaban. Para ellos no era un simple lavarse las manos,  era más que eso, recuerda el episodio de Pilatos con Jesús, en el momento de la entrega de Jesús para ser crucificado se lava las manos para limpiar su conciencia y manifestarse inocente ante la crucifixión de él.

3.- Es atribuirle efectos de aprobación y merecimiento de las bendiciones de Dios, por hacer ciertas prácticas, conductas o ritos.

Lucas 18:9-14 A unos que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros, dijo también esta parábola: Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano. El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano. Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador. Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido.

Aparentemente, ¿quién merecía el perdón de su pecado? Se supone que el fariseo, porque la conducta y sus prácticas religiosas le hacían creer tener el derecho de ser perdonado por Dios. ¿Quién crees que recibió primero el perdón de Dios? El publicano. El verdadero cristianismo está basado en la obra de Cristo, en lo que él hizo por nosotros, y todo lo que hemos recibido es por gracia. Las bendiciones de Dios jamás se compran, la santidad jamás se compra. Lo que tú quieres no se puede comprar con nada. Con estar aquí, con cumplir, con hacer esto, con hacer aquello. “No, es que yo merezco la bendición de Dios, porque siempre estoy orando y no soy como los demás hermanos que andan haciendo maldad”; nosotros no merecemos nada; lo único que tenemos que hacer es buscar primeramente el reino de Dios. Eso es lo que te dice Dios, búscame y hallaras lo que necesitas. Porque todo lo que tenemos y hacemos es por gracia. Todo es por gracia de Dios.

CUANDO ENTENDEMOS ESTO NUESTRA ORACIÓN Y NUESTRA ACTITUD CAMBIA, DE MODO QUE PODEMOS DECIR: AL SEÑOR LE OBEDEZCO ME BENDIGA O NO ME BENDIGA, LO AMARE ME PROSPERE O NO ME PROSPERE, LO SEGUIRÉ ME SANE O NO ME SANE.

Qué difícil es para nosotros entender que ya somos bendecidos por lo que él ha hecho, necesitamos recordar que no es por nuestra obediencia que somos aceptados ni bendecidos por Dios.

¡Porque de él, por él y para él son todas las cosas y por lo tanto que solo a él sea la gloria!

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