El 25 de marzo de 2018, Jennifer Hart conducía el coche familiar junto a su pareja Sarah como copiloto, legalmente su esposa. En los asientos de detrás se encontraban sus seis hijos adoptivos.

El coche cayó por un acantilado de 30 metros en la costa del Pacífico. El terrible accidente acabó con la vida de Jennifer y Sarah Hart y de sus seis hijos adoptivos. El caso conmocionó a la opinión pública estadounidense, algo que ahora se ha convertido en indignación.

Un año después del trágico suceso, la investigación judicial llevada a cabo confirma las sospechas de los informes previos forense y policial. En realidad, el accidente fue un suicidio pactado entre las dos mujeres para matar a toda la familia.

El sistema informático del coche reveló que se detuvo y luego aceleró rápidamente en dirección al acantilado, lo que indica que muy probablemente fue conducido hacia el abismo de forma intencionada.

La justicia ha determinado que Jennifer Hart, militante LGTBI, había bebido bastante alcohol (seguramente para “coger valor”) y Sarah había tomado varias pastillas sedantes, al igual que sus hijos, para “adomilarse”. Ambas mujeres estaban previamente acusadas de graves delitos de abuso sobre sus hijos adoptivos, y las autoridades indican que posiblemente tomaron la decisión de suicidarse junto a sus hijos por la presión.

Tras la sentencia del jurado de California confirmando que la tragedia fue provocada, esto ha obligado a cambiar los informes del atestado pasando de “accidente” a “suicidio” para el caso de las dos mujeres, y a “homicidio” en lo referente a los seis hijos adoptivos de la pareja.

Antecedentes de abusos

Todo comenzó dos años antes, cuando empezaron las denuncias de los allegados sobre supuestos abusos sobre los chicos: Markis (19 años), Jeremiah (14 años), Abigail (14 años), Devonte (15 años), Hannah (16 años) y la pequeña Ciera (12 años).

A pesar de que en las fotos en las redes sociales de la pareja siempre se podían ver amplias sonrisas, camisetas a juego y eslóganes como “el amor siempre es hermoso”, la realidad dentro de la casa Hart parecía diferente.

En el momento del suceso se estaban estudiando los hechos denunciados. Días antes los servicios sociales habían investigado a la pareja por posible abusos o negligencia en el cuidado de los niños. Varios de ellos, así como vecinos, habían acusado a las dos mujeres de maltratarlos y no darles comida.

Los fallos del sistema

Aunque Jennifer y Sarah no pueden ser juzgadas por lo que sucedió en ese acantilado de California, este caso puede ayudar a revisar la supervisión federal en torno a posibles abusos, ya que cinco estados están involucrados con las adopciones de los chicos y las denuncias de abuso. No existe una base de datos nacional para conocer los antecedentes de los futuros padres adoptivos, por lo que los responsables afirman que este momento puede ser clave para legislar en torno a los abusos infantiles.

fuente: evangelicodigital –

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