Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio… (Salmos 51:10).

De dónde surge una expresión de súplica tan sublime? Todos los hombres pecamos (Romanos 3:23), sin embargo, no todos tenemos la actitud correcta frente a nuestro pecado. Un ejemplo que nos muestra la diferencia de un corazón limpio se encuentra en las vidas de dos personajes que tienen una investidura de rey y muchas otras cosas en común pero un corazón radicalmente diferente. Ellos son Saúl y David.

  • Los dos eran jóvenes de buen parecer cuando Dios los ungió y puso como rey sobre Israel.
  • Los dos provenían de tribus o ciudades pequeñas y de familias no ricas.
  • Los dos se consideraban indignos de ser ungidos como rey.
  • Los dos fueron ungidos con el aceite de la santa unción y por el mismo profeta.
  • Los dos tenían treinta años aproximadamente cuando comenzaron a reinar.
  • Los dos gobernaron 40 años.
  • Los dos hicieron grandes proezas para Dios.

Además de estas similitudes, también tienen en común que ambos cometieron pecados durante sus respectivos reinados; pecados que encendieron la ira Dios. Sin embargo, encontramos también que cuando Dios decidió castigar a ambos, Saúl fue desechado del trono de Israel y, por el contrario, David y su descendencia se afianzaron en el reino.

¿Por qué Dios no desechó también al rey David? ¿Acaso Dios hace acepción de personas? ¿Sería Dios condescendiente con David por tener hacia él un amor diferente? ¿Cuál fue la razón por la que Dios no actuó de la misma manera con Saúl? La diferencia no consistió en que uno fuese santo y el otro pecador. Más precisamente, la diferencia radicó en la actitud de un corazón humilde, que desea estar limpio para agradar a Dios.

El nivel de oración de este salmo surge de un corazón con actitudes y expresiones que debemos considerar.

1. Surge de un corazón confrontado con su pecado

El salmista había recibido la palabra del profeta Natán donde se le confrontó y dijo que había pecado. …Tú eres aquel hombre… ¿Por qué, pues, tuviste en poco la palabra de Jehová, haciendo lo malo delante de sus ojos? A Urías heteo heriste a espada, y tomaste por mujer a su mujer, y a él lo mataste con la espada de los hijos de Amón (2 Samuel 12:7-9).

La ley demandaba sentencia de muerte por los dos pecados de David: el adulterio con Betsabé (Deuteronomio 22:22) y el asesinato de su esposo Urías (Números 35:20, 21). David no podía restaurar la pureza a Betsabé ni la vida a Urías; pero fue perdonado porque la gracia de Dios es mayor que el pecado humano. Distinto a otros reyes que trataron de matar a los profetas que los confrontaron con su pecado (1 Reyes 13:4; 19:2; Jeremías 26:11), David reconoció la verdad de las palabras del profeta Natán y públicamente reconoció su pecado.

2. Surge de un corazón que se humilla en arrepentimiento

La buena obra hecha en todo penitente verdadero es un espí- ritu quebrantado, un corazón contrito y humillado, y pesar por el pecado. Es un corazón tierno y dócil a la palabra de Dios. Por eso expresó: Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; Conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones. Lávame más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado. Porque yo reconozco mis rebeliones, y mi pecado está siempre delante de mí (Salmos 51:1-3).

3. Surge de un corazón que anhela la presencia de Dios

David sabía que había entristecido al Espíritu Santo con su pecado y lo había provocado a alejarse. Ese alejamiento es lo que más temor le produce. Pide que le sean restauradas las consolaciones divinas. Por eso clama No me eches de delante de ti, Y no quites de mí tu Santo Espíritu. Vuélveme el gozo de tu salvación, y espíritu noble me sustente (Salmos 51:11, 12).

4. Surge de un corazón que desea ser limpio para volverse a la plenitud del ministerio

David expresa a Dios que si lo purificaba, limpiaba y lavaba, se involucraría por completo en su servicio y pide cosas que son resultado del deseo de un corazón que anhela estar limpio.

51:13. En primer lugar: David expresó a Dios que si lo limpiaba, enseñaría a los transgresores los caminos del Señor.
51:14, 15. En segundo lugar: David prometió que si Dios lo limpiaba, le cantaría y alabaría por su justicia. Solamente podía exaltar a Dios después de haber sido lavado de su culpa.
51:16, 17. En tercer lugar: David aseguró que si Dios le concedía el perdón de sus pecados, ofrecería sacrificios a él; el salmista sabía que Dios no quería solamente un holocausto (sacrificio de animal). Necesitaba hallar perdón antes de poder ofrecer los sacrificios de paz a Dios. El sacrificio que tenía que presentar consistía en un corazón contrito (molido) y humillado.

Como vimos la expresión Crea en mi, oh Dios, un corazón limpio… surge del interior de un hombre que, sin importar su investidura de rey, se despoja de ella y desea humillarse y expresar su arrepentimiento, su vergüenza y que desea un nuevo corazón limpio, para alcanzar la plenitud en su presencia y en su servicio a Dios. Con razón Dios dijo de él un hombre con forme a mi corazón. David desbordó en la oración de este salmo su anhelo y deseo de ser limpio.

Dios nos invita a analizar nuestro corazón sin importar nuestra posición ministerial y a tomar cambios basados en la confrontación de su Palabra, humillándonos en arrepentimiento, sumergidos en un clamor por su presencia y por servir plenamente al Señor en la predicación del santo evangelio, en la alabanza y en la adoración, procurando siempre tener un corazón limpio delante de él.

fuente: aviva

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