No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley. (Romanos 13:8)

No seas de aquellos que se comprometen, ni de los que salen por fiadores de deudas. (Proverbios 22:26)

L a deuda es un compromiso de pago obligado entre dos entidades (persona, grupo, empresa, Estado). Las deudas juegan un rol central en la organización y en las actividades humanas, sobre todo económicas.

Las deudas son causa de preocupación, temor e incertidumbre, por ende perturban la felicidad de una persona o de un hogar. Muchas personas tienden a endeudarse con frecuencia, no pueden resistir el hábito de adquirir lo que desean aunque por ello empeñen o comprometan sus bienes materiales, incluso los hipotequen ante las instituciones de crédito.

La Biblia en reiteradas ocasiones nos enseña a evitar el endeudamiento. Las deudas sólo deben ser justificadas por una gran necesidad –como la salud, un litigio en defensa propia o de la familia– y no por gustos, lujos o placeres temporales. A través del presente ofrecemos algunos principios que pueden ayudarnos a conocer los peligros que representan las deudas y como enfrentarlas.

Planifique sus ingresos financieros

La persona, empresa o nación que gasta más de lo que percibe va irremediablemente a la quiebra. Una persona que percibe de salario cien pesos no puede gastar ciento veinte pesos, si lo hace ya está incurriendo en una deuda. evite el mal hábito de endeudarse Tenga mucho cuidado con las tarjetas de crédito. Hay quienes piensan que el dinero que ofrecen los bancos a través de éstas es una extensión de su sueldo; lamentablemente no es así.

El dinero de las tarjetas bancarias es caro, y es del banco, no de usted. Preferentemente no haga uso de ellas, y si lo hace hágalo de acuerdo a sus ingresos y sólo en casos muy necesarios, tales como pago de boletos de avión, consultas médicas o situaciones graves que lo ameriten, como ya dijimos antes, pero siempre y cuando el préstamo esté dentro de las posibilidades de pago de quien lo solicita.

Planifique sus compras

Hay que ser sabio en las compras que se realizan. No gaste su dinero en gustos, sino en necesidades. La mayoría de la gente compra comida por antojo y no por alimentarse correctamente. Comer así no sólo es costoso, sino que pone en riesgo la salud física y financiera de la familia. Antes de comprar un auto, una casa o seleccionar una escuela de paga, debe ver si esto es realmente necesario y si está dentro de sus posibilidades financieras. No busque comprar marcas sino suplir una necesidad correctamente.

No compre para competir con los demás o para no “quedarse atrás”. No trate de vestir, comer o desenvolverse, usted y su familia, de acuerdo a una clase a la que no pertenecen. En este rubro es mejor ser realista y evitar caer en el terreno del endeudamiento. Los pensamientos del diligente ciertamente tienden a la abundancia; mas todo el que se apresura alocadamente, de cierto va a la pobreza (Proverbios 21:5).

Establezca la cultura del ahorro

Es maravilloso ver cómo Dios por medio de su Palabra nos enseña la importancia de hacer provisión para el futuro a través del ahorro: Ve a la hormiga, oh perezoso, mira sus caminos, y sé sabio; la cual no teniendo capitán, ni gobernador, ni señor, prepara en el verano su comida, y recoge en el tiempo de la siega su mantenimiento (Proverbios 6:6-8). Ahorrar es una disciplina que en su momento traerá solución a situaciones difíciles de la vida. El ahorro debe ser sistemático, por ejemplo, puede ser, semanal, quincenal o mensual, dependiendo cuándo percibe sus ingresos financieros.

La cultura del ahorro realmente es un deber de todos, y los padres deberían fomentarla en sus hijos. Se ha de ahorrar un porcentaje de los ingresos; puede ser un 25% como mínimo. Obviamente después de haber diezmado y obtenido la despensa y haber hecho los pagos de servicios públicos, sería fabuloso aumentar el porcentaje de ahorro. Guardar una parte de los ingresos es una disciplina maravillosa porque siempre habrá provisión cuando se presenten las necesidades.

También nos permitirá obtener un patrimonio, por ejemplo, comprar una casa o un vehículo, ayudará para la escuela de los hijos y para tener recursos para los años de vejez o incapacidad física. Ahorrar no sólo es guardar dinero; el ahorro es evitar gastos innecesarios. Debemos gastar el dinero en suplir nuestras necesidades básicas. Los antojos o gustos personales se harán cuando las condiciones económicas lo permitan, de esta manera evitará endeudarse o derrochar indebidamente los recursos. Ahorrar es también evitar el desperdicio. No compre comida de más.

Aprenda a utilizar únicamente lo necesario. Es triste ver personas que tiran la comida, porque al día siguiente nadie en casa la quiere comer, cuando hay mucha gente que carece de ella. Por último, la cultura del ahorro nos hará sabios en la adquisición y administración correcta de los recursos materiales que Dios pone en nuestras manos.

Sea fiel en su mayordomía con Dios

La práctica de una mayordomía fiel a Dios comienza con la conciencia de que todo es de Dios. Vea lo que la Biblia dice al respecto: Tuya es, oh Jehová, la magnificencia y el poder, la gloria, la victoria y el honor; porque todas las cosas que están en los cielos y en la tierra son tuyas. Tuyo, oh Jehová, es el reino, y tú eres excelso sobre todos. Las riquezas y la gloria proceden de ti, y tú dominas sobre todo; en tu mano está la fuerza y el poder, y en tu mano el hacer grande y el dar poder a todos (1 Crónicas 29:11, 12).

Dios es dueño de todas las cosas y determina las bendiciones para el ser humano que le honra y le sirve en todos los aspectos de la vida. Reconocer la soberanía del Altísimo implica darle el porcentaje de lo que él nos pide para el sostenimiento material de su obra. La práctica de fidelidad a Dios consiste en darle a él la parte que le corresponde. Desde tiempos remotos, encontramos en la Biblia hombres como Abel, Noé, Abraham, Jacob y David, entre otros más, que fueron fieles en su mayordomía con Dios. Jacob hizo un pacto con Dios: y de todo lo que me dieres, el diezmo apartaré para ti (Génesis 28:22). Y vemos posteriormente el pacto cumplido por Jacob, asimismo el progreso financiero material y espiritual en su vida y familia.

El diezmo no es opcional, es un mandato que Dios estableció en su palabra para su pueblo. El diezmo no es un compromiso con el hombre, es un compromiso con Dios. El diezmo es una forma de adoración al Señor, por su bondad y su providencia. La práctica de dar a Dios nuestros diezmos, ha de ser de una forma disciplinada y sistemática. Antes de hacer cualquier erogación con sus ingresos por concepto de sueldos, ventas, etc. debe apartar el diez por ciento para el Señor y entregarlos a la iglesia donde usted es miembro. Ser fiel en la práctica de dar al Señor nuestros diezmos trae bendición y nos aleja del terrible mal de endeudarnos o vivir endeudados. Dios ama al dador alegre.

fuente: aviva 22 edición Enero 2017

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