Uno de los aspectos de gran importancia para los ministros y los creyentes es conocer la voluntad de Dios para sus vidas.

La Biblia está llena de enseñanzas al respecto, por ejemplo, Pablo ordena en su carta pastoral a los efesios: Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos. Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor (Efesios 5:15-17).

En estos tiempos peligrosos somos bombardeados por enseñanzas heréticas, sobre todo de los grupos llamados de la “nueva expresión”, los cuales proclaman que en lugar de buscar la voluntad de Dios y someterse a ella, el creyente y mucho más el ministro tienen el poder en su vida para “confesar”, “decretar” y “declarar” lo que les conviene; o en su defecto “rechazar” o “cancelar” lo que según su propia opinión no les es favorable.

formas de conocer la voluntad de Dios Con ello se pisotea y hasta se denigra la soberanía del Omnipotente. Sin embargo, el creyente que profese lealtad a la doctrina ortodoxa ha de recurrir aún a las formas correctas para conocer la voluntad de Dios. Veamos algunas de ellas.

Las Sagradas Escrituras La afirmación davídica de Salmos 119:105, Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino, debe ser puesta en práctica todavía a fin de conducirnos dentro de la voluntad divina Para que la Biblia sea una forma efectiva de conocer la voluntad de Dios se debe leer con una correcta hermenéutica, de lo contrario el hombre puede tergiversar lo que el Señor desea para su vida e incluso justificar acciones pecaminosas. Por otro lado, se ha de evitar leer al azar la Santa Palabra. Recordemos aquella antigua anécdota de aquél que consultó aisladamente los textos de Mateo 27:5 b, Lucas 10:37 b y Juan 13:27… y fue y se ahorcó… Ve, y haz tú lo mismo… Lo que vas a hacer, hazlo más pronto.

El Espíritu Santo Dios nos ha dado el Espíritu Santo para manifestarnos su voluntad a través de él. Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad (Juan 16:13). Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios (Romanos 8:14).

Es importante aclarar que en algunos casos se puede confundir la voz del Espíritu Santo con la voz interior del propio creyente, como ocurrió en los tiempos de Jeremías: Me dijo entonces Jehová: Falsamente profetizan los profetas en mi nombre; no los envié, ni les mandé, ni les hablé; visión mentirosa, adivinación, vanidad y engaño de su corazón os profetizan.

Pero también esa voz puede proceder del Espíritu Santo, por ejemplo, el caso del joven Samuel (1 Samuel 3). ¡Busquemos en oración la dirección del Espíritu Santo! Consejos de otros creyentes

Una de las máximas que mi padre tenía era: Los jóvenes para la guerra y los viejos para el consejo. Dios se vale en ocasiones de creyentes maduros espiritualmente y con experiencia a fin de emplearlos como medios para manifestar su voluntad hacia nosotros. Salomón escribió en Proverbios 19:20: Escucha el consejo, y recibe la corrección, para que seas sabio en tu vejez; y en Proverbios 24:6 se nos dice: Porque con ingenio harás la guerra, y en la multitud de consejeros está la victoria.

El peligro de esta forma de conocer la voluntad de Dios es que el consejero actúe en discordancia a los preceptos divinos y quien acude en busca de consejo no lo alcance a discernir. Por otro lado, cuando el consejo es acertado, es imprescindible que se ponga por práctica, aun cuando no sea lo que nosotros deseemos, de lo contrario los resultados serán desastrosos. Para ilustrar lo anterior, se cuenta de un joven que deseaba casarse pero tenía dos novias y no se decidía por una de ellas, porque según él a ambas amaba. Acudió a su pastor para que lo aconsejara. El siervo de Dios después de orar y de meditar al respecto le dio el siguiente consejo: –Esta tarde te montas en tu caballo, pero no lo dirijas, deja que él te lleva hacia la señorita con la cual te casarás. Poco tiempo después regresó el muchacho con la elegida y pidió al pastor que oficiara la boda, a lo cual el ministro con gusto accedió. Al transcurrir menos de un año, aquel joven vino muy triste a comunicarle al siervo del Señor que se divorciaría porque su matrimonio no había funcionado. –¿Hiciste lo que te dije aquella ocasión que me pediste consejo para casarte? El joven respondió: –La verdad, pastor, es que al ver a donde se dirigía el caballo, yo le jalé la rienda”.

Las circunstancias Dios puede crear o permitir circunstancias para asistirnos en nuestro discernimiento acerca de su voluntad.

Las puertas que se abren o que se cierran pueden ser evidencias de la voluntad divina. En Hechos 16 se narra como el apóstol Pablo y su equipo misionero quisieron predicar el evangelio en Frigia y la provincia de Galacia, pero el Espíritu Santo se los prohibió. Después intentaron llevar las buenas nuevas a Bitinia y el Consolador nuevamente no se los permitió. Lucas no especifica cómo fueron esas prohibiciones, seguramente se crearon circunstancias adversas para que los misioneros entendieran que la voluntad de Dios era llegar a otro continente y no a esas regiones. Un punto de peligro en esta forma de acceder a la voluntad divina, es que el creyente sea tentado a renunciar a su perseverancia en el Camino en lugar de permanecer fiel a Dios a pesar de las circunstancias. Los expertos en consejería afirman que es mejor combinar dos o más formas de conocer la voluntad de Dios para tener la seguridad de que se transita en ella. No olvidemos que uno de los frutos inequívocos de vivir en la soberanía de Dios es que experimentamos paz en nuestro interior.

Que se cumpla en nosotros el deseo paulino de Filipenses 4:6-7: Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.

fuente: revista aviva –

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