GRATITUD por Pbro. Erick Sánchez Herrera

Dios quiere que seamos agradecidos todo el tiempo, en todas las cosas. El imperativo de Pablo a los creyentes de Tesalónica es: Dad gracias en todo… y explica: …porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús (1 Tesalonicenses 5:18). La gratitud es la virtud que debe distinguir a quienes son salvos, llenos del Espíritu, santificados, sumisos y quebrantados.

Podemos definir la gratitud como un sentimiento de aprecio y valoración por las acciones que otros hacen a favor nuestro. La gratitud se considera una virtud en casi todas las culturas. Este valor va más allá de la emoción; nos hace ver lo bueno que hemos recibido de Dios y de quienes nos aman. El hombre por naturaleza da por sentado las cosas buenas que tiene y se centra más en las que no posee o en las cosas malas que hay en su vida. Expresar gratitud nos ubica en la vía de muchos beneficios, como una mayor felicidad, relaciones más satisfactorias, paz y sencillez de corazón para valorar y aprovechar día a día las bendiciones que Dios nos otorga.

No todas las personas pueden experimentar gratitud. Es una virtud de quienes buscan crecer y desarrollarse bajo un código de conducta que les conduzca por caminos exitosos. Quienes no son capaces de experimentar gratitud, no solamente tienen problemas de memoria, sino que también dan por sentado que merecen todos los beneficios que reciben. La gratitud es una virtud anexa a la justicia (Hebreos 12:28), tiene poder para producir cambios en las personas. Pero no siempre se tiene tendencia o habilidad para expresar gratitud. Los agradecidos son movidos por la generosidad y difícilmente dan cabida a sentimientos negativos. Éstos eligen ver lo mejor de las personas y guardarlo en la memoria, reconocen que la ayuda mutua es un valor importante y por eso no solamente son capaces de apreciar la ayuda que reciben, sino que gratitud también están dispuestos a ayudar a otros.

Por eso no todos saben agradecer ya que es una virtud que solamente tienen los mejores. Quienes han experimentado el milagro del nuevo nacimiento en Cristo, también han vivido un cambio en sus actitudes. Ser agradecido es una actitud acorde a la voluntad de Dios. Él quiere que demos gracias todo el tiempo. Por lo tanto, la gratitud es una virtud que debe ser aprendida y cultivada; no es sólo un impulso o una acción espontánea, sino que exige valores éticos y espirituales, en los que se tengan bien definidos los conceptos de dar y recibir, renunciando a la conducta egocéntrica.

La gratitud y sus efectos (Salmos 100:4; 115:1; Romanos 11:36; 2 Corintios 4:15).

  • La gratitud glorifica a Dios.
  • Un corazón agradecido reconoce la bondad divina.
  • Dar las gracias es una parte habitual de la adoración.
  • Un espíritu agradecido refleja humildad.
  • La gratitud aumenta la autoestima.
  • Ser agradecido fortalece el carácter cristiano y comportamiento ético.
  • Un corazón ingrato caracteriza a la humanidad caída.
  • La gratitud ayuda a construir vínculos sanos con los demás y evita las comparaciones negativas.
  • Ser agradecidos nos ayuda a adaptarnos a nuevas circunstancias.

Expresiones de la gratitud

  • Los pequeños detalles que nos suceden a lo largo del día y que hacen más fácil y satisfactorio nuestro vivir, merecen ser elevados a una expresión de gratitud.
  • Las bendiciones recibidas de parte del Padre por medio de su Hijo, como la salvación, la llenura del Espíritu Santo, el ministerio de la reconciliación, nuestra familia y otros, deben ser tema de agradecimiento.
  • Los favores recibidos, como el que otras personas nos hagan parte de su vida, que nos escuchen cuando tenemos problemas o que no nos rechacen cuando tenemos un mal día y estamos de mal humor, merecen una acción de gratitud. Si queremos expresar más sentimientos de gratitud y gozar de sus beneficios, hagamos lo siguiente:
  • Prestemos mayor atención a cualquier momento de la vida por el que debamos expresar gratitud.
  • Practiquemos día a día la gratitud. Expresemos directamente nuestro agradecimiento a los demás por lo que hacen por nosotros, sus detalles o su amabilidad; hablemos del efecto que tienen en nuestra vida.
  • Tengamos presente en nuestro corazón que sobre todo hemos de mostrar agradecimiento a Dios.

Matthew Henry (1662-1714), cuenta que un día fue asaltado y robado. Y en esa experiencia no agradable expresó su gratitud a Dios: Quiero ser agradecido primero, porque no me habían robado antes. Segundo, aunque me despojaron de mi porta monedas, no me quitaron la vida. Tercero, aunque me quitaron cuanto llevaba, no era mucho. Cuarto, gracias porque fue a mí a quien robaron y no yo quien robo. Vivamos siempre bajo la virtud del agradecimiento, estimando el beneficio recibido y correspondiendo a él de la mejor manera.

fuente: aviva 18 edición enero 2016

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