1 Corintios 10:14 – Por tanto, amados míos, huid de la idolatría.

La palabra “idolatría” evoca estatuas talladas que reciben la adoración de personas que están engañadas. Sin embargo, en 1 Corintios Pablo presenta una advertencia contra la idolatría que se nos aplica con tanta fuerza a nosotros, como a quienes vivían en las sociedades idolátricas del primer siglo, de esa advertencia, el apóstol nos recuerda que debemos mantenernos fieles a Cristo.

I-. Reconozcan el peligro de la tentación

A. Corran la carrera 1 Corintios 9:24‐27
Los corintios deben haber entendido muy bien la descripción que hace Pablo de la vida cristiana. Allí se celebraban cada tres años los Juegos Ístmicos o Panhelénicos, y en esos juegos, solamente los ganadores recibían un premio. Los destinatarios de las cartas de Pablo seguramente entendieron que debían concentrarse en el premio al correr la carrera de la vida cristiana (v. 24).
No obstante, tenemos que hacer una importante distinción: todos los cristianos recibimos un premio, o corona (2 Timoteo 4:8). Pablo insiste en la disciplina, con un enfoque constante en el premio (v. 25). La tarea no siempre es fácil, o incluso agradable, pero no se puede esperar victoria sin un entrenamiento constante (v. 27). Esta es una buena ilustración de la vida cristiana.

No debemos tomar la carrera livianamente, ni tampoco mezclar las prioridades (v. 26). Así como los atletas no pueden ceder a los apetitos que podrían dañar, o incluso destruir el cuerpo físico, tampoco los cristianos debemos alimentar las inclinaciones que desvían de la carrera que Dios ha puesto ante nosotros.
Pablo ilustra esto haciendo notar que él mismo trataba de tener dominio de su cuerpo, de los apetitos de la carne (v. 26). Resistía las tentaciones para favorecer sus actividades espirituales. Es sabio que reconozcamos los peligros a los que nos enfrentamos cuando nos ataca una tentación.

B. Hagan caso de las advertencias 1 Corintios 10:1-13
Después de su exhortación a concentramos en la carrera de la vida cristiana, Pablo nos hace una solemne advertencia. Acceder al pecado es un peligro para el alma; y quiénes somos de Dios debemos ver a los israelitas como claro ejemplo (1 Corintios 10:1‐8). Observe cómo Pablo usa la palabra “todos” en estos versículos. Dios bendijo a su pueblo. Sin embargo, algunos se rebelaron, y la consecuencia fue desastrosa.
Israel, por ser el pueblo escogido de Dios, tenía el deber de proclamar su gloria a las naciones. Dios los había libertado de su esclavitud en Egipto. La mención del bautismo (v.2) revela el compromiso a seguir el liderazgo de Moisés, puesto que a través de él, habían hallado la comunión con Dios. Durante su peregrinaje por el desierto, los israelitas recibieron una bendición tras otra. Observe la alusión al maná y al agua que brotó de la roca (Exodo 16:11‐15; 17:1‐7; Números 20:1‐11).
Sin embargo, el apóstol interrumpe abruptamente esta gloriosa escena en 1 Corintios 105. A pesar de esas bendiciones, los israelitas habían sido tan desobedientes, que muchos de ellos murieron en el desierto. Pablo señala que tanto los corintios, como los demás creyentes. debían reconocer la razón del juicio de Dios (v. 6). El pueblo adoptó apetitos pecaminosos y actitudes de desobediencia, que se manifestaron en prácticas idolátricas (v. 7). Este tema tocó muy de cerca a los cristianos de Corinto. La ciudad estaba sumida en la idolatría, y en todos los pecados relacionados con ella. La inmoralidad de las religiones paganas era reflejo de la rebeldía de los israelitas de la antigüedad. Los israelitas murmuraron y se rebelaron, porque rechazaron el plan de Dios. No estaban contentos con sus caminos; pensaban que habría sido mejor o más fácil seguir sus propios apetitos.

En el caso de los corintios, su trágica progresión en el pecado siguió un curso similar. Mantuvieron actitudes y prácticas incorrectas. Después pusieron a prueba al Señor, dando por sentado que El no los haría sufrir consecuencia alguna de sus acciones. Su rebelión se tomó en una idea torcida acerca de Dios, que los llevó a murmurar (vv. 9‐10). Pablo habló con claridad: Aprendan de los israelitas. No sigan el camino de la tentación. Manténgase enfocados en la carrera (v. 11; véase 9:24‐27).
Este capítulo termina con una advertencia. Algunos cristianos tal vez pensaban que eran “inmunes” al pecado. Esta forma de orgullo puede ser desastrosa (10:12‐13). Sin embargo, no debiéramos sufrir semejantes consecuencias. Dios nos ofrece una salida cuando enfrentemos una tentación. Y eso es lo que El quiere: que su pueblo se apoye en El y encuentre la fortaleza necesaria para rechazar el pecado.

II. Absténganse de la idolatría

A. Proclamen a Cristo como Señor – 1 Corintios 10:14‐17
Tal vez nos resulte difícil imaginar la idolatría en los días de Moisés y en el tiempo de Pablo. En muchos lugares del mundo se adora a dioses paganos, pero nosotros no vemos
personalmente esas prácticas.
Los cristianos de Corinto pasaban todos los días junto a los impresionantes templos de Apolo, Atenea y muchos otros dioses grecorromanos. Sus monedas llevaban la imagen de dioses griegos. Antes, los egipcios y también los cananeos habían adorado ídolos. La idolatría era normal; la adoración al Único Dios Verdadero era la excepción. Por eso, podemos concluir que el mandato de Pablo que leemos en 1 Corintios 10:14‐15 se refería a un problema de ellos, pero que no se aplica a nosotros.
Sin embargo, en 1 Corintios 10:16‐17, Pablo enfoca una práctica y un principio universales que nos recuerdan que sus enseñanzas tienen aplicación a todas las generaciones
de cristianos: el asunto es a qué, o a quién, aceptamos como Señor y Soberano de nuestra vida

Durante la Comunión, el pan y la copa son símbolo del sacrificio de Cristo a favor nuestro. Al recibirla, nos identificamos con El como Salvador y como nuestra única esperanza de salvación. Confesamos que El esSeñor. Este es un profundo acto de adoración en que nos presentamos con humildad ante Dios, exaltamos a Cristo y nos identificamos con el cuerpo de Cristo, la Iglesia.

B. Rechacen los ídolos 1 Corintios 10:18‐22
En 1 Corintios 10:18‐20, Pablo hace un contraste entre los sacrificios del Antiguo Testamento y las ofrendas paganas de Corinto. Cuando los levitas ofrecían los sacrificios, parte de la ofrenda era quemada. Otra parte era destinada al sostenimiento de los sacerdotes. También había otros sacrificios en que las personas comían parte de la ofrenda
que habían llevado al templo (véase Deuteronomio 12:15‐l9). Así, todo el que participaba de esa comida, participaba también en la adoración asociada con ese sacrificio.
La mayoría de los habitantes de Corinto disfrutaban en los banquetes paganos, que eran esencialmente la comunión con los demonios. Pablo habia hecho notar la importancia de
la comunión cristiana para señalar el peligro que significaba la participación en esos banquetes paganos. Sin embargo, algunos cristianos de Corinto. a pesar de haber salido de ese paganismo, aparentemente no habían dejado esos banquetes. Ellos, si participaban no era por los ídolos, porque sabían que estos no tenían poder. Pablo estaba de acuerdo en esto (véase también 8:4‐6), pero también insistía en que los cristianos no debían participar de manera alguna en festines donde se honrara a dioses paganos. Denunció lo incoherente que era participar en la Cena del Señor, y después ir y saciarse en los banquetes paganos. No podemos tener dos señores. Es inconcebible que el creyente participe en prácticas que constituyen adoración a objetos de impiedad, y al mismo tiempo afirmemos que adoramos al Señor. Pablo hace resonar claramente esta incongruencia (v. 22). y señala que esta clase de acciones despiertan el celo de Dios; El no quiere una adoración dividida. Es necesario que adoremos única y exclusivamente al Señor.

III . Sean una buena influencia

A. Usen su buen juicio 1 Corintios 10:23‐28
En cuanto a la libertad en Cristo, Pablo señala que a los cristianos se nos permiten muchas cosas (v. 23). En este caso se refiere al consumo de carnes sacrificadas en honor a los ídolos. Sin embargo, debemos tener en cuenta los beneficios y las limitaciones de nuestros actos.
El apóstol exhorta después a los corintios a escoger aquellas acciones que edifiquen a los demás cristianos (v. 24). No basta con llegar a la conclusión de que una actividad es permitida, porque no está prohibida, o no nos hace daño espiritualmente a nosotros. Debemos preguntamos si hay alguien más que será bendecido por nuestras obras, o que recibirá algún daño a causa de ellas.

Pablo aplica estos principios al consumo de carne sacrificada en honor de los ídolos (vv. 25‐26). Es posible que fuera difícil evitarla, porque los carniceros en ese tiempo, como costumbre, quemaban algunas
partes del animal como sacrificio. El apóstol le indica a los corintios que comieran sin hacer preguntas, puesto que esa como había perdido su significado religioso.
De igual manera, si aceptaban una invitación a comer en el hogar de un incrédulo, debían hacerlo sin preguntar cuál era el origen de la comida (v. 27). Los expertos hacen la observación de que Pablo se refirió al ambiente familiar, no a un banquete religioso. Las preguntas habrían sido ofensivas, y habrían perjudicado la relación con el anfitrión que no era creyente.
No obstante, también refiere una situación (que posiblemente se refería a creyentes que antes habían participado en la idolatría), en la cual el cristiano debía abstenerse de comer la misma carne que en otras situaciones le habría sido permitida (v. 28). Si alguien señalaba enfáticamente que la carne había sido sacrificada en honor de los ídolos, el cristiano debía abstenerse de comerla.

La otra persona, cuya conciencia es débil en ese aspecto, posiblemente por su trasfondo cree que no es correcto comer esa carne. Entonces, el primer cristiano debe abstenerse de comer esa carne, para no ofender la conciencia del otro cristiano.

B. Sean considerados unos con otros – 1 Corintios 10:29a 11 : 1
A continuación, Pablo plantea y responde dos preguntas (vv. 29‐33). En primer lugar, ¿por qué otra persona habría de guiar y limitar las acciones de un cristiano, si éstas son puras en otras ocasiones? Pablo señala que la libertad no debe ser usarse para ofender a otro cristiano. Las acciones de los cristianos, deben resultar en el provecho, y no en la destrucción de los hermanos en la fe.
La segunda pregunta de Pablo se centra en el carácter de un creyente cuyo corazón es sincero delante Dios, pero que se encuentra en riesgo de descrédito ante los ojos de sus hermanos en la fe. El creyente debe preocuparse de aquellos que tienen una conciencia más sensible que la suya. Si ese cristiano más sensible percibe sus acciones como muestras de hipocresía o sacrilegio, podria dudar de su fe o menospreciarla. Esto constituye pecado y deshonra a Dios.

Nuestra manera de representar a Cristo en el mundo solo será eficaz si lo imitamos a El. Cristo puso la necesidad espiritual del mundo por delante de su propia vida. Vivimos gracias a su sacrificio. Debemos usar nuestra libertad, no solo para nuestra gratificación, sino para imitar a Cristo y guiar a El a los perdidos.

La reflexión personal es fundamental para llevar a la práctica una lección como ésta. En primer lugar, debemos examinamos a nosotros mismos. Aunque seguramente usted no se sentiría atraído a la adoración de un ídolo, si hay un peligro real en que algo de este mundo comience a recibir la atención, o incluso la adoración, que solo debemos dar a Dios. Las Escrituras son muy claras cuando alertan al cristiano a huir de esas influencias. Considere con seriedad la tentación a la idolatría, y erradíquela con la ayuda de Dios.
Dedique un momento a examinar su relación con otros cristianos. ¿Está usted poniendo barreras en el camino de fe de ellos, por sutiles que sean? Ore que Dios lo ayude a ser más sensible a las convicciones de otras personas.

Cuando los cristianos ponemos la obra de Dios por delante de cualquier inclinación a la idolatría que nos tiente, descubrimos que tenemos más tiempo, más energía, e incluso más celo por esa obra. Concluya con un comentario sobre el tipo de ministerio o servicio al que Dios lo está llamando, y también sobre las cosas que podrían interferir con esa labor. ¿Están evangelizando? ¿Están discipulando nuevos creyentes? ¿Animando a otros creyentes? ¿Ayudando a los necesitados en la iglesia y en la comunidad? Ore que
Dios bendiga y dirija a sus alumnos mientras cumplen su ministerio

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