Casi siempre que hablamos acerca de visión, nos referimos a cómo ésta se trasmite e influencia a aquellos que la conocen.

Particularmente, decimos que la visión debe ser trasmitida del líder hacia aquellos que dirige, y que esta dirección, parte de la visión del propio líder. En el ámbito cristiano, nos referimos a la dirección que Dios le ha dado al líder según el propósito divino, como en el ejemplo de Nehemías. En este caso, Dios puso en el corazón del copero del rey de Persia la reconstrucción de los muros de Jerusalén, la cual se encontraba desprotegida. Cuando Nehemías llega a la ciudad, se encuentra que no solo los muros de Jerusalén se encuentran derribados, sino también el ánimo del pueblo; de ellos se ha apoderado el miedo, y la indiferencia. La visión de Nehemías para la restauración de los muros, influye en cada habitante de las ruinas de Jerusalén a tal grado, que en medio de carencias, amenazas, riesgo de ataques enemigos y burlas, lograron reconstruir el templo en un tiempo record de 52 días (Nehemías 6:15).

Este es uno de los muchos ejemplos bíblicos para hablar de la influencia que la visión del líder ejerce en sus seguidores, sin embargo, ¿podría suceder, que en algunos casos, sean los seguidores (el pueblo) quienes influyan en la visión del líder? Y si así sucede, ¿cuáles son los resultados de dicha influencia? ¿Influyen para bien o para mal? ¿Qué tan a menudo sucede? ¿Tenemos ejemplos bíblicos de esta situación? Y si así es, ¿cuáles fueron sus resultados?

Seguramente en alguna ocasión hemos escuchado expresiones tales como: “El que no oye consejo no llega a viejo”, o Donde no hay dirección sabia, caerá el pueblo; mas en la multitud de consejeros hay seguridad. (Proverbios 11:14). Sin embargo, ¿hasta qué punto el líder debe dejarse influenciar por el consejo de otros?

Existen algunos casos, en los que la influencia de otros beneficia la visión del líder, tal es el caso de Moisés y su suegro Jetro según Éxodo 18. La segunda parte del capítulo señala que Moisés juzgaba al pueblo desde la mañana hasta caer la tarde, (18:13) lo cual lo agotaba físicamente y le impedía realizar otras cosas de mayor importancia, por lo cual, su suegro le sugiere que nombre jueces que se encarguen de cuestiones menores y él tome las más importantes. Este hecho nos demuestra la importancia de tener una actitud humilde ante el consejo o la corrección de otros, mayormente, cuando se trata de un siervo de Dios.

Sin embargo, tenemos la contraparte, misma que está más presente en la Biblia. Es el caso en el cual, un líder con una visión y/o una orden dada por Dios, comete el error de dejarse influenciar por su pueblo, por desgracia, con un final desastroso. Saúl es el claro ejemplo de esto, según 1 Samuel 15, Saúl es enviado a destruir a la nación de Amalec, aparentemente todo marcha sobre ruedas, hasta que la influencia del pueblo sale a relucir, convenciendo a Saúl para que desobedezca la orden directa de Dios, preservando lo mejor del ganado y perdonando la vida de Agag rey de Amalec (1 Samuel 15:9). La influencia del pueblo llegó a tal grado, que aún cuando Samuel le advierte de su pecado y las consecuencias de éste, Saúl le requiere a Samuel que le honre delante de su pueblo Sé que he pecado. Pero al menos te ruego que me honres ante los ancianos de mi pueblo y ante Israel al volver conmigo para que adore al Señor tu Dios. 1 Samuel 15:30. Es difícil comprender cómo la opinión de su pueblo llegó a ser más importante que la de Dios mismo, y este hecho, le costó el reino.

La Palabra de Dios nos provee en su mayoría de ejemplos en los cuales, el pueblo hizo errar a su líder al dar su opinión, lo cual nos señala la importancia de tener una firme y clara convicción en lo que Dios nos ha llamado a hacer.

Entre las cosas que podemos resaltar, se encuentra la importancia de tener en cuenta el propósito. En el libro de Mateo 16:22-23 Jesús enseña una clara lección sobre no dejar que la influencia de otros nos desvíe de la visión y el propósito que Dios nos ha dado. Justamente después de anunciar su muerte, el apóstol Pedro sugiere algo que puede parecer muy sano, piadoso e incluso sabio: Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca (su muerte). A este consejo aparentemente piadoso, la respuesta de Jesús manifiesta la importancia de no perder de vista el propósito de Dios ¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres. El líder cristiano necesita estar consciente de que en ninguna manera debe dejarse mover del propósito para el cual Dios le ha llamado. Es fácil dejarnos llevar e involucrarnos en distintas actividades e ideas que en ocasiones, parecen piadosas, pero nos desvían de la visión que Dios nos ha dado. La clave al momento de decidir si voy a dejarme influenciar por otros o no, se encuentra en la respuesta de Jesús. No pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres. (16:23).

Como ministros y líderes del Señor, nuestra principal preocupación ha de ser poner toda nuestra atención en el propósito para el cual Dios nos ha llamado y cumplir así con la visión que nos ha encomendado. Cuando actuamos según la visión de Dios, vamos a influenciar a aquellos que nos quieren ayudar, pero también a los que nos quieren detener.

fuente: aviva 2014 edición 13

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