Así como un arquitecto necesita de un buen calibrador para medir objetos pequeños, una regla graduada, un escalímetro, un flexómetro, un micrómetro, un transportador para medir ángulos, un borrador, un sacapuntas y un lápiz, de la misma manera un líder necesita contar con las herramientas adecuadas para su trabajo.

Diría las esenciales para no cargar de más, que estén en buenas condiciones y a la mano para desempeñar su trabajo.

¿Qué podemos decir de un líder que pastorea una iglesia? Primero consideremos que, con el afán de construir rápido su iglesia, el líder busque materiales baratos, viejos o de mala calidad. O bien, en el afán de hacerla crecer a prisa para apantallar a la gente, lo haga de tal manera que no respete los principios eclesiológicos, doctrinales y de nuestra denominación, y al final el resultado no sea el esperado. Qué fácil es perder la visión, comprometer la misión, arriesgar la doctrina, y rebajar la institución con un falso anhelo de realización y crecimiento.

En el entendido de que se cuenta con una visión clara de lo que quiere, una misión de lo que va a hacer, y una estrategia definida de cómo va a operar o realizar dicha visión, entonces consideremos lo que se necesita en su caja de herramientas cada líder que pastorea una iglesia.

Primera herramienta: liderazgo Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros (2 Timoteo 2:2).

Es ingenuo afirmar que un pastor tiene una iglesia fuerte porque cuenta con muchos líderes. Es cierto en parte, pero consideremos que los líderes no aparecen o nacen solos, hay que hacerlos, comprometerlos, entrenarlos y formarlos.

Como verdaderos líderes tenemos que formar a otros que nos ayuden a levantar la próxima generación de obreros, pastores, plantadores de iglesias, misioneros, maestros y líderes denominacionales. Como pastores y líderes del rebaño observemos que la capacidad de liderazgo determina el éxito de tu organización (Maxwell). Quiere decir que necesitamos superarnos, estudiar permanentemente y afilar el hacha (Covey), ya que los miembros de la iglesia jamás superarán el nivel de liderazgo que tiene el pastor, y el día que lo superan tienden a marcharse.

Realmente tenemos que entender el valor que el liderazgo tiene para el fortalecimiento de la iglesia, institución o empresa.

Lidere a su iglesia, madure a sus miembros y hágalos líderes eficaces para que estén en su equipo. Comparta la visión, entrénelos, aclare funciones y delegue trabajo. Confíe en ellos, ya que se equivocarán como usted lo hizo cuando empezó. Su iglesia crecerá, así que no olvide llevar sus controles y métodos de rendición de cuentas para que no se le descarrilen sus líderes.

Segunda herramienta: los servicios de los días domingos

Lleguemos ante su presencia con alabanza; aclamémosle con cánticos (Salmos 95:2). El domingo es día del Señor y su servicio es de suma importancia. Es por esta razón que requerimos presentar un buen servicio.

Necesitamos evitar la monotonía ya que nuestro Dios es creativo. Seamos humildes y aprendamos de las empresas comerciales, cómo aprovechan la cultura y sus tradiciones para vender sus productos.

Nos motivan a comprar. Vemos luces, arreglos, aromas, colores, sonrisas, muñecos, amabilidad, tiendas bien arregladas, etc. Las palabras de los empleados que atienden son amables –¿se les ofrece algo?–. Son lugares atractivos e imponentes. Cuando mencionamos el servicio del día domingo como una herramienta para cumplir nuestra misión, nos referimos especialmente a la mentalidad conformista de un recinto sin pintura, oscuro, sin arreglos, sin luces, con malos olores, sin sonrisas, sin amabilidad, instalaciones como abandonadas, sin pintar. He aquí una pequeña lista que el líder debe proveer si quiere crecer y ser eficaz:

  • Tenga una buena iluminación y facilite espacios adecuados.
  • Procure una buena decoración. Lo mejor y más barato son las plantas, aproveche los días festivos.
  • Ofrezca atención a niños. Instalaciones limpias, seguras y con personal capacitado.
  • Tenga buenos baños, limpios y sin olores.
  • Use la “regla de los tres minutos”: ¿Qué pasaría si un invitado recibiera más de 50 saludos de hermanos de la iglesia? Es decir, que cada miembro se comprometa a saludar a tres visitantes.
  • Tenga buenos equipos de multimedia. Pase anuncios de calidad usando la creatividad; videos, boletines, power points, etc.
  • Brinde una alabanza contemporánea con la mejor calidad de sonido.
  • Predique con naturalidad y no religiosamente.
  • Tenga servidores corregibles, enseñables y dispuestos a rendir cuentas.

Evalúe su servicio dominical constantemente, qué está bien, qué está mal, qué está confuso y qué necesitamos mejorar.

Tercera herramienta: discipulado

Porque partiendo de vosotros ha sido divulgada la palabra del Señor, no sólo en Macedonia y Acaya, sino que también en todo lugar vuestra fe en Dios se ha extendido, de modo que nosotros no tenemos necesidad de hablar nada (1 Tesalonicenses 1:8). Provea como líder un proceso de discipulado intencional (Ruta de Crecimiento) para toda persona que reciba a Cristo.

Las personas necesitan de una guianza permanente en su crecimiento y servir a Dios para cumplir su misión en la tierra. En ocasiones creemos que la gente crece solamente viniendo al culto, a los estudios bíblicos y a otras actividades de la iglesia. Sin embargo, aprendamos que:

  • El crecimiento empieza con el compromiso
  • El crecimiento es un proceso donde no hay atajos.
  • El crecimiento involucra el desarrollo de hábitos espirituales.
  • El crecimiento requiere participación activa de cada creyente como servidor de Dios.

Tenemos muchos materiales que se producen en nuestro Concilio, como aquellos destinados para grupos pequeños o células, y para diversas edades. Solamente debemos ubicarlos en la necesidad correspondiente para edificar la iglesia. Discipular no es tarea fácil, es sembrar a largo plazo, pero es gratificante cuando viene la cosecha. No tengamos miedo y pidamos a las personas que se comprometan ya que si no lo hace usted como líder otros lo harán.

Cuarta herramienta: células o grupos pequeños

Este es el modelo bíblico del Nuevo Testamento. El crecimiento de la iglesia al principio fue tan grande que no había un lugar para congregar a todos al mismo tiempo: Y todos los días, en el templo y por las casas… y cómo nada que fuese útil he rehuido de anunciaros y enseñaros, públicamente y por las casas (Hechos 5:42; 20:20). Saludad también a la iglesia de su casa (Romanos 16:5; véase también Hechos 2:46; 8:3; 16:40; 1 Corintios 16:19; Colosenses 4:15.

Existen una serie de principios que permiten desarrollar su propio modelo, en su contexto y de acuerdo a sus propios recursos. Se requiere de una acción bien intencionada para cambiar vidas profundamente y eso lo podemos adquirir a través de una profunda relación que se da afuera del templo. Los siguientes son diez beneficios de los grupos pequeños:

  1. Posibilidad de una amistad más íntima.
  2. Se quita la barrera de “ir a la iglesia de otra religión”.
  3. Sin problemas de horario.
  4. Se crea un ambiente muy agradable (relaciones cercanas).
  5. Se ahorra mucho en el presupuesto y se aumentan las ofrendas.
  6. Sin problemas de estacionamiento.
  7. Infinitamente expandible.
  8. Se provee la oportunidad para servir.
  9. No se requiere comprar ni rentar un edificio.
  10. Es una fábrica de líderes.

Quinta herramienta: la predicación clara y práctica Predica la palabra de Dios.

Mantente preparado, sea o no el tiempo oportuno. Corrige, reprende y anima a tu gente con paciencia y buena enseñanza (2 Timoteo 4:2 NTV). Al hablar de predicación clara y práctica no quiere decir que no se deba preparar el líder en este rubro.

Habrá que aplicar las reglas de hermenéutica, hacer una correcta exégesis y entregar un mensaje homilético. La queja número uno de la gente es que los sermones de sus pastores son aburridos y no se relacionan con sus vidas.

La conclusión es simplemente que la predicación hace o deshace una iglesia.

El mensaje debe ser predicado el domingo y puesto en práctica el lunes. Tenemos que hacernos una seria pregunta como líderes que predicamos la santa Palabra de Dios: ¿Mi predicación está cambiando los corazones y formando la vida de los miembros de la iglesia? Desafortunadamente tenemos tanto que debatir en cuanto a esto porque muchos quieren aprovechar su saber, apantallar e informar; pero no hay vidas cambiadas.

El propósito de la predicación es hacernos como Cristo. ¿Cuál es el problema? Que la mayoría de los predicadores producen más oidores que hacedores de la Palabra. Me alarma esta declaración: Si la gente no está compartiendo su fe en tu iglesia, si ellos no pasan un tiempo devocional con Dios, si ellos no están viviendo vidas correctas, entonces necesitas cambiar tu estilo de predicación. Tú obviamente no estás viendo vidas cambiadas a través de la palabra de Dios. ¿Así que cuál es el problema? El problema no está en la palabra esta en el estilo de tu predicación (Bruce Wilkinson). Planea tu predicación. No puedes hacer crecer una iglesia saludable con sermones improvisados, o salir siempre con “comida instantánea”. Observa algunos beneficios de predicar una serie de mensajes, sea de un libro de la Biblia o de un tema relevante:

  • Dieta balanceada
  • Colección de material por adelantado
  • Creatividad
  • Ímpetu
  • Aprovechas días especiales para el crecimiento
  • Anticipación en tus series de sermones
  • Descanso Ten humildad al planear, ora e involucra a otras personas.

Espero que estas herramientas que considero esenciales como líder de una iglesia estén en tu caja. Deseo que las analices con paciencia con tu equipo de líderes, que le quites, aumentes o modifiques con tu experiencia y la visión que Dios te ha dado.

fuente aviva 23 edición abril 2017

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