[dropcap]L[/dropcap] a lectura de la Biblia es esencial en la vida del creyente, así como del ministro, pues nos conduce al crecimiento espiritual y es así como el Espíritu Santo nos enseña, redarguye, instruye y corrige.

Podemos decir que es nuestro derecho pero también es nuestro deber, leer la palabra de Dios. No tomemos una actitud de irresponsabilidad al ignorar y hacer a un lado este gran privilegio de mantener viva la gloria de Dios a través de la lectura Bíblica. ¿Cómo decir que creemos que la Biblia es la palabra de Dios y no le dedicamos tiempo de calidad para buscar la revelación fresca de su Palabra? ¿Cómo decir que la amamos, si no la leemos?

778-05-27-08-leyendoLa Biblia no se debe leer como cualquier otro libro, para poder entenderla debemos acercarnos a la Sagrada Escritura en un acto de fe y una actitud de oración, así el Espíritu Santo nos ayudará a comprender lo que leemos. Sólo así podremos oír la voz de Dios en nuestra vida para consolarnos, fortalecernos, impulsarnos y moviéndonos en su voluntad hacia lo que él quiere de nosotros.

La Biblia no es un libro común, es un libro sagrado por su contenido y origen y no se debe leer sólo por curiosidad, ni para llenarnos de información y conocimiento, como una obra literaria. Estos son motivos de muy poco valor. Más bien debemos leerla, sabiendo lo importante y trascendental que es para nuestras vidas, por el alcance eterno de su contenido, la revelación de su Palabra y lo trascendental para la vida del ser humano. La Biblia se debe leer para saber y conocer la voluntad de Dios y para meditar con profundidad sobre la revelación fresca de Dios para nuestro tiempo. Posteriormente para su mejor comprensión, debemos estar atentos tanto al contexto literario e histórico, ya que esto nos ayudará a comprenderla mejor, pero debemos aplicar lo que leemos de una manera integral, pidiéndole a Dios que nos hable a través de ella, siempre dejando que el Espíritu Santo se pasee por los corredores de nuestra mente y los pasillos de nuestro corazón y nos revele lo que necesitamos saber para no desviarnos de la idea original.

La Biblia no debe manipularse seleccionando tendenciosamente los textos que se acomodan a nuestros intereses mezquinos. Se dice que hay tres pecados en la hermenéutica (1) decir lo que no dice el texto, (2) no decir lo que dice el texto, y (3) pervertir lo que dice el texto. Para escuchar la voz de Dios a través de la Biblia es de suma importancia que seamos sinceros y honestos al estudiarla, de este modo podremos dimensionarla correctamente para compartirla con los que están cerca: familiares, amigos y vecinos, pero es elemental ser guiados por el Espíritu Santo a fin de ser bendecidos y prosperados por Dios de una manera extraordinaria.

También debemos cuidar el fundamentalismo extremo, pues no podemos quedarnos en un literalismo ingenuo, en un simple racionalismo, absorbidos por la ciencia, lo cual nos impedirá entrar a la dimensión sobrenatural de la revelación de su Palabra y de la fe, a la cual nos conduce la palabra de Dios.

visic3b3n-al-futuroDebemos leer la Biblia buscando en ella la revelación de Dios para nuestra vida, y permitir que sea ella la que nos transforme. Que nos lleve a la pureza y a la santidad que Dios quiere de nosotros. Que nos haga mejores personas como cristianos y como siervos del Altísimo, para que aprovechemos así la oportunidad que él nos ha dado, y así mantener la antorcha ardiendo y revelar su palabra viva a nuestra generación. Que seamos conocidos como el pueblo de la Palabra, porque la leemos, estudiamos y meditamos en ella, pero además la guardamos en el corazón. Esa fue la instrucción de Dios a Josué el gran líder conquistador, cuando Moisés le dejó la estafeta: meditarás en ella de día y de noche …porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien (Josué 1:9).

La palabra de Dios nos purifica la mente. ¿Sabía usted que hay una parte del cerebro que reacciona y otra parte del cerebro que razona?, nuestro cerebro tiene que programarse de acuerdo a las frecuencias de nuestra realidad verdadera, para poder superar nuestras fallas y errores. Una máxima antigua encontrada en el Dhammapada resume la práctica de la ense- ñanza budista en tres principios simples del entrenamiento: abstenerse de todo mal, cultivar el bien y purificar la mente. Estos tres principios forman una sucesión de pasos graduados, progresando desde el exterior, hacia lo interior y lo esencial. Lo que falta a esta declaración es reconocer que no es sólo mediante un esfuerzo sostenido del hombre lo que nos transforma y regenera, sino más bien con la intervención y ayuda de la palabra de Dios es que seremos verdaderamente transformados. Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres (Juan 8:32). Declaramos que la palabra de Dios es la que nos santifica, purifica, y mediante la obra instructora del Espíritu Santo en la vida del creyente y del siervo de Dios es que somos regenerados para la eternidad.

Es de suma importancia la lectura de la Biblia en el creyente y el ministro, porque dicha lectura nos purifica el corazón, ya que un corazón sucio, es la raíz de todos los males. ¿Pero cómo se limpia el corazón del hombre? A través de una vida devocional en la palabra de Dios. Es importante contar con mentes y corazones limpios, porque ambos regulan nuestro carácter en la vida. A veces callamos con la mente, pero hablamos con el corazón. Por eso es urgente volvernos a la palabra de Dios. Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios (Mateo 5:8).

Es doloroso decirlo, pero la mayor parte de la iglesia ya no lee la Biblia. Hoy vivimos tiempos peligrosos en donde se ha caído en una pereza por la lectura de la palabra de Dios, no sólo del creyente común, sino aun entre los siervos de Dios. ¡Basta!, no más creyentes que no leen la Biblia, ¡ya basta a la pereza y a la indiferencia hacia la búsqueda de la imagenes-de-la-bibliarevelación divina! Es hora de empezar a dimensionar la grandeza de nuestro Dios, tenemos que volvernos a la lectura de la Palabra viva. Como creyentes y siervos de Dios que nuestro despertar, nuestro andar y nuestro descansar sea en la Palabra de Dios. Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino (Salmos 119:105).

Hagamos un alto y retomemos nuestros orígenes. Retornemos al buen camino. Volvamos nuevamente a la Palabra. Un pueblo que lee la verdad divina, y que además se conduce bajo esa norma, será un pueblo bendecido.

Oración:

Señor bendice nuestras vidas y bendice nuestras familias. Bendice a tu iglesia. Bendice a México. Nos volvemos a la lectura de la Biblia y nos declaramos como cristianos que aman tu Palabra. Santifícanos y purifícanos Señor en tu verdad. Amén

fuente: aviva 2012

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