A continuación el texto de Isaías 57.1-2

El ser humano por naturaleza es dado a juzgar cada acontecimiento, en la gran mayoría de veces desde una perspectiva humanista racional, llena de prejuicios, inconsistencias, satisfacciones ególatras y con la mala intención de dejar mal parado a quien a muerto.

Cuando muere un pastor o una buena persona, es común escuchar a muchos preguntarse, ¿Por qué murió tan jóven? ¿Y cómo es que Dios permite cosas así, si era un(a) siervo(a) del Señor? ¿Qué pecado tenía? ¿No tuvieron fe para ser sanados? ¿Y qué de las oraciones? ¿Les ganó el infierno la batalla? ¿Andan mal con Dios los que oraron por ellos? ¿Algo malo hicieron y pesó más? ¿Se metieron en algún ministerio que no les competía y Satanás les ganó ventaja?. O las inquietudes, ¡Y no es que predican fe, y por qué no sanaron! ¡Dios les abandono!

Lamentablemente cristianos caen en el error de hacerse esas preguntas o reflexionar de esa manera tan negativa, mostrando con ello, una aberrada ignorancia de la voluntad de Dios escrita en la Biblia – además de dar a conocer la ideología fatalista que es propio de la cultura del ser humano que se deja llevar por la mente debil del raciocinio.

Entonces yo también pregunto: ¿Acaso cae un pajarillo a tierra o se cae una hoja de su rama sin que no sea la voluntad de Dios? ¿Acaso un descuido en la salud, o una enfermadad, o un accidente, o una caída o resbalón, o un ahogamiento, etc…agarran por sorpresa a Dios? ¡todo, absolutamente todo es conocido por Dios, y ya sea, en la voluntad perfecta o permisiva, siempre está dentro de la soberana y divina voluntad!

Sin importar cual sea la causa de la muerte de un pastor o de una buena persona, la cita bíblica a la cual hago referencia, deja muy claro el designio de Dios.

Por otro lado, tenemos también el juicio que se hace, hacia las oraciones y a la palabra profética que ministros o ministerios reconocidos o no reconocidos hacen por el enfermo, aduciendo que se equivocaron o que no les funcionó o que quedan en descrédito – lo que no comparto, porque es gracias a esas oraciones y palabras de fe que estos ministros se mantienen firmes en la fe, impidiendo al maligno que entorpezca sus mentes y corazones. Y al final, aunque partan de esta tierra, la verdad es que gozan de una verdadera salud eterna, y quien queda burlado es ese maligno cáncer, la maligna diabetes y todas esas malignas enfermedades que son derrotadas por la fe inclaudicable de siervos de Dios que hasta el ultimo hálito de vida adoraron a su Señor y entraron al cielo con alabanzas de victoria. Al final, esa enfermedad o ese accidente maligno les hace el favor de entrar triunfantes a su morada llena de gloria, como ha sido el común denominador en siervos de Dios, que dejaron legado por generaciones, y que los ejemplos son muchos en la historia bíblica. Al final los que mueren en su vejéz, como los que mueren jóvenes, sin importar las circunstancias, están dentro de los parámetros que nuestro amado Dios estableció en el cánon de la vida para los hijos y servidores de Su reino.

De algo que estoy seguro, es lo que aprendo del apóstol Pablo cuando dijo: 1º de Corintios 15:55 ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? Pablo murió siendo un hombre mayor y fuerte, pero supo que su labor había terminado y retó a la muerte y le pidió que se apurara con su sentencia, dejando claro, que no moría por el juicio de una Corte, sino, porque su tiempo de vivir en la tierra había terminado, conforme al designio de Dios. En la antiguedad muchos siervos murieron jóvenes y fuertes, algunos por la orden de una Corte, otros por la violencia, o por una guerra – y todo porque Satanás como enemigo espiritual incita, pero sobre todo porque Dios así lo determina.

Tengo claro, que cuando se ora y se hace todo el esfuerzo por conservar la salud, pero no se logra y la persona parte a casa del Padre, es porque su labor era hasta alli – y no había más que hacer en esta tierra. Es por demás que se busquen respuestas a tantas interrogantes. He conocido de casos de siervos de Dios que fueron fieles en su control médico y al final murieron por una enfermedad que aunque detectada a tiempo no se pudo curar. Otros vencieron el peor de los cáncer u otra enfermedad maligna o se salvaron del más trágico accidente, pero no es porque tuvieron más fe o porque se oró más, sencillamente fue, porque ese no era su final – esa enfermedad o circunstancia vino a sumar, para Dios llevarlo hasta el final de sus días.

Cuando se conocen los disignios de Dios dados en su palabra escrita en la Biblia, los familiares y amigos no caen en depresiones ni en la perdida de tiempo; al contrario, toman la estafeta y siguen la carrera con el mas grandioso relevo generacional de la fe. Los hijos o hijas que disciernen a la manera de Dios la muerte de sus padres, la utilizan como la plataforma más poderosa para impulsar el sueño divino que se les entregó a través del ministerio asignado.

Muchos ministros se nos han ido a casa con nuestro Padre, unos conocidos y otros sin fama, pero su legado está vivo y activo para ministrar generaciones en esta tierra. Una semilla ha caído a tierra, pero ha germinado otro(s) de sus generaciones. Ellos siguen vivos en la eternidad donde todos los hijos del reino es nuestro destino – y así fue el designio de Dios, que desde antes de nacer, ya sabía que hasta esa edad vivirían; porque ahora Su propósito es con los hijos que ellos dejaron en esta tierra.

Lo que todo ministro debe hacer, es, orar para que logre terminar la obra encomendada y tener listo su legado, porque no sabemos cuánto son los años asignados por nuestro Padre para vivir en esta tierra.

¿Esta orando en esa dirección? ¿Está sirviendo a Dios, cuidando su matrimonio y a su familia como si hoy fuera su último día en esta tierra? ¿Está orando para que al llegar al final de sus días, también haya cuncluído la misión encomendada?

Pastor Roy Santos – un pastor de honduras

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