L a oración es una virtud clave en la vida del ministro, pues impacta y ejerce influencia en la vida de otros. No es necesario hablar sobre la importancia de la oración; todos los cristianos reconocemos su valor y su necesidad. Para llegar a convertir la oración en una característica esencial que identifique al ministro, éste debe pasar primero por una serie de momentos a los cuales ha de sobreponerse. Si resulta victorioso, logrará desarrollar la oración como estilo de vida.

Entre las situaciones más comunes que marcaron a una persona que practica la oración como un modo de vida, pueden mencionarse los siguientes:

 

Los tiempos de adversidad

Éstos se presentan en la vida cotidiana y llevan a la persona a la toma de decisiones.

Cuando no se cuenta con los recursos, habilidades o relaciones necesarias para realizar un cambio en la problemática que se enfrenta, la oración aparece como el elemento indispensable, no sólo como medio de comunicación con Dios o recurso de descanso emocional, sino como el camino que lleva a la solución, la puerta que abre la senda de la respuesta, la luz que hace resplandecer nuevamente una vida que se encontraba hundida en la oscuridad del problema.

Los obstáculos

Buscan impedir el tipo de relación cercana que se origina como consecuencia de una vida de oración. El más común es la falta de tiempo. Es tan variado y vertiginoso el ritmo que desarrolla un ministro, que sus horas pueden diluirse sin haber pasado un tiempo en la presencia de Dios por medio de la oración. Es por ello que, cuando se menciona que no existe tiempo para orar, en realidad lo que se quiere decir es que no se le da la prioridad debida.

El descanso es imprescindible en la vida del ministro. Un lapso dedicado a la familia y a sí mismo en actividades lúdicas reactivarán su estado de ánimo y le harán recuperar el vigor físico perdido. Sin embargo, estas mismas acciones pueden convertirse en un obstáculo al que es necesario vencer, ya que el placer que producen llega a provocar que se les dediquen horas de más. Pasar tiempo a solas con Dios es el descanso de mayor calidad que puede encontrarse ya que él da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas (Isaías 40:29).

Los distractores

No siempre es fácil orar. A menudo la persona se encuentra sentada orando, y unos momentos después, está soñando despierta acerca de la conversación de ayer, la reunión de mañana, o las vacaciones de la próxima semana. Sin embargo, la distracción también ofrece una oportunidad para el crecimiento.

En la misma forma, se pueden mencionar los tiempos que producen satisfacción a nuestros sentidos y que pueden robar el momento que le pertenece a la oración cuando se convierte en un hábito al que le dedicamos más de lo necesario. Por eso, es mensester que se pueda escuchar en todo momento de nuestros labios: Tarde y mañana y a mediodía oraré y clamaré… (Salmos 55:17).

Los estados emocionales negativos

No sólo se ora porque sucedió algo extraordinario en nosotros, ni porque de manera trágica la vida cambió. Menos aún se deja de orar por tener una situación desagradable con alguna persona. David es un ejemplo que nos enseña a no permitir que la emociones rompan el momento de comunión con Dios. El rey de Israel hace una declaración de profunda confianza: Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? (Salmos 27:1)

Es así que la oración se convierte en un modo de vida y no en un plan de contingencia cuando se reconoce que la voluntad de Dios se cumple en esta tierra. Son dos las características comunes en una persona que ora:

  • La seguridad de que es escuchada por Dios. En medio de una situación adversa y en un tiempo decisivo para la vida una nación Elías expresó: Respóndeme, Jehová, respóndeme… (1 Reyes 18:37).

    El profeta estaba convencido de que no realizaba un monólogo, sino que su oración era escuchada por Dios. Es con esa convicción que pide lo impensable. Jesús declaró frente a la tumba de Lázaro: Padre, gracias te doy por haberme oído (Juan 11:41). En el anticipo de un suceso era necesario que la gente recordara posteriormente la convicción de Jesús de que era escuchado por el Padre. ¡Por eso existe la oración continua en los hombres de Dios! ¡Porque se saben escuchados en el cielo!

  • La seguridad de la fidelidad de Dios a su palabra. Dios siempre ha cumplido cada una de sus promesas. Cuando Jesús enseña sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar (Lucas 18:1), él no presenta la oración como un recurso de escape cuando todo sale mal. El Señor está diciendo que nuestro presente y futuro debe edificarse alrededor de una vida de oración. El Maestro sabía que un carácter firme y una fe fuerte son el resultado lógico de dedicar tiempo sistemático a la oración, ya que la prioridad del creyente es conocer la voluntad de Dios.
  • El apóstol Pablo reconoce la importancia de esta virtud cuando expresa orad sin cesar (1 Tesalonicenses 5:17).

    El de Tarso está convencido de que Dios honra su palabra. Debemos acercarnos al Señor recordando lo que ha dicho y ha hecho.

    Es más fácil perseverar en oración cuando se tiene en mente lo que Dios ha prometido en relación a lo que pedimos. Sus promesas llegan a nuestra memoria en tanto presentamos frente a él las situaciones por las que atravesamos.

    Es ese conocimiento de la palabra divina lo que fortalece una vida de oración. Así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié (Isaías 55:11)

    Se convierte en una inspiración y un motivador de la fe para nunca desistir en buscar el rostro del Padre a través de la oración.

fuente: AVIVA 25, edición Enero 2018

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