Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis (Mateo 21:22).

Una de las definiciones de la palabra eficaz, es “que produce el efecto esperado”. Es a esto a lo que nuestro Señor Jesucristo se refiere cuando habla de la eficacia de la oración. El Señor manifiesta la certeza de recibir del Padre todo aquello que se pide en oración. La clave es pedir creyendo en que habrá una respuesta de parte del Todopoderoso, porque no tendría caso orar si las oraciones del pueblo de Dios o del creyente en particular no tuvieran alguna respuesta. La oración eficaz no tiene que ver con el tiempo, sino con la profundidad y la fe con que se realiza. Veremos a través del presente artículo algunos principios básicos de la oración eficaz:

Oración con fe profunda

Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis (Mateo 21:22).

La clave de la respuesta a la oración está en la certeza (la fe) con la que se pide, según lo expresa el Señor Jesucristo en este versículo del primer evangelio. El poder eficaz de la oración no radica en ella misma, ni siquiera en la necesidad del que la hace, sino en el poder de Dios quien la escucha. El único elemento válido sobre el cual descansa la oración eficaz es la fe profunda en el amor y el poder de Dios a favor de los que invocan su ayuda. Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público (Mateo 6:6).

Oración en grupo

Todos éstos perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos (Hechos 1:14).

Las oraciones colectivas también son contestadas por el Señor, y para ello entra en vigor la fe profunda en la gracia y el poder de Dios que hacen que el Padre celestial dé respuesta a las necesidades presentadas a él.

Existen varios ejemplos bíblicos de oraciones colectivas que fueron contestadas. Fueron plegarias que invocaban el poder divino, algunas veces en circunstancias difíciles:

  • El día de Pentecostés: Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos (Hechos 2:1). En esta ocasión el propósito del grupo de 120 discípulos era buscar la promesa del Padre, es decir, el bautismo del Espíritu Santo. Este acontecimiento se cumplió estando todos ellos unánimes, en oración. Todos fueron bautizados con el Espíritu Santo y hablaron en otras lenguas como señal. Allí recibieron poder para ser testigos de Cristo en toda Jerusalén, en Samaria y después en toda la tierra.
  • La iglesia también oró durante del encarcelamiento de Pedro y Juan y luego de su liberación. Esta oración en grupo fue contestada oportunamente por el Señor: Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios (Hechos 4:31). Fue una oración realizada por una iglesia atribulada, pero con gran fe para pedir. La oración eficaz siempre será contestada.

Oración personal

Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público (Mateo 6:6).

Cuando oramos de forma privada entramos a la presencia de Dios, nos allegamos al trono de su gracia. Orar es como un suspiro del alma, en ella convergen nuestras emociones y las dirigimos hacia el trono del Creador del universo, quien las recibe y las contesta de acuerdo a nuestra fe y según su voluntad. Por medio de la oración personal, plena de certeza, logramos:

  • Obtener poder para el servicio a Dios.
  • Pedir perdón por nuestros pecados. •
  • Dar gracias a Dios por todo. •
  • Recibir denuedo para predicar la Palabra del Señor.
  • Alcanzar victoria en las adversidades. •
  • Obtener poder para vencer la tentación. •
  • Ser librados del mal. •
  • Alcanzar nuestras metas.

Por estos motivos y muchos más debemos orar eficazmente para obtener de parte de Dios la respuesta oportuna.

Oración con perseverancia

Orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos (Efesios 6:18).

La oración no debe ser un instrumento al que acudimos sólo cuando tenemos problemas. Por el contrario, debe ser el gimnasio en el cual la iglesia, y cada creyente en particular, se prepara para enfrentar la batalla de la fe. La oración es un compromiso de todo cristiano. La oración ha de ser una disciplina constante en todo hijo de Dios. Sin oración permanente no se puede ser un verdadero creyente.

Oración en el Espíritu

Pero vosotros, amados, edificándoos sobre vuestra santísima fe, orando en el Espíritu Santo (Judas 20).

Orar en el Espíritu Santo es la manera más eficaz de oración, pues el Consolador es quien conoce realmente nuestras necesidades.

  • Nos ayuda en nuestras debilidades. •
  • Intercede por nosotros con gemidos indecibles. •
  • Ora como conviene y no como nosotros queremos. Orar en el Espíritu implica pasar un buen tiempo en la presencia de Dios.

Implica orar con profundidad y concentración. Implica ser sensible a la presencia de divina y tener un anhelo profundo por ella.

Aceptando la voluntad de Dios …

respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí. Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo (2 Corintios 12:8, 9).

Nuestras peticiones expresadas al Señor a través de la oración están sujetas a la determinación de la voluntad de Dios. Él es soberano y hace lo que quiere, con quien quiere y como él quiere. Su voluntad siempre es perfecta y obra en nuestro beneficio. El Todopoderoso sabe lo que conviene en cuanto a lo que pedimos. Así que aquello de que “yo declaro”, “lo decreto”, “lo ato”, etc., que por cierto está muy de moda ahora, se encuentra muy lejos del principio bíblico de que todo debe ser conforme a la voluntad de Dios y su soberanía. El apóstol Pablo era un hombre de fe. Él tenía un gran problema personal, y no dudamos de que su oración era hecha con certeza, pero el Señor le dijo: Bástate mi gracia. Lo que Jesucristo quiso decirle fue: Voy a ayudarte para que a pesar de tu aguijón me sirvas. Aceptar la voluntad de Dios es también una oración eficaz. Oremos en todo tiempo, ya que sólo orando sin cesar venceremos.

fuente: aviva 25, edición enero 2018

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