L a oración por otras personas se conoce como la oración de intercesión. Se necesita invertir tiempo y suplicar con todo el corazón en la presencia de Dios a favor de otras personas.

Rogarle al Señor para que responda, ayude, provea y supla conforme a su gracia para satisfacer necesidades o intervenga para bendecir a otros.

En el Antiguo Testamento encontramos a través de sus historias intercesores que pidieron con fe en favor de otras personas y sus oraciones fueron escuchadas y respondidas poderosamente.

Cuando el pueblo de Israel sufría bajo el yugo de esclavitud en Egipto, el Señor envió plagas para castigar a sus enemigos y liberarlos con poder. Sin embargo, Moisés, con toda mansedumbre y paciencia cada vez que el Faraón le pedía oración, intercedía en favor de los egipcios.

<-2944" title="38821359 10160686402025082 6529707293427105792 O" /38821359_10160686402025082_6529707293427105792_o.jpg" alt="38821359 10160686402025082 6529707293427105792 O" width="1110" height="752" />

Moisés oró para que Dios quitara las ranas: Entonces Jehová dijo a Moisés: Entra a la presencia de Faraón y dile: Jehová ha dicho así: Deja ir a mi pueblo, para que me sirva. Y si no lo quisieres dejar ir, he aquí yo castigaré con ranas todos tus territorios. Y el río criará ranas, las cuales subirán y entrarán en tu casa, en la cámara donde duermes, y sobre tu cama, y en las casas de tus siervos, en tu pueblo, en tus hornos y en tus artesas. Y las ranas subirán sobre ti, sobre tu pueblo, y sobre todos tus siervos. Y Jehová dijo a Moisés: Di a Aarón: Extiende tu mano con tu vara sobre los ríos, arroyos y estanques, para que haga subir ranas sobre la tierra de Egipto. Entonces Aarón extendió su mano sobre las aguas de Egipto, y subieron ranas que cubrieron la tierra de Egipto. Y los hechiceros hicieron lo mismo con sus encantamientos, e hicieron venir ranas sobre la tierra de Egipto. Entonces Faraón llamó a Moisés y a Aarón, y les dijo: Orad a Jehová para que quite las ranas de mí y de mi pueblo, y dejaré ir a tu pueblo para que ofrezca sacrificios a Jehová. Y dijo Moisés a Faraón: Dígnate indicarme cuándo debo orar por ti, por tus siervos y por tu pueblo, para que las ranas sean quitadas de ti y de tus casas, y que solamente queden en el río. Y él dijo: Mañana. Y Moisés respondió: Se hará conforme a tu palabra, para que conozcas que no hay como Jehová nuestro Dios. Y las ranas se irán de ti, y de tus casas, de tus siervos y de tu pueblo, y solamente quedarán en el río. Entonces salieron Moisés y Aarón de la presencia de Faraón. Y clamó Moisés a Jehová tocante a las ranas que había mandado a Faraón. E hizo Jehová conforme a la palabra de Moisés, y murieron las ranas de las casas, de los cortijos y de los campos. Y las juntaron en montones, y apestaba la tierra. Pero viendo Faraón que le habían dado reposo, endureció su corazón y no los escuchó, como Jehová lo había dicho (Éxodo 8:1-15).

Después clamó al Señor para que el Todopoderoso retirara las moscas que fastidiaban a toda la nación de Egipto:

<-2857" title="27336338 10159909334775082 2052766772193212965 N" /27336338_10159909334775082_2052766772193212965_n.jpg" alt="27336338 10159909334775082 2052766772193212965 N" width="720" height="405" />Jehová dijo a Moisés: Levántate de mañana y ponte delante de Faraón, he aquí él sale al río; y dile: Jehová ha dicho así: Deja ir a mi pueblo, para que me sirva. Porque si no dejas ir a mi pueblo, he aquí yo enviaré sobre ti, sobre tus siervos, sobre tu pueblo y sobre tus casas toda clase de moscas; y las casas de los egipcios se llenarán de toda clase de moscas, y asimismo la tierra donde ellos estén. Y aquel día yo apartaré la tierra de Gosén, en la cual habita mi pueblo, para que ninguna clase de moscas haya en ella, a fin de que sepas que yo soy Jehová en medio de la tierra. Y yo pondré redención entre mi pueblo y el tuyo. Mañana será esta señal. Y Jehová lo hizo así, y vino toda clase de moscas molestísimas sobre la casa de Faraón, sobre las casas de sus siervos, y sobre todo el país de Egipto; y la tierra fue corrompida a causa de ellas. Entonces Faraón llamó a Moisés y a Aarón, y les dijo: Andad, ofreced sacrificio a vuestro Dios en la tierra. Y Moisés respondió: No conviene que hagamos así, porque ofreceríamos a Jehová nuestro Dios la abominación de los egipcios. He aquí, si sacrificáramos la abominación de los egipcios delante de ellos, ¿no nos apedrearían? Camino de tres días iremos por el desierto, y ofreceremos sacrificios a Jehová nuestro Dios, como él nos dirá. Dijo Faraón: Yo os dejaré ir para que ofrezcáis sacrificios a Jehová vuestro Dios en el desierto, con tal que no vayáis más lejos; orad por mí. Y respondió Moisés: He aquí, al salir yo de tu presencia, rogaré a Jehová que las diversas clases de moscas se vayan de Faraón, y de sus siervos, y de su pueblo mañana; con tal que Faraón no falte más, no dejando ir al pueblo a dar sacrificio a Jehová. Entonces Moisés salió de la presencia de Faraón, y oró a Jehová. Y Jehová hizo conforme a la palabra de Moisés, y quitó todas aquellas moscas de Faraón, de sus siervos y de su pueblo, sin que quedara una. Mas Faraón endureció aun esta vez su corazón, y no dejó ir al pueblo (Éxodo 8:20-32).

Finalmente, otra vez intercedió para que Jehová quitara el granizo:

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Y Jehová dijo a Moisés: Extiende tu mano hacia el cielo, para que venga granizo en toda la tierra de Egipto sobre los hombres, y sobre las bestias, y sobre toda la hierba del campo en el país de Egipto. Y Moisés extendió su vara hacia el cielo, y Jehová hizo tronar y granizar, y el fuego se descargó sobre la tierra; y Jehová hizo llover granizo sobre la tierra de Egipto. Hubo, pues, granizo, y fuego mezclado con el granizo, tan grande, cual nunca hubo en toda la tierra de Egipto desde que fue habitada. Y aquel granizo hirió en toda la tierra de Egipto todo lo que estaba en el campo, así hombres como bestias; asimismo destrozó el granizo toda la hierba del campo, y desgajó todos los árboles del país. Solamente en la tierra de Gosén, donde estaban los hijos de Israel, no hubo granizo. Entonces Faraón envió a llamar a Moisés y a Aarón, y les dijo: He pecado esta vez; Jehová es justo, y yo y mi pueblo impíos. Orad a Jehová para que cesen los truenos de Dios y el granizo, y yo os dejaré ir, y no os detendréis más. Y le respondió Moisés: Tan pronto salga yo de la ciudad, extenderé mis manos a Jehová, y los truenos cesarán, y no habrá más granizo; para que sepas que de Jehová es la tierra. Pero yo sé que ni tú ni tus siervos temeréis todavía la presencia de Jehová Dios. El lino, pues, y la cebada fueron destrozados, porque la cebada estaba ya espigada, y el lino en caña. Mas el trigo y el centeno no fueron destrozados, porque eran tardíos. Y salido Moisés de la presencia de Faraón, fuera de la ciudad, extendió sus manos a Jehová, y cesaron los truenos y el granizo, y la lluvia no cayó más sobre la tierra. Y viendo Faraón que la lluvia había cesado, y el granizo y los truenos, se obstinó en pecar, y endurecieron su corazón él y sus siervos. Y el corazón de Faraón se endureció, y no dejó ir a los hijos de Israel, como Jehová lo había dicho por medio de Moisés (Éxodo 9:22-35).

El Faraón pedía la oración una y otra vez.

Y el Señor respondía a cada ruego que Moisés hacía, mostrando su majestad y dominio. Las oraciones de intercesión llegaban a la presencia de Dios y la respuesta era evidente ante una nación injusta y obstinada como el mismo Faraón. Lo más sorprendente de la oración intercesora de Moisés fue cuando ruega a Dios por sanidad para María su hermana, para que el Señor la sanara de la lepra que había recibido como castigo de Dios por murmurar contra Moisés:

<-2782" title="19225877 10158825649375082 1086496642668121179 N" /19225877_10158825649375082_1086496642668121179_n.jpg" alt="19225877 10158825649375082 1086496642668121179 N" width="720" height="540" />María y Aarón hablaron contra Moisés a causa de la mujer cusita que había tomado; porque él había tomado mujer cusita. Y dijeron: ¿Solamente por Moisés ha hablado Jehová? ¿No ha hablado también por nosotros? Y lo oyó Jehová. Y aquel varón Moisés era muy manso, más que todos los hombres que había sobre la tierra. Luego dijo Jehová a Moisés, a Aarón y a María: Salid vosotros tres al tabernáculo de reunión. Y salieron ellos tres. Entonces Jehová descendió en la columna de la nube, y se puso a la puerta del tabernáculo, y llamó a Aarón y a María; y salieron ambos. Y él les dijo: Oíd ahora mis palabras. Cuando haya entre vosotros profeta de Jehová, le apareceré en visión, en sueños hablaré con él. No así a mi siervo Moisés, que es fiel en toda mi casa. Cara a cara hablaré con él, y claramente, y no por figuras; y verá la apariencia de Jehová. ¿Por qué, pues, no tuvisteis temor de hablar contra mi siervo Moisés? Entonces la ira de Jehová se encendió contra ellos; y se fue. Y la nube se apartó del tabernáculo, y he aquí que María estaba leprosa como la nieve; y miró Aarón a María, y he aquí que estaba leprosa. Y dijo Aarón a Moisés: ¡Ah! señor mío, no pongas ahora sobre nosotros este pecado; porque locamente hemos actuado, y hemos pecado. No quede ella ahora como el que nace muerto, que al salir del vientre de su madre, tiene ya medio consumida su carne. Entonces Moisés clamó a Jehová, diciendo: Te ruego, oh Dios, que la sanes ahora (Números 12:1-13).

Otro intercesor compasivo fue Isaac, quien pide a Dios por la esterilidad de Rebeca su esposa:

Y oró Isaac a Jehová por su mujer, que era estéril; y lo aceptó Jehová, y concibió Rebeca su mujer. Y los hijos luchaban dentro de ella; y dijo: Si es así, ¿para qué vivo yo? Y fue a consultar a Jehová; y le respondió Jehová: Dos naciones hay en tu seno, Y dos pueblos serán divididos desde tus entrañas; El un pueblo será más fuerte que el otro pueblo, Y el mayor servirá al menor. Cuando se cumplieron sus días para dar a luz, he aquí había gemelos en su vientre. Y salió el primero rubio, y era todo velludo como una pelliza; y llamaron su nombre Esaú. Después salió su hermano, trabada su mano al calcañar de Esaú; y fue llamado su nombre Jacob. Y era Isaac de edad de sesenta años cuando ella los dio a luz (Génesis 25:21-26).

Fue una oración llena de sinceridad y amor, un clamor que salía de lo más profundo del corazón, una súplica que tocó el corazón del Creador. La Palabra de Dios dice que Rebeca concibió unos gemelos a quienes les nombraron Esaú y Jacob.

La oración de intercesión por la familia es de gran valor y de resultados divinos.

<-2717" title="17726 494687870595254 236865159 N" /17726_494687870595254_236865159_n.jpg" alt="17726 494687870595254 236865159 N" width="960" height="720" />

El Señor responde con poder para obrar maravillas y prodigios así como para dar respuesta a las necesidades. La oración de Isaac fue escuchada y aceptada por Jehová, quien extendió su misericordia para honrar al matrimonio y quitar la esterilidad que había dejado tristeza y soledad.

Cada oración de intercesión hecha con toda el alma y confiando en el poder de Dios recibe tarde o temprano una respuesta del cielo. La vida de Rebeca e Isaac cambió por completo, su hogar se lleno de alegría y el corazón de ellos fue saturado de satisfacción. Lo que parecía un hogar triste y destinado a la insatisfacción fue transformado por la oración de intercesión. Una suplica persistente y llena de fe provoca que el cielo se abra y descienda la bondad infinita del Creador.

Un tercer intercesor del Antiguo Testamento es Job.

Su historia comienza cuando ora por sus hijos: Hubo en tierra de Uz un varón llamado Job; y era este hombre perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal. Y le nacieron siete hijos y tres hijas. Su hacienda era siete mil ovejas, tres mil camellos, quinientas yuntas de bueyes, quinientas asnas, y muchísimos criados; y era aquel varón más grande que todos los orientales. E iban sus hijos y hacían banquetes en sus casas, cada uno en su día; y enviaban a llamar a sus tres hermanas para que comiesen y bebiesen con ellos. Y acontecía que habiendo pasado en turno los días del convite, Job enviaba y los santificaba, y se levantaba de mañana y ofrecía holocaustos conforme al número de todos ellos. Porque decía Job: Quizá habrán pecado mis hijos, y habrán blasfemado contra Dios en sus corazones. De esta manera hacía todos los días (Job 1:4.5).

Y termina orando por sus amigos:
Y quitó Jehová la aflicción de Job, cuando él hubo orado por sus amigos; y aumentó al doble todas las cosas que habían sido de Job (Job 42:10).

<-2732" title="15317998 1156559064413725 4952898954225766778 N" /15317998_1156559064413725_4952898954225766778_n_1.jpg" alt="15317998 1156559064413725 4952898954225766778 N" width="960" height="539" />

Job era un hombre que vivía de manera grata ante los ojos de Dios. Como padre era sumamente responsable y cuidaba la salud espiritual de sus hijos. Su oración por su familia era ferviente y ofrecía holocaustos con el propósito de agradar al Señor y buscar el favor de Jehová para su descendencia. Intercedía con gran responsabilidad y suplicaba delante de Dios por cada uno en particular porque anhelaba la bendición del Todopoderoso para su hogar.

Interceder por otros es una muestra de amor verdadero, de un corazón sano y libre de rencores o envidias. Orar a favor de otros refleja la madurez espiritual, es una acción recompensada por Dios. El mismo Señor Jesucristo oró en favor de otras personas y por nosotros aun antes de que le conociéramos como nuestro Salvador: Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos (Juan 17:20).

La oración por otras personas es bíblica, práctica y de grandes resultados. La intercesión es sembrar en lo secreto para cosechar en público. Es derramar nuestra alma para que otros sean bendecidos. Es renunciar al egoísmo y dar lugar a la bondad y generosidad en favor de otros.

fuente: aviva 25 edicion Enero 2018

 

 

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