LA PRESENCIA DE DIOS EN EL MINISTERIO — Pbro. Abel Flores Acevedo

[dropcap]E[/dropcap]l Señor ha prometido su presencia a cada uno de sus hijos. Debemos considerarla indispensable para el servicio que él espera de nosotros. No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia (Isaías 41:10).

La presencia de Dios nos motiva a ir siempre adelante

Nos enseña a depender de él para emprender y lograr lo que Dios quiere. Cada día que vivimos cerca del Señor nos hace más capaces para soportar y superar las debilidades y obstáculos en el trabajo ministerial. Nos enseña a andar en su camino y a poner nuestra mirada en sus promesas. Mientras que el maligno busca llevarnos al territorio de la duda y el fracaso. El Señor nos guía a una vida de fe y éxito. Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis (Jeremías 29:11).

Nunca las fuerzas del mal o la malicia de las personas podrán dañar el corazón si permanecemos en intimidad con el Todopoderoso.

La presencia de Dios nos mantiene saludables, libres de toda clase de contaminación y nos garantiza resultados en la labor ministerial. La presencia de Dios en nuestra vida nos conduce a una calidad moral distintiva, a un desarrollo pleno, a una forma de ser digno del evangelio.

Moisés fue un gran líder porque acostumbraba oír la voz de Dios. Elías fue un profeta impactante porque era sensible para percibir la dirección divina y accionaba conforme a la voluntad del Creador. Abraham se distingue como el padre de la fe porque se mantuvo creyéndole a Jehová. El apóstol Pablo se convierte en un gran predicador porque no confiaba en sus fuerzas sino en el poder de lo alto. La presencia de Dios supera nuestra elocuencia, rebasa nuestro conocimiento, trasciende por encima de nuestra personalidad. Sin su presencia somos inútiles, sin su presencia no podremos avanzar, sin su presencia el fracaso esta más cerca que nunca.

Cuidemos de no perdernos en el activismo, de saturar la agenda, de vivir de prisa. Tomemos tiempo para ir a su presencia y fortalecernos bajo la sombra del Omnipotente. Tengamos un espacio para escondernos bajo su mano y derramar nuestra alma. Estemos vigilantes para que nuestro ministerio no sea estéril.

La presencia de Dios nos alienta en el ministerio

El aliento del Espíritu Santo en nuestra vida es de gran valor para enfrentar la fuerza del maligno. Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestro hermanos en todo el mundo (1 Pedro 5:8, 9).

La presencia de Dios es indispensable para no ser vencidos por las fuerzas del mal. En la medida que somos conscientes de nuestras limitaciones buscamos más de ella para lograr vivir con integridad y alcanzar los propósitos trazados.

En el ministerio es inevitable el sufrimiento, lo más glorioso es experimentar su protección divina en los momentos difíciles, cuando se vive en carne propia el dolor de la traición, de la crítica lacerante, las pérdidas irreparables, el agotamiento de la carga pastoral, los problemas de las ovejas y mucho más.

Afortunadamente un toque de su presencia en nuestra alma revive la fe y el optimismo para enfrentar la vida. El Señor sana nuestras heridas y elimina la carga emocional negativa ¡Gloria a Dios!

Una caricia del Espíritu Santo restaura la fisura en el corazón, un toque del divino maestro hacen que nuevas fuerzas surjan del interior.

La gracia incomparable de nuestro Redentor nos cobija y produce en nuestro ser una grata sensación de paz. Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado (Isaías 26:3).

Muchas veces se viven experiencias inesperadas, reacciones incomprendidas por parte de gente muy útil y fieles colaboradores en el ministerio; ocasionalmente sin saberlo causan heridas profundas que únicamente Dios puede curar.

La presencia de Dios asegura el triunfo en el ejercicio ministerial

Asegura sabiduría para mantener la meta a la vista, para enfocar las tareas y proyectos a realizar dentro de su obra bendita. Asegura la fortaleza para soportar el arduo trabajo en su viña. Asegura su protección a nuestro favor para librarnos de los peligros en el camino, pero lo más glorioso es que asegura el mensaje en nuestros labios.

Un sermón que tiene el sello de su presencia mueve la voluntad de nuestros oyentes y toca el corazón de nuestros receptores.

Los mensajes que carecen de la presencia de Dios tienen olor a tinta y sabor a papel; pero todas aquellas predicaciones revestidas por su gloria quedan grabadas en los sentimientos y pensamientos de quienes escuchan la exposición de la Palabra.

Nuestro ministerio tendrá mayor alcance y trascenderá hasta donde no imaginamos cuando la presencia de Dios marque el sermón con una huella imborrable. ¡Busquemos la presencia de Dios cada día!

fuente: Aviva Octubre 2013 – Edicion 9

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