VERSÍCULO CLAVE: 1 Corintios 15:20

«Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicia de los que durmieron es hecho».

Introducción:
La muerte es el último enemigo de todos los seres humanos. Surgió como consecuencia del pecado en el Huerto del Edén. Cuando Adán y Eva pecaron, comenzó con ellos el proceso de morir físicamente. Ahora bien, la muerte también tiene un aspecto espiritual, y este es mucho más grave. A partir de Adán y Eva, todos tenemos una relación interrumpida con Dios.

A pesar de esto, tal como nos lo recuerda esta lección, se nos ha abierto el camino de nuestra redención. Con su muerte y resurrección, Jesús derrotó a la muerte y nos abrió el camino a la comunión con Dios. En 1 Corintios 15 hallamos varias veces el tema de la «victoria». La Pascua de Resurrección es una celebración de la victoria sobre la muerte y la victoria eterna en el cielo.

FONDO HISTÓRICO-LITERARIO

La resurrección de Cristo es el fundamento de la fe cristiana. Con su resurrección, Él mostró que es cierto todo lo que enseñó y afirmó en su ministerio. Por eso no debe sorprendernos que desde los primeros siglos del cristianismo, los escépticos hayan tratado de negar o dar una nueva definición a la realidad y el significado de la resurrección. Todos los intentos por desacreditar la Resurrección de Cristo son comprensibles, porque este acontecimiento es el corazón mismo de la fe cristiana. Si no se hubiera producido, nuestra fe sería vana (1 Corintios 15:14).

LECTURA BÍBLICA 1 Corintios 15:20-26, 45, 48-57

Se cuenta la historia de un niño que iba con su padre en un auto por un camino campestre. De repente, una abeja entró al auto por la ventana que esta abierta. El niño era alérgico a las picadas de abejas y se asustó. EL padre extendió la mano con rapidez, atrapó a la abeja, la apretó en su puño y después la soltó. El niño nuevamente se asustó cuando vio que la abeja volaba hacia él. Su padre notó el pánico y extendió la mano. Allí tenía clavada en la piel el aguijón de la abeja. «¿Ves esto? Ya no tienes de qué temer. Yo le quité el aguijón para que no te hiciera daño».

Esta pequeña parábola ilustra una importante verdad: Por medio de su resurrección, Jesucristo le quitó a la muerte el aguijón con que nos podría haber hecho daño.

1- LA VICTORIA DE CRISTO SOBRE LA MUERTE

1 Cristo resucitó de la tumba 1 Corintios 15:20-23
En los versículos anteriores a 1 Corintios 15:20—23, Pablo encaro’ a aquellos de Corinto que predicaban o creían que no hay una resurrección del cuerpo físico. Aquello era parte de una creencia más amplia según la cual el alma vive para siempre, pero el cuerpo muere de manera permanente. Esta creencia podía ser perjudicial para la iglesia, porque menospreciaba la resurrección de Cristo. Este es el fondo de lo que Pablo comienza a enseñar en el versículo 20.

Todos los creyentes resucitaremos de entre los muertos. Esta es una realidad firmemente anclada en la resurrección de Cristo (v. 20). En los versículos 21 y 22, el apóstol usa una analogía sobre Adán y Jesús para explicar mejor la importancia de la resurrección de Jesús. A causa del pecado de un hombre, toda la humanidad debe enfrentar la muerte. Y en sentido contrario, a causa de la obediencia de un Hombre, los que han nacido de nuevo resucitarán para vida eterna.

De esta manera, Pablo presenta dos realidades. La primera, que la muerte es algo inevitable para todos, puesto que es consecuencia del pecado del ser humano. La segunda, que la resurrección de Cristo hace segura la resurrección del creyente. Lo que la desobediencia de Adán trajo sobre la humanidad (la muerte), Jesús lo invirtió por medio su obediencia al Padre cuando fue a la cruz para morir.

La resurrección de Cristo nos ofrece una esperanza segura e inconmovible a todos los cristianos. Cuando nos sintamos angustiados ante el aguijón de la muerte, o temamos por nuestra propia mortalidad, podemos mirar lo que Cristo logró para nosotros con su muerte y resurrección. Después, y de la misma manera, podemos contemplar lo que Él hará por nosotros en el futuro, cuando seamos resucitados a vida eterna. Por medio de Cristo, podemos vivir convencidos de que la vida eterna es nuestra solo por la fe en Cristo (v. 23).

2- Cristo reina 1 Corintios 15:24-26

En 1 Corintios 15:24—26, Pablo habla de algunos sucesos que tendrán lugar al final de esta era. No fija ningún marco de tiempo aquí, aunque se trata de sucesos posteriores al Reino Milenial de Cristo. La intención principal de Pablo en este punto es mostrar que la muerte será destruida por completo al final de todas las cosas. Viene un tiempo, el mismo fin de los tiempos, en que Cristo eliminará a todos nuestros enemigos y entregará el Reino al Padre. Así lo ha declarado el Padre, de manera que no nos queda sombra alguna de duda de que todo esto va a suceder (v. 25).

Al final, Cristo vencerá a todos nuestros enemigos. Esto habla de la autoridad, el poder y la soberanía del Dios al cual servimos. Su Reino es eterno. Hasta la misma muerte, enemiga definitiva de la raza humana, será derrotada un día (v. 26). Esto marca un fuerte contraste con lo que enseñaban los falsos maestros, según el versículo 12. Ellos decían que no habría resurrección, pero en realidad, no habrá muerte. El Cristo resucitado derrotó la muerte.

Jesucristo nos ha asegurado la resurrección a todos los que creemos en Él. La muerte ya no tiene poder sobre nosotros. Aunque el sufrimiento y la angustia de la muerte son muy reales, nuestro consuelo está en la esperanza de Cristo.

Nos podríamos preguntar: «¿Qué impacto tiene hoy en mi vida la esperanza de la victoria sobre la muerte y la vida eterna futura?» Esa esperanza no hace que desaparezcan los desafíos que enfrentamos a diario, más bien ellos nos señalan la dirección correcta, hacia Cristo, de manera que hallemos en Él ayuda para el día de hoy y esperanza para el mañana.

  1. COMPARTIMOS LA VICTORIA DE CRISTO

a- Ilustración de la resurrección 1 Corintios 15:35—47

Después de presentar la verdad de la resurrección de Cristo, Pablo rechaza las preguntas que presentan aquellos que tienen una comprensión errónea de la Resurrección (1 Corintios 15:35; véase V. 12). La iglesia de Corinto estaba bajo la influencia de la filosofía griega. Según esta, aunque el alma, o la mente, es inmortal y buena, el cuerpo es malvado y finalmente se corromperá. (Esta enseñanza fomentaba la creencia de que no importaba lo que una persona hiciera con su cuerpo, porque nada de lo que hiciera podría corromper a la mente o alma.)  Según estas creencias, el cuerpo era eliminado con la muerte. Solo el alma, la parte buena del ser humano, seguía viva. Esta filosofía tuvo un impacto negativo en los cristianos de Corinto, puesto que entre ellos había quienes no creían en una resurrección física, porque creían que el cuerpo era malo. La enseñanza de Pablo tuvo como fin que ellos cambiaran de manera de pensar: la resurrección de Cristo había sido física, no espiritual, como algunos de ellos creían. En el versículo 36, Pablo se refiere abiertamente a la negación de la Resurrección, diciendo que es una necedad. Sus palabras nos podrían recordar la manera en que el Antiguo Testamento define al necio: alguien que desprecia a Dios (véase el Salmo 14:1). Todo lo que tiene que hacer un cristiano es mirar a su alrededor para encontrar las evidencias de que la vida nace de la muerte. La semilla sembrada en la tierra se deteriora, o muere, pero de ella brota una hermosa planta, más maravillosa que la semilla misma (V. 37). Lo mismo sucederá con la resurrección de los santos.

Esta resurrección de los cristianos incluirá un cuerpo que Dios nos dará (V. 38), algo que Pablo también ilustra por medio de la naturaleza. En el mundo físico, Dios ha hecho diversos cuerpos: humanos, de animales terrestres, de peces y de aves. Todos son diferentes entre sí. De igual manera, hay cuerpos celestiales, y estos también son diferentes (vv. 39—41). Lo que quiere señalar Pablo es esto: nuestro Dios Todopoderoso puede tomar la materia física y darle la forma que Él quiera, y según el propósito que tenga para ella. Por lo tanto, es una necedad negar que Dios pueda levantar el cuerpo de entre los muertos.

b)- Explicación de la resurrección 1 Corintios 15:42—49

A partir de 1 Corintios 15:42, Pablo explica la naturaleza del cuerpo resucitado. Este cuerpo futuro, que algún día tendremos todos los creyentes, es muy diferente a nuestro cuerpo físico presente. Después, el apóstol presenta una explicación triple (vv. 42-44). El cuerpo mortal se deteriorará, y de él se levantará un cuerpo inmortal. Además, el cuerpo muerto no tiene honra, lleva en sí las consecuencias del pecado (la muerte) e incluso se lo considera inmundo en el Antiguo Testamento. Pero resucitará como cuerpo glorificado. El cuerpo físico actual es débil, frágil y mortal, pero el nuevo cuerpo vivirá para siempre en el poder de la resurrección. Por último, el cuerpo físico actual es natural, hecho con la materia de este mundo. En cambio, el cuerpo resucitado y glorificado será el adecuado para el mundo porvenir. Vemos este gran contraste en Adán y Cristo (vv. 45-49). Ellos representan los dos órdenes de cosas: físico y espiritual. Adán representa al ser terrenal, que ha sido herido por el pecado y está ligado a esta tierra corrompida. Cristo, el segundo Adán, representa al ser celestial, el cual es eterno e incorruptible. El primer hombre fue hecho con el polvo de la tierra. El segundo es del cielo. El cuerpo natural volverá al polvo. En cambio, los que hayan nacido de nuevo, aunque su cuerpo natural vuelva al polvo, serán resucitados para incorrupción.

En la eternidad, todos los que han creído en Cristo serán celestiales e inmortales. Tendrán un cuerpo espiritual incorruptible, a diferencia del cuerpo natural. Nuestra condición espiritual será completamente diferente a nuestra condición terrenal y física. En la tierra hemos nacido a la condición corrompida de Adán, el hombre terrenal. En el cielo, tendremos la misma condición del Salvador resucitado (véase también 1 Juan 3:2).

Nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo (1 Corintios 6:19). Como consecuencia, debemos anhelar honrar a Dios con él. Aunque vivimos ahora en un cuerpo corruptible, es importante que lo usemos de maneras que glorifiquen a Dios, en vez de hacerlo de maneras que reflejen la naturaleza corrompida de este mundo presente. Debemos vivir con la esperanza de la condición de resurrección que tendremos en el futuro.

  1. TRIUNFANTES GRACIAS A LA VICTORIA DE CRISTO

a- De mortalidad a inmortalidad 1 Corintios 15:50-54

A partir de 1 Corintios 15:50, Pablo presenta la conclusión de sus argumentos a favor de la resurrección de los muertos. Comienza presentando un concepto importante: el cuerpo corruptible no puede heredar e] reino de Dios. No es adecuado para la eternidad. Se necesita un cambio. Ciertamente, ese cambio se producirá, pero no mientras vivamos en este mundo corrupto. Entonces, ¿cuándo y de qué manera ocurrirá esa transformación? Para los creyentes. es un misterio que solo Dios conoce. y nosotros lo conocemos por la manera en que Él nos lo revela en las Escrituras. El momento de esa transformación es el que conocernos como el Arrebatamiento de la Iglesia, y se producirá en un instante (v. 52; véase 1Tesalonicenses 4:13—17). De hecho, el término griego que se usa aquí es el que sirve de base a nuestra palabra «átomo» (griego, átomos, indivisible). Es un momento tan breve, que no es posible dividirlo más: un abrir y cerrar de ojos. En ese lapso, el cuerpo de los santos será transformado. Toda la corrupción terrenal habrá desaparecido, y lo mortal se convertirá en inmortal (vv. 52-54). La victoria de la vida eterna reemplazará a la derrota de la muerte.

b- Victoriosos sobre la muerte 1 Corintios 15:55-57

La muerte perdió su poder cuando Cristo resucitó, y con la próxima resurrección de los santos, será finalmente destruida. Pablo se regocija en esta realidad con su proclamación en 1 Corintios 15:55. Como consecuencia de esto, hoy podemos proclamar que la muerte ya no es una amenaza para los creyentes en Cristo. N0 nos perjudica. Ya ha sido derrotada. Aunque todo cristiano debe enfrentarla, el aguijón de la muerte ha sido eliminado, y reemplazado por una esperanza eterna. El aguijón de la muerte es la consecuencia del pecado (v. 56). Y el pecado, a través de la ley, revela nuestra impiedad, nuestro condición caída y nuestra impureza ante Dios. Pero Jesús triunfó sobre el pecado de una vez por todas al morir en la cruz como sacrificio perfecto por nosotros.

Por último, Pablo expresa una profunda gratitud a Dios, que nos proporcionó en Jesucristo nuestra gran victoria espiritual (v. 57). Aunque disfrutaremos para siempre de esta victoria en nuestra condición de resurrección, ésta se aplica también a los dones de la bondad de Dios que recibimos a diario. Por el poder del Espíritu Santo, nuestro otro Consolador, podemos tener victoria sobre el pecado, victoria en nuestras luchas espirituales, Victoria que nos ayuda a enfrentar los desafíos de la vida. Y todo esto es posible por el glorioso sacrificio y la resurrección de nuestro Salvador.

La victoria de Cristo sobre la muerte y el pecado está al alcance de todos los que creemos en Él. La esperanza que tenemos en la resurrección nos ayuda a los creyentes hoy y en el futuro. En el presente tenemos victoria sobre la esclavitud al pecado. En el futuro, esa victoria toma la forma de nuestro cuerpo incorruptible. La esperanza de la resurrección puede causar un profundo impacto en la vida de quienes somos creyentes en Cristo. Sabemos que nuestro futuro está en las manos de Dios, y que es un futuro tan maravilloso que excede toda descripción posible.

CONCLUSION:

La vida eterna se convierte en una realidad cuando la persona comienza a seguir a Jesucristo. Esto significa que podemos vivir día tras día con seguridad, confianza y esperanza en cuanto a nuestro destino eterno.

En espera de la eternidad, debemos vivir cada día en el poder del Espíritu Santo, el mismo Espíritu que resucitó a Jesús de entre los muertos. En 1 Corintios 15:58, Pablo nos anima a que permanezcamos «firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre». Hay un gran propósito de que cada día nos dejemos guiar por el Espíritu. Hasta que alcancemos 1a eternidad, debemos dedicarnos a la obra del Señor, una obra que produce resultados palpables. ¿Cuál es la obra que el Señor ha puesto hoy delante de usted?

OREMOS: «Señor, ayúdanos a captar el significado de la resurrección de Cristo al mismo tiempo que nos gozamos en la esperanza de nuestra propia resurrección. Te pedimos que esta esperanza nos motive a vivir de una manera recta, que sea agradable ante tus ojos. Amén». 

fuente: guia dominical lección 8

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