[dropcap]P[/dropcap]ara todos los creyentes es una necesidad tener un devocional diario; esto es, un tiempo en el que entremos en comunión con Dios; tiempo de adoración, a quien todo lo merece y a quien todo le debemos; tiempo de alabanza y comunión, con nuestro Creador, donde le hablemos a nuestro Señor y también donde nos habla; tiempo de agradecimiento, de consulta, de solicitar dirección; tiempo de confesión y de solicitar perdón; tiempo de perdonar y solicitar fortaleza, todo esto será el tiempo del día mejor utilizado y de mayor provecho.

El devocional diario será el comienzo de tener una vida devocional, quien alcanza este nivel disfruta de plena comunión con Dios, dice al levantarse: Dios, Dios mío eres tú, de madrugada te buscaré (Salmos 63:1); durante el día: Tú guardarás en completa paz aquel cuyo pensamiento en ti persevera, porque en ti ha confiado (Isaías 26:3); o bien al declinar el día, En paz me acostaré y asimismo dormiré, porque sólo tú, oh Jehová, me haces vivir confiado (Salmos 4:8). En definitiva, es alguien que estima en gran valía la amistad y comunión con Dios, de modo que su primer y último pensamiento y durante todo el día, es siempre Dios, él es el todo para el hombre de fe.

La vida devocional y el llamamiento misionero

Una vida devocional traerá necesariamente un conocimiento más profundo de Dios y sus prioridades; esa comunión constante nos hará conocer mejor a nuestro Salvador y estaremos listos para escucharle. Es muy importante resaltar que en la iglesia de Antioquía existía una vida devocional y que, mientras se ministraba al Señor y se ayunaba, fue cuando el Espí- ritu Santo les indicó el llamamiento a dos de sus misioneros y luego enseguida, habiendo ayunado y orado, les impusieron las manos y los despidieron (Hechos 13:2, 3).

La mayoría de nuestros misioneros, Mexicanos Asambleístas, fueron llamados en momentos devocionales, como resultado de la comunión, búsqueda personal y congregacional. Todaiglesia debería de incluir en sus peticiones el hecho de que Dios siga llamando obreros; la mies sigue siendo mucha y los obreros pocos; así pues, el propio Jesús nos encargó: …rogad al Señor de la mies que envíe obreros a su mies (Lucas 10:2), particularmente en el ámbito de misiones esto es esencial.

La vida devocional y la protección de los misioneros

El misionero es enviado a lugares donde las tinieblas espirituales son densas, generalmente van a lugares donde las potestades han tenido sometidas a miles o millones de personas por siglos. El misionero y su familia son expuestos a opresiones fuertes, por parte del enemigo y sus huestes, y la vida devocional familiar debe ser respaldada por aquellos que los envían. El apóstol Pablo les rogaba que oraran por él y su equipo misionero, para que se abrieran las puertas para la Palabra y dar a conocer el misterio de Cristo, para que él supiera como debía hablar (Colosenses 4:3, 4) Las épocas han cambiado, los nombres de los misioneros también, pero la necesidad de oración es la misma.

Enfrentamos problemas para entrar en los países; las visas son un tema para orar. En algunos lugares como en la Amazonía los peligros en los viajes, por esos caudalosos ríos, los animales peligrosos y las enfermedades, son parte de la vida cotidiana. En los países sensibles donde está prohibido predicar, necesitamos la gracia y el favor de Dios para poder llevar la Palabra. Ore por los perdidos para que les resplandezca la luz del evangelio y ore por los misioneros que son como pequeñas lucecitas en medio de esa gran oscuridad; con todo, fiel es el que los llama, él se encarga de ayudarlos; sólo le pedimos su oración.

Un misionero expresó: puedo ir al campo misionero con tus ofrendas, pero sólo tendré éxito en la misión que me ha sido encomendada si te mantienes en oración por mí. Por favor hermano, pastor, pida a su congregación que en los devocionales privados en el templo y en las células oren por los misioneros y por todos los que servimos en esta área.

La vida devocional y el futuro misionero

Nuestro Concilio está próximo a cumplir su primer centenario en México; o sea, que hace cien años no había un solo creyente Asambleísta; desde luego, ninguna iglesia. Los pentecostales no existíamos en nuestro país; sin embargo, en otros países Europeos y en Norte América, creyentes oraban para que Dios enviara misioneros pentecostales a nuestra patria; para que se rompieran las tinieblas de un país entregado a la idolatría; para que se abrieran puertas para que la palabra corriera y fuera glorificada. Hoy somos el movimiento de mayor crecimiento en nuestra patria gracias a las oraciones de hermanos de otros países.

Hoy nos toca dar de gracia lo que de gracia hemos recibido. Hay países que están en la misma condición que México, hace cien años, o ¡Peor! Necesitamos interceder por ellos. Más de mil millones de musulmanes tienen un camino equivocado; más de mil millones de hinduistas claman por salvación; cientos de miles de budistas siguen buscando el nirvana; miles de etnias tribales necesitan conocer el camino al cielo. Usemos nuestras armas que son poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, levantemos un movimiento de oración en favor de los inalcanzados, esta oración debe ser parte de nuestra vida devocional.

El futuro está en las manos de Dios.

Como Concilio hemos iniciado un movimiento misionero que no tiene reversa, la visión es clara, somos bendecidos para bendecir; cual Abraham, saldremos de nuestra tierra y de nuestra parentela, nos sostendremos como viendo al invisible. El reino de Dios se sigue acercando a aquellos que menos oportunidad tienen de escuchar el glorioso mensaje del evangelio redentor del crucificado; más que nunca, tenemos que renovar nuestra pasión por Dios y por los perdidos. Oremos fervientemente, para que nos acerquemos, a que sea predicado el evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones (Mateo 24:14) y que vislumbremos, a través del vitral profético de la Palabra, aquella maravillosa escena apocalíptica (Apocalipsis 7:9) donde se aprecia una gran multitud que nadie podía contar de todo pueblo, toda tribu, toda lengua y toda nación que adoraban delante del trono y del Cordero. Dios lo dijo y así será, su Iglesia es el instrumento para lograrlo

fuente: aviva 2013 abril num 7

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