E l derramamiento del Espíritu Santo coincidió con el día de Pentecostés (Hechos 2:1). Con este acontecimiento se identifican los pentecostales y carismáticos.

Aquí encuentran gran parte de la teología pentecostal, como la llenura del Espíritu Santo, (y todos fueron llenos del Espíritu Santo), y la evidencia de hablar en otras lenguas (y comenzaron a hablar en otras lenguas).

Desde entonces el Espíritu Santo ha guiado a la Iglesia a través de los siglos y en todo el mundo para que cumpla su misión. En la comunidad de los primeros creyentes encontramos las bases de la identidad de una verdadera iglesia pentecostal. Su explosivo crecimiento, los milagros y señales, su fortaleza ante las persecuciones, y su inalterable fervor, se debieron principalmente a que en todo dependían de la obra y la dirección del Espíritu.

Veamos entonces, algunas características que distinguieron la Iglesia primitiva y que aún son necesarias en la comunidad cristiana contemporánea.

1. Avivamiento

Y fueron todos llenos del Espíritu Santo (Hechos 2:4).

a. La iglesia vivió en conexión permanente con el poder de lo alto. La vida del Espíritu Santo se interiorizó en ella. Fue esta sinergia lo que convirtió a aquel grupo de discípulos en una comunidad poderosa.

b. Es importante que haya un equilibrio entre la teología y la práctica, sobre todo en lo que respecta a la obra del Espíritu. Algunos se preocupan por entender teológicamente las manifestaciones del Espíritu Santo, pero su conocimiento no tiene fruto en su vida, ministerio y congregación. Es preciso señalar la importancia de la interpretación correcta y la necesidad de definir con exactitud y apego a las Escrituras la doctrina que sustenta nuestra fe. Pero no descuidemos la práctica de los dones y la manifestación del fuego divino en nuestra vida y ministerio, y en nuestros cultos. Al Espíritu no sólo debemos estudiarlo, sino experimentar también su presencia y poder.

c. No se debe temer a la crítica. Los avivamientos siempre han sido recibidos con recelo y criticados por la opinión pública. Ocurrió así en sus orígenes, cuando algunos de los testigos de ese evento criticaron a los discípulos que hablaban en otras lenguas: Mas otros, burlándose, decían: Están llenos de mosto (Hechos 2:13). A Dios no le importa el criterio de la opinión pública o de los intelectuales; él cumplirá su promesa y dará el poder del Espíritu Santo a su Iglesia para que ésta pueda cumplir su misión en el mundo. El desorden es una de las características humanas que en ocasiones ocurre durante los avivamientos. El desorden lo causan los creyentes, no Dios. Y usted puede controlar o prevenir los desórdenes enseñando y preparando a la iglesia para el avivamiento. Es más fácil controlar el desorden, que mover a una congregación indiferente y mundana. La Biblia dice al respecto: Así que, hermanos, procurad profetizar, y no impidáis el hablar lenguas; pero hágase todo decentemente y con orden (1 Corintios 14:39, 40).

d. Las estadísticas actuales acerca del bautismo con el Espíritu Santo en Asambleas de Dios no nos favorecen: solo un 28% de los creyentes han recibido esta experiencia. Más de dos terceras partes de nuestra feligresía no han sido bautizadas con el Espíritu Santo. Tenemos un enorme desafío delante de nosotros.

e. La participación de los ministros y líderes de la iglesia es importante para obtener el bautismo del Espíritu Santo. Muchos líderes y feligreses le dan poca importancia a la búsqueda del bautismo con el Espíritu Santo; se dedica poco o nada de tiempo a la búsqueda ferviente de esta experiencia sobrenatural. Esta promesa está disponible para todos los creyentes, se debe esperar con fe y buscar fervientemente de acuerdo a Joel 2:20; Isaías 32:15; 44:3; Ezequiel 36:28, 29. En el Nuevo Testamento esta era la experiencia normal de todos los creyentes de la iglesia primitiva. De esta manera Dios empoderaba a su iglesia para la obra misionera, evangelística, etc. Lamentablemente, hoy somos testigos de una gran cantidad de fenómenos que no responden a un genuino avivamiento; sólo hay ruido, manipulación por parte de quienes ministran la alabanza, danzas y bailes aprendidos; en pocas palabras, más show, y menos avivamiento.

f. El avivamiento llegó el día de Pentecostés. Lo que le resta a cada congregación, a cada ministro y a cada creyente es meterse a ese avivamiento. Muchos oran: Señor Jesucristo, por favor, envíanos un avivamiento como el de la iglesia primitiva. Pero la promesa ya fue enviada. El Espíritu Santo descendió aquel día festivo para dar poder a la iglesia. Desde esa primera generación hasta nuestros días, la tercera persona de la Trinidad continúa vitalizando, vigorizando y empoderando a su pueblo.

2. Oración

Todos éstos perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos (Hechos 1:14).

a. El gimnasio donde el creyente hace ejercicio para fortalecer su vida espiritual, es el aposento de la oración. El Espíritu Santo descendió cuando hubo un grupo de hombres y de mujeres que rogaban por el cumplimiento de la promesa de poder para sus vidas.

b. El servicio con mayor asistencia en cualquier congregación debe ser el culto de oración. Esta disciplina espiritual es para todos, no sólo para el liderazgo. En el aposento alto estaban los discípulos, pero junto con ellos había más hermanos, incluidos los familiares de Jesús.

c. Un supuesto pentecostés donde esté ausente la oración es simple emocionalismo, gritería, religiosidad. No hay poder genuino, sólo simulacros.

3. Obediencia

Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí. Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días (Hechos 1:4, 5).

a. Los discípulos recibieron la orden del Cristo resucitado para que permanecieran en Jerusalén y que allí esperaran al bautismo con el Espíritu Santo.

b. En Lucas 24:49 el Señor Jesucristo les había dicho: He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto. Y en Juan 14:16 el Maestro también expresó: Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre. Estos pasajes nos enseñan que el descenso del Espíritu Santo era una promesa del Padre y un ruego del Hijo. La voluntad de lo alto era que los creyentes no quedaran desamparados. Los discípulos serían revestidos del poder del Espíritu Santo. Su presencia les traería consuelo y compañía. Pero para que esta promesa se concretara, debían seguir las instrucciones del Señor al pie de la letra.

c. Los que quieran experimentar un verdadero avivamiento, deben ser creyentes obedientes. Tienen que aprender a esperar con paciencia las promesas de Dios, someterse a la palabra de Cristo.

4. Unidad

Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos uná- nimes juntos (Hechos 2:1).

a. En Pentecostés los discípulos estaban juntos (2:1), y después de ello siguieron con el mismo espíritu de unidad (2:46). La experiencia pentecostal exige, promueve y fortalece la unidad congregacional.

b. Una congregación unida podrá realizar mejor la voluntad de Dios en su responsabilidad evangelizadora. Las guerras y las divisiones internas atrasan el trabajo en todos los niveles de nuestra organización.

c. Donde prevalece la desunión no hay crecimiento; sólo encontramos estancamiento, carencia de visión para alcanzar a los perdidos y cumplir con los proyectos de la iglesia.

5. Evangelización

Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas (Hechos 2:41).

a. Hechos 2:14-39 resume el sermón que dirige Pedro a la multitud. Es la predicación de un hombre trasformado por el Espíritu Santo. Ahora, investido del poder de lo alto, el apóstol hace un llamado a la conversión. En su llamamiento Pedro dijo: Sed salvos de esta perversa generación (2:40). Sin manipulación, sin psicología de masas, sin ujieres que pasaran al frente para motivar a la multitud a que hiciera profesión de fe; sólo predicando a Cristo con la unción divina; el resultado es tres mil almas arrepentidas.

b. Pentecostés llama a la evangelización de los perdidos. Un cristiano que ha recibido la promesa del Padre no puede permanecer indolente ante la condición de los perdidos. Los creyentes deben salir de sus “saleros” en los templos, para darle sabor a la tierra, para ser sal en los lugares y comunidades donde haya necesidad. Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres (Mateo 5:13). El creyente que da sabor afecta positivamente la vida espiritual de aquellos que lo rodean. Es un preservador de valores éticos y morales, e influye dentro y fuera de su congregación.

Conclusión

Pentecostés es la acción del Espíritu Santo vitalizando y dirigiendo a la Iglesia, para que ésta sea una continuación del ministerio de Jesucristo, hasta el fin del mundo. La enorme tarea que tenemos ante nosotros, requiere que dependamos ante todo del poder divino, y no de nuestras fuerzas o capacidad.

Mantengamos vivo el fuego pentecostal. Se requiere hoy en las iglesias y su liderazgo conocimiento de la teología sobre el bautismo, dones ministerios del Espíritu Santo, y la práctica y vivencia diaria, para que no sólo sea un aviamiento teológico sino también práctico y verdadero

fuente: Aviva 2014 – edición 12

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