La Biblia afirma que la voluntad de Dios es buena, agradable y perfecta (Romanos 12:2). Al referirnos a ella se trata de comprender lo que el Señor quiere y no lo que yo deseo. Entender el objetivo del Altísimo y no mi objetivo. Surge entonces la pregunta: ¿Hacia dónde nos lleva la voluntad de Dios?

Hacer las cosas que le agradan a él Y el Dios de paz… os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo; al cual sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén (Hebreos 13:20, 21). Uno de los hombres del Antiguo Testamento que resaltó en su generación por su vida justa y obediencia a Dios fue Noé. Fue la persona que hizo todo cuanto el Altísimo le mandó. Jehová le ordenó a Noé construir un arca de madera diseñada para flotar en el agua y albergar a seres vivientes. El Señor le dio las medidas exactas: 135 metros de largo, 22.5 metros de ancho y 13.5 metros de altura. El espacio interno tendría tres pisos y compartimentos. Una ventana en la parte alta y una sola puerta a un lado del arca. También los materiales a usarse fueron especificados, incluyendo el uso de brea para impermeabilizar el arca y protegerla del agua y la humedad. Noé hizo conforme a todo lo que Dios le indicó. El Señor lo reconoció como justo y le concedió de su gracia, pero también le protegió

la vida y le dio salvación. Hacer las cosas que agradan al Padre siempre traerá bendiciones a nuestra vida. Alcanzar lo prometido Porque os es necesaria la paciencia, para que habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa (Hebreos 10:36).

La obediencia está conectada a múltiples bendiciones, a grandes beneficios y a alcanzar promesas.

Hacer la voluntad es conocer sus mandamientos, principios y estatutos para ponerlos por obra a fin de obtener grandes resultados. Moisés le enseña al pueblo de Israel a que guarden y pongan por obra los mandamientos de Dios para alcanzar las promesas que el Señor tenía para sus vidas. Les comparte un mensaje señalando que quienes obedecen la voluntad divina son acreedores de grandes promesas (Deuteronomio 28:1-14) • Comodidades materiales. Benditas serán tu canasta y tu artesa de amasar. Es decir, no faltará alimento para sustentarte (v. 2-5)

Una protección incomparable. Jehová derrotará a tus enemigos que se levantaren contra ti (v. 7).

  • Un trabajo productivo y bendecido. Jehová te enviará su bendición… sobre todo aquello en que pusieres tu mano (v. 8).
  • Una comunión constante. Te confirmará Jehová por pueblo santo suyo (v. 9).
  • Un poderoso testimonio. Y verán todos los pueblos de la tierra que el nombre de Jehová es invocado sobre ti (v. 10).
  • Una provisión permanente. Te abrirá Jehová su buen tesoro (v. 12). El Señor te suple hoy y te guarda suficiente para mañana.
  • Una posición especial. Te pondrá Jehová por cabeza… (v. 13).
  • Hacer la voluntad de Dios nos lleva a una calidad de vida inigualable. A un estilo de vida bendecido. Todos los que hacen conforme a su Palabra serán prosperados.

En tercer lugar, hacer la voluntad de Dios nos lleva a:

Hacer el bien

Porque esta es la voluntad de Dios: que haciendo bien, hagáis callar la ignorancia de los hombres insensatos (1 Pedro 2:15).

Somos llamados a desarrollar una vida con actos de justicia y bondad. Vivir para hacer el bien, para bendecir a otros e impulsar el bienestar de quienes nos rodean. La voluntad de Dios es hacer el bien. La Biblia nos muestra ejemplos de personas que cumplieron con esto. Jesucristo nos enseña la parábola del buen samaritano (Lucas 10:25-37), en la que participan tres hombres con actitudes diferentes en relación a un hombre que estaba tirado medio muerto.

Los personajes son el sacerdote, el levita y el samaritano. El sacerdote mostró una completa indiferencia y el levita reveló una vida vacía de compasión, pero el samaritano se vio lleno de bondad y misericordia. Lo sorprendente es que, aunque los judíos no tenían tratos con los samaritanos, este hombre, en su misericordia sí estaba dispuesto a tratar con el judío herido y moribundo. Este es el punto clave de la parábola, un hombre menospreciado muestra compasión, movido por la misericordia salva a uno que vivía en enemistad contra él. Con ello manifiesta el amor de Dios en acciones de bondad.

Y no nos cansemos de hacer el bien, pues a su tiempo, si no nos cansamos, segaremos (Gálatas 6:9, Biblia de las Américas).

La voluntad de Dios nos lleva a hacer las cosas que le agradan a él, nos conduce para alcanzar sus promesas y nos dirige para hacer el bien.

Fuente: Revista AVIVA 20, edicion Julio 2016 – Admex

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