Agradezco a la Directiva General la invitación para escribir de nueva cuenta en el órgano informativo oficial de nuestro Concilio.

En esta ocasión el tema que me ha sido asignado es muy interesante y se presta para ser interpretado de diversas maneras:

Los celos.

Sentir celos es algo que está muy arraigado en la vida de la gente de nuestro tiempo, sin importar edad, religión, cultura, ocupación o posición económica. Quien suscribe elaboró una breve encuesta entre 24 personas cristianas, entre ellos ministros de nuestro Concilio.

Ellos tenían que responder a una única pregunta: ¿Es usted celoso? Solamente debían contestar sí o no, sin dar ninguna explicación. Sorprendentemente 23 dijeron que sí, sólo una dijo no. Más de uno, después de contestar me comentó a manera de explicación de su respuesta, que los celos son normales en todas las personas y que nadie en su sano juicio, está exento de los celos. Otro dijo que si alguien no sentía celos es porque no amaba. Por otro lado, no debemos dejar de reconocer las influencias externas que se recibe para que la sociedad contemporánea acepte los celos como parte de la vida normal del ser humano. Novelas, películas, series completas, libros, páginas web y hasta memes acerca de los celos son cotidianos, de tal manera que se impulsa en la manera de vivir tendencias que enseñan y que afirman que ser celoso es algo normal. Los dramas telenoveleros están basados en los celos, presentando la competencia por el amor de los personajes del reparto, en el que no falta el malo o mala que con sus celos quiere destruir a los héroes, de lo que se deriva también que identificarse con los villanos es normal.

La popular enciclopedia virtual de contenido libre, Wikipedia, define espléndidamente lo que son los celos, con palabras comunes y sin complicaciones de carácter psicológico, amoroso o teológico, por lo quisiera considerarla en tres tiempos:

  1. Son una respuesta emocional que surge cuando una persona percibe una amenaza hacia algo que considera como propio. Desde esta perspectiva, la clave son dos aspectos. Una respuesta primeramente emocional y que luego se convierte en una acción, y el otro es el sentido de propiedad que se siente sobre la otra persona, bienes u objetos. O sea, la persona celosa siente y hace algo porque considera que su propiedad está siendo amenazada. Con todo lo que implica el término “propiedad”, es decir, sentirse amo, dueño, señor y con autoridad para sentir celos.
  2. Comúnmente se denomina así a la sospecha o inquietud ante la posibilidad de que la persona amada preste atención en favor de otra. Esta otra presupone que la persona celosa, sospecha que lo están cambiando o haciendo a un lado, y por eso tiene que reaccionar frente a la amenaza. En esta versión el celoso cree ver la posibilidad de que el objeto de sus celos está actuando para sustituirlo.
  3. También se conoce así al sentimiento de envidia hacia el éxito o posesión de otra persona. No es sólo el sentimiento que incluye el amor o la posesión de otras personas, sino que este tipo de celos, no permite que el celoso pueda admitir que haya alguien mejor que él, más adelantado o exitoso que sí mismo. La palabra clave es envidia. El celoso envidia a otros, no admite competencia y si ve que alguien le puede hacer sombra, lo elimina, lo despide, y en casos extremos de grandes tragedias, hasta puede mandar matar al sujeto objeto de sus celos. La famosa frase “tengo envidia de la buena”, no es otra cosa que celos disfrazados de una falsa sinceridad. No hay envidia ni celos buenos.

Si algún sentido tienen en común estas acepciones, es que encontramos que tanto la respuesta emocional, sospecha o inquietud y sentimiento, son aspectos internos, mentales y personales. Los celos nacen en la mente y corazón de los individuos. Con tanta razón la Palabra de Dios nos manda guardar nuestro corazón y nuestra mente de todas las cosas que afecten, incluyendo los celos. Dependiendo de la situación, podemos contemplar varias clases de celos, por razón de espacio quisiera comentar de manera breve las siguientes:

  1. En la familia. El ejemplo clásico es el de los hijos de Adán y Eva, en Génesis 4. Caín mató a su hermano Abel por celos. No permitió que la mejor ofrenda, la adoración y actitud de Abel prevaleciera. Vaya que los celos pueden ser tan destructivos, pues pueden llevar a una persona al homicidio. El celoso de sus hermanos no tiene límite. Los patriarcas bíblicos con sus preferencias hacia alguno de sus hijos causaban celos en los demás. Tal es el caso de José. Dado que destruyen a quienes son su propia sangre, ¿qué se puede esperar que hagan con otros? Una variante también son los celos que sienten el padre o la madre por los hijos. Cada uno tiene su preferido. Y si los hijos hacen algo por uno, rápidamente el otro empieza con sus celos o sus indirectas, celando a sus retoños. Esas son actitudes que destruyen las relaciones y siembran discordia en los hogares. La respuesta a la pregunta acerca de dónde aprenden estas actitudes los hijos, es que lo hacen en el hogar paterno, por eso debemos cuidar que estos sentimientos no nos afecten.
  2. En el ministerio. Hasta en las cosas sagradas de Dios hay celos. 1 Corintios 3:3-6 habla sobre los celos, dice Pablo: porque aún sois carnales; pues habiendo entre vosotros celos…Yo soy de Pablo, yo soy de Cefas… eran las consignas en Corinto. Los celos por pertenecer al mejor grupo, o por ser discípulos del mejor apóstol. Si en algo tan serio como las cosas divinas existen los celos, ¿en qué otro aspecto de la vida no podrían sentirse? El celoso no admite que alguien sea mejor predicador, músico, pastor, misionero, evangelista, maestro, diácono, director de alabanza, estudiante de la Palabra, escritor o líder; incluso hasta por los dones espirituales que Dios da a cada persona. Una manera de describir a los grupos cristianos en los que abundan los celos, la cual es una de las peores descripciones acerca de las personas que integran una comunidad, es aquella que la compara con una cubeta llena de jaibas y que cuando una parece que está por salirse y alcanzar la libertad, las otras la jalan hacia adentro, de manera que nadie puede abandonar la cubeta.
  3. Entre novios o cónyuges. Quizá son los celos más usuales entre la sociedad. Los de las parejas podría decirse que son el pan de cada día en las relaciones afectadas por estos sentimientos destructivos. Aunque muchas veces el celoso no reconoce que lo es o no se da cuenta de que su desconfianza, fundada o no, daña su noviazgo o matrimonio. Les carcome mentalmente la sospecha, la inquietud, el sentimiento de que su “propiedad” reciba o preste atención de otra persona. Los celos son terribles y causan daño a la vida de las personas. Duros como el Seol los celos, dice Salomón en Cantares 8:6, cuando habla sobre el amor y el enamoramiento. ¿Quién no ha presenciado algunas escenas de celos? Grotescas, rayando en el ridículo. Los celos nublan el entendimiento de las personas, lo que les hace producir daño a otros y a ellos mismos.

Finalizo comentando, que para vivir “libres de celos”, se deben practicar algunas acciones:

  1. Someter nuestras emociones a Dios. Nadie nace siendo celoso. Pero un gran avance es reconocer ante Dios en oración que se sufre este problema. Gálatas 5:20 establece que los celos son una de las obras de la carne, por lo tanto, pueden ser vencidos andando en el Espíritu, con la ayuda del Señor. El Padre nos creó y tiene el poder para hacer ajustes en nuestras emociones si se lo pedimos y si dejamos que él actúe para sanar los corazones atribulados por los celos, ya sean de familia, ministeriales o de noviazgo o matrimonio. Mientras más rápido los detecte una persona y acuda a Dios, será más fácil dominarlos, de lo contrario podrían ser muy destructivos para quienes estén cercanos. Añade el apóstol Pablo que los que pertenecen Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.
  2. Evaluar permanentemente nuestras actitudes. Se debe revisar periódicamente lo que provoca la situación de celos. Con serenidad, sencillez, y sobre todo respeto, se pueden corregir acciones que producen celos. No hay que permitir que se acumulen muchos sentimientos de este tipo, porque incluso afectan la vida espiritual de la persona, y cuando hay un cúmulo de sentimientos la explosión produce mucho daño. El celoso debería ir un día a la vez, como dice el famoso himno corrido. Esto generará seguridad en el entorno.
  3. Cuidando la vida devocional. Estar en comunión con Dios. Orar permanentemente, leer la Biblia de forma sistemática, ser ministrados en la Palabra de Dios y asistir a los cultos ayudarán a mantener bajo control esos pensamientos destructivos. Debemos también dejar que el Espíritu Santo trabaje en nuestro interior y nos ayude a superar los celos. Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu (Gálatas 5:25).
fuente: aviva 21 edición Octubre 2016

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