1 PEDRO 4:11; APOCALIPSIS 4:8-11

Apocalipsis 4:8-11

Y los cuatro seres vivientes tenían cada uno seis alas, y alrededor y por dentro estaban llenos de ojos; y no cesaban día y noche de decir: Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso, el que era, el que es, y el que ha de venir. Y siempre que aquellos seres vivientes dan gloria y honra y acción de gracias al que está sentado en el trono, al que vive por los siglos de los siglos, 10 los veinticuatro ancianos se postran delante del que está sentado en el trono, y adoran al que vive por los siglos de los siglos, y echan sus coronas delante del trono, diciendo: 11 Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas

Dios quiere verdaderos adoradores. Por lo tanto, todo cuanto hacemos al servir en su obra tiene que tener el sello de la unidad, el respeto y el reconocimiento a su divina majestad.

I-  EL CULTO: LA UNIDAD EN LA ADORACIÓN

En Juan 17 el Señor Jesús no oró por la uniformidad de su pueblo, sino por la unidad que separa del mundo al experimentar el amor del Padre y la comunión para obedecer la Palabra. Esta no es una unidad futura, sino ya realizada: que sean uno (ser uno constantemente).

Es importante a la hora del culto estar unidos como un solo pueblo, como un solo cuerpo, para adorar en el sentido de exaltar a Dios por lo que él es en sí mismo y alabarlo por lo que hace. Dios esta” interesado más en las actitudes del adorador que en la formalidad de la adoración. El Señor Jesucristo dijo que el Padre busca que los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que le adoren (Juan 4:24).

Esto nos lleva a señalar que la alabanza y adoración no se limitan a un horario ni a un lugar, pero al hacerlo como comunidad de fe es entonces el servicio que los creyentes damos a Dios, resultando en que es el lugar privilegiado para expresar nuestro amor a Dios y nuestra gratitud por medio de alabanzas y acciones de gracias. Es precisamente en el culto cuando nuestra vida espiritual puede ser reavivada, nuestro celo reanimado, nuestro conocimiento de la Palabra de Dios enriquecido. Nuestras oraciones se renuevan cuando entran en contacto con las de los otros, se hacen más precisas y se diversifican, modelándose en base a las de la Iglesia universal. Encontrarnos con otros cristianos profundiza nuestra comunión con ellos, lo cual nos da nuevas fuerzas en nuestro caminar cotidiano con el Señor y en nuestro testimonio (Alfred Kúen. Renovar el culto).

De acuerdo al autor referido, el culto de la iglesia primitiva tenía como principios dominantes la enseñanza de los apóstoles, la comunión fraternal, el partimiento del pan y las oraciones (Hechos 2:42); tenía como característica la libertad del Espíritu para utilizar los distintos dones concedidos a los miembros del cuerpo a fin de contribuir a la común edificación (1 Corintios 14:26).

Pregunta: ¿Cree usted que existe el legalismo (formalidad extrema) en las iglesias actuales respecto al desarrollo de la adoración en los cultos?

II- EL PASTOR: DIRIGENTE Y ENCARGADO PRINCIPAL DEL CULTO

La responsabilidad de guiar espiritualmente a una congregación local es del pastor. Él es quien ha de dar cuenta de los creyentes puestos bajo su cuidado (Hebreos 13:17). No es a los diáconos ni a los líderes locales ni al ministerio de alabanza a quienes se les asigna esta responsabilidad. Así que el pastor ha de asumir su papel también en el servicio.

Por ello, el pastor debe analizar la letra y melodía de las alabanzas que se vayan a entonar en el culto, escuchando las voces de los participantes de tal manera que la selección de alabanzas en el culto refleje ortodoxia y variedad. No es suficiente incluir alabanzas porque están de moda ni desechar otras porque ya se cantaron mucho, sino hacer una evaluación de acuerdo al momento, al tema del sermón o al culto alusivo, para que el servicio tenga la dirección correcta, dejando siempre la libertad de hacer adecuaciones según la gracia del Espíritu Santo que se vaya haciendo presente.

Aunque la predicación es tarea esencialmente pastoral (2 Timoteo 4:2), siempre es conveniente oír a otros exponentes, tanto locales (1 Timoteo 5:17) como de fuera (Colosenses 4:10), para tener una presentación más integral y plural del evangelio, donde cada orador presente lo que mejor ayude al crecimiento espiritual de la congregación. Obvio que ceder el púlpito es responsabilidad del pastor y requiere un conocimiento previo del predicador invitado, para evitar la introducción de doctrinas extrañas o de esquemas litúrgicos ajenos a la congregación, procurando no caer en el aislamiento Diotrefano (3 Juan 9, 10).

Preguntas: ¿ Qué le parecen los cantos que se entonan comúnmente en la iglesia .7;
¿hay variedad y equilibrio en los himnos?

 

III. EL DIRECTOR DLL CULTO Y EL MINISTERIO DE ALABANZA

  • El director de culto
    En su adoración el evangelio no es proactivo, no da el primer paso, es reactivo, en respuesta a la revelación de la gracia salvadora de Dios. No es el adorador el que toma la iniciativa de adorar.
    En su amor, el cielo dio el primer paso. El Cordero de Dios (el Agnus Dei, como se diría en latín) se encarnó y fue inmolado para buscamos y salvarnos. Así que todo lo que hagamos es en respuesta a esa sublime gracia e inefable amor (Juan 4:19).

    Las alabanzas deben corresponder a cada etapa del orden del culto. Cantos de celebración para iniciar; de alabanza para agradecer; de adoración antes de la predicación, de confirmación después del sermón. Los directores deben ser pertinentes en las participaciones y en el tiempo, usando introducciones que no sean simples ni demasiado largas antes de cada alabanza.

  • El ministerio de alabanza
    En el ministerio de alabanza encontramos desde hermanos que transmiten vitalidad espiritual porque cantan o tocan con entrega y devoción, hasta los que sirven con actitudes erróneas. Incluso algunos de ellos, después de cantar, se salen del templo o se desentienden del culto. A la hora de seleccionar al ministerio de alabanza es más importante tener en cuenta su madurez espiritual que su técnica de ejecución: siempre será más importante lo que somos que lo que hacemos. Nehemías 12:46 recuerda la necesidad de tener director de cantores que presidan en los cánticos, en las alabanzas y en las exclamaciones de acción de gracias a Dios.
    El debate artificial entre entonar alabanzas antiguas o cantos contemporáneos debe soslayarse. No es la antigüedad la esencia, sino su contenido, la letra. Los himnos típicamente pentecostales exaltan la obra de Cristo Jesús, alaban a Dios, celebran los testimonios, anuncian la segunda venida, magnifican la obra del Espíritu Santo.

    En las Escrituras se presenta la idea de entonar cánticos nuevos (Salmos 33:3; Isaías 42:10; Apocalipsis 5:9; 14:3), pero a la vez, en la adoración escatológica, en el cielo se canta el cántico de Moisés, ya de algunos milenios de antigüedad (Apocalipsis 15:3).

    El cántico nuevo es más renovación que evita el acartonamiento cúltico, que mera novedad. Es una alabanza de gratitud por la gracia de Dios. No se trata de olvidar los himnos antiguos, sino de redescubrir constantemente la frescura y el gozo de la alabanza. Así, es un llamado a no dejar envejecer nuestra alabanza. ¡El cántico nuevo aleja del formalismo! (Isaías 29:13).

Pregunta de reflexión o aplicación: ¿Qué otras sugerencias podría dar para mejorar la dirección de los cultos?

IV- LA PARTICIPACIÓN GENERAL DE LA IGLESIA

Aunque estamos en la tierra y adoramos como seres humanos, en Apocalipsis 4:8-11 se nos muestra cómo es la adoración celestial.

  • La adoración continua

No cesaban día y noche… El servicio en el templo es complemento del servicio individual, que no espera el momento del culto para adorar a Dios. El adorador siempre traerá una alabanza en su pensamiento o en sus labios. A lo largo de la jornada diaria pronunciará con admiración el dulce nombre del Redentor. La meditación de la Palabra estará en su deseo y acción. El hablar en lenguas, si se tiene ese don, lo acompañará a cada momento.

  • La adoración al Dios trino
    …de decir: Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso, el que era, el que es, y el que ha de venir. El pueblo que no adora está en la medianía. No es normal que el creyente no diga palabras de honra al trino Dios. El pasaje expresa tres santos para una trinidad: Te adoramos Padre, Jesucristo y Espíritu Santo. Bendito es su nombre y bendito sea su nombre.

No escape para nosotros que en el cielo adoran al Señor con palabras; verbalizan las emociones, las externan de forma hablada y lo repiten. Nunca falten en nuestros cultos los aleluyas, las glorias a Dios, las alabanzas espontáneas. No queremos rigidez ni acartonamiento, tampoco el desbordamiento heterodoxo. Pero sí la alabanza incesante.

  • La rendición demostrativa y exclusiva ante el todo poderoso
    Los veinticuatro ancianos se postran delante del que está sentado en el trono, y adoran… La convicción de sobrenaturalidad debe acompañar nuestros cultos. De que el creyente viene al encuentro con su Dios y de que él siempre revela la gracia de su gloria. Es probable que el ser humano nazca con la inclinación de adorar al Creador, pero es en la iglesia donde se aprende a hacerlo. Las expresiones corporales de levantar las manos (1 Timoteo 2:8; Hebreos 12:12) y de prostrarse (Salmos 95:6) son demandadas en las Escrituras y deben ser parte de un estilo de vida para las iglesias. Hacerlo aquí en la tierra, nos permitirá perfeccionarnos para el momento en que tengamos que realizarlo en el cielo.

Pregunta de reflexión o aplicación: ¿Cómo explica usted el hecho de que hay gente tan extrovertida en su vida ordinaria, pero que batalla para expresarse en su vida espiritual?

CONCLUSIÓN

En un contexto de la revelación progresiva de la adoración (ver Juan 4:20.24), el lugar y la forma de adorar ceden ante la rendición sincera, intelectual y espiritual. En espíritu significa que la entrega no se limita a un lugar ni a un rito superficial. En verdad nos lleva a pensar que hay una adoración falsificada, que no está de acuerdo con Dios.

La iglesia como comunidad tiene como propósito adorar a Dios y edificar al cuerpo de Cristo. No es un concierto; no es ser protagónicos es entregarnos de lleno a la alabanza. Desde la pequeñez de nuestro ser siempre baya postración en reverencia ante su presencia. Él es digno, lo merece. y es conveniente adorarle. No escatimemos lo que es suyo; no retengamos lo que le pertenece.

Aprendimos:  ¿Quién es el dirigente o encargado principal del culto? 2. ¿Cuál es el propósito de los cánticos nuevos en la alabanza al Señor?

fuente: libro Teología del Culto – eccad – tema 25

 

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