Para tener una generación pentecostal y una iglesia pentecostal se necesitan maestros pentecostales que se rijan bajo los siguientes principios.

El principio de la vida devocional

La palabra “enseñar” proviene del latín insignare compuesto de in(en) y signare (señalar hacia) lo que implica señalar qué camino seguir. ¡Vaya desafío! Cualquier persona que se prepara, estudia y anhela enseñar puede dedicarse a trasmitir conocimientos, valores o habilidades, pero no todos logran señalar, indicar o guiar por el camino correcto.

Dios ha provisto a la iglesia de maestros capacitados y equipados por el Espíritu Santo. Maestros que a través de la vida devocional son llenos del poder de Dios y pueden alumbrar como una antorcha por medio de la luz de la Palabra, de manera que guíen a los creyentes hacia la consolidación y la madurez espiritual.

El principio de la influencia

El apóstol Pablo, gran predicador y maestro, pidió a los cristianos imitar su ejemplo: Por tanto, os ruego que me imitéis (1 Corintios 4:16); Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo (1 Corintios 11:1).

¿Cómo se atrevió a hacer tal cosa? Por la simple razón de que él a su vez imitaba a Cristo. Reconozca la influencia que ejerce su vida como maestro sobre la iglesia. Ante ellos, usted es un representante del Señor, y lo que ellos lo vean hacer guiará en gran parte el destino de sus vidas. Trate de ejercer sobre ellos una influencia positiva. El maestro enseña… Un poco mediante lo que dice… Algo más mediante lo que hace… Mucho mediante lo que es. La vida y la personalidad del maestro es la lección más poderosa que se puede enseñar. No son las elocuentes palabras las que influyen en la vida del alumno, sino la conducta santa del instructor en primer lugar; una vida entregada de lleno al SeñorJesús. ¡Procure lograr ese impacto!

El principio de la doctrina pentecostal

Pablo advirtió a Timoteo que vendrían tiempos peligrosos en los que habría falsos maestros (2 Timoteo 3:1; 4:3-4).

Los principios y fundamentos constituyen los pilares que garantizan la permanencia firme de cualquier institución, sea humana o divina.
En el caso de la iglesia, distintos vientos de doctrinas se han presentado de tiempo en tiempo, los cuales de alguna manera han intentado socavar sus fundamentos; sin embargo, nuestros pilares siguen aún firmes y estables, y nuestras bases doctrinales han permanecido sin sufrir daño.

El maestro pentecostal es el encargado de guardar con celo el buen depósito y de trasmitir la sana doctrina para que lo sepa la generación venidera… (Salmos 78:6).

El principio de la fidelidad

No todo cristiano es apto para enseñar; no obstante, todo aquel que ha sido llamado por el Señor a este ministerio debe desarrollar sus aptitudes y servir con fidelidad:

Ahora bien, se requiere de los administradores, que cada uno sea hallado fiel (1Corintios 4:2).

El maestro pentecostal en la iglesia es administrador de las preciosas joyas del Señor. Él pudo haber elegido otros métodos para que conocieran la verdad, pero no lo hizo. Fue de su agrado escogernos a nosotros para este trabajo. Ahora, él espera que seamos fieles, no por un día ni dos, no por unos meses o un año, sino ¡siempre! Con la ayuda del Espíritu Santo usted podrá ser: Fiel a Jesucristo. Fiel al llamado. Fiel a la vida devocional. Fiel a la enseñanza. Fiel a sus alumnos. Fiel a la iglesia. Fiel a la doctrina pentecostal.

Seamos fieles hasta el final (Apocalipsis 2:10).

fuente aviva 24 edición Julio 2017

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