Celebrado en Mazatlan Sin, Noviembre de 2012

Invadió a Mazatlán la bendición con las multitudes de ministros y delegados convocados a la LII Asamblea Conciliar.

La semana del 19 al 23 de noviembre fue la fecha y el Centro de Convenciones de la zona dorada, la sede donde los negocios, las elecciones, la buena prédica y la convivialidad ministrerial se magnificaron en un ambiente saturado de la presencia del Señor. Luego de los debates llegamos a los acuerdos constitucionales y minutarios.

Las elecciones manifestaron la voluntad de Dios en sus Asambleas. En los cargos quedaron los que el voto de la mayoría consagró. En la Zona Norte, el Pbro. Marcelino González sustituirá al Pbro. Salomón García; la Zona Centro permanece bajo la supervisión del Pbro. Enrique González; mientras que en la Zona Sur, el Pbro. Jorge Canto ocupará la posición que antes tenía el Pbro. Samuel Vázquez. Las elecciones por cédula fueron dirigidas magistralmente por el Superintendente del Distrito Norte de Chihuahua, Pbro. Jesús Godínez.

Luego vinieron las elecciones nacionales para los departamentos. La votación pública con la asamblea en pleno señaló a los líderes que presidirán los dos pilares de la institución, brazos del concilio, durante los próximos cuatro años. Como Director Nacional de Misiones trabajará el Pbro. César Casillas, quien sustituye en la cartera al Pbro. Salvador Salazar; como Secretario Tesorero fungirá el Pbro. Miguel Ángel Lagos; y se mantiene como Coordinador del Trabajo a las Etnias el Pbro. Cruz Velázquez. Para el Departamento de Educación Cristiana la asamblea consagró al Pbro. José M. Saucedo Valenciano en la dirección nacional, y al Pbro. Fernando Figueroa como Secretario Tesorero.

asistentes concilio

Atinadamente presidió esta sesión nuestro digno Superintendente General, Pbro. Abel Flores Acevedo. Cada día por las mañanas y las noches tuvimos devocionales gloriosos. Los negocios y las elecciones fueron precedidas y sucedidas por tiempos de refrigerio en la presencia de Dios. El grupo de alabanza, presidido por el Pbro. Gilberto Cordero, se acompañó de un coro de voces varoniles que fue novedoso y efectivo, pues dio un vigor impresionante a la adoración en cada culto. Los programas integraron un equilibrio entre modernidad y conservadurismo que resultó por demás grato a la asamblea. El fervor pentecostal se manifestó al ritmo de buena música, con excelente nivel artístico y melodías que todo el pueblo cantó. Buenas voces, buena letra, buena música, buena unción. Fue un verdadero lujo.

Los predicadores trajeron la palabra viva y eficaz. Se preconizó en los mensajes el carácter divino de las Escrituras, su inspiración, su infalibilidad e inerrancia, su poder transformador, capacitador, salvador y sanador. Quedó claro para todos en este concilio que la Biblia permanece en las Asambleas de Dios como regla infalible de fe y conducta. Es el fundamento de nuestra predicación y nuestra enseñanza. Cada orador compartió el producto de su investigación y de su experiencia con la Palabra.

El Pbro. César Aradillas compartió un mensaje sobre los beneficios que imparte la autoridad de las Escrituras a los ministros: un concepto equilibrado de identidad, un desafío constante a la autenticidad y una perspectiva clara de poder y autoridad. Nos motivó a creer la Palabra, vivirla y compartirla con toda la fuerza. Habló de la urgente necesidad de que la Biblia vuelva a ocupar el lugar que le corresponde. Para el ministro, estudiarla y caminar en ella es un privilegio y un deber. El apego que tengamos a ella determinará el nivel de nuestro éxito y nuestra capacidad de errar menos.

Versados y ungidos fue el binomio que presentó el Pbro. Abraham Pérez como determinantes en la exposición eficaz y poderosa de la Palabra para que se impacte al mundo entero con el evangelio. Cuando se conjugan en un ministro la sapiencia y la unción, la predicación y la enseñanza de la Escritura se convierte en una experiencia extraordinaria. Pablo y Jesús son los referentes del equilibrio entre ambos factores, sin separar ningún elemento del ministerio. El mensaje nos desafió a profundizar en el estudio de la Biblia, a procurar la sabiduría y a incrementar el conocimiento a la vez que se mantiene la comunión con el Espíritu Santo, de manera que seamos instrumentos efectivos de Dios.

El Pbro. Rogelio Rivas nos ministró en un estilo clásico pentecostal sobre el poder transformador de la Palabra. Mencionó que la Biblia es un libro especial, porque en él radica la autoridad divina. Es producto de la inspiración del Espíritu Santo, quien respiró sobre los escritores sagrados para librarlos del error y darle la potencia y la eficacia que sólo ella posee. Es penetrante porque llega a la profundidad del corazón y discierne los pensamientos de quienes la reciben. Es el bisturí de Dios, que sube a los hombres y las mujeres en el quirófano para cortar lo malo y dar salud espiritual. Es tan poderosa que sus efectos se manifiestan tanto cuando la expone un docto como cuando la predica un albañil, un mecánico o un ama de casa. No se trata de la retórica humana sino de la autoridad divina en la Palabra.

El dominicano Alejandro Pérez Jerónimo nos habló del Espíritu Santo como autor de la Escritura, y del impacto que produce en el mundo una iglesia llena de la palabra y el poder de Dios. Por la mañana tomó el primer capítulo del libro de los Hechos para enfatizar que la fuerza más poderosa de nuestra nación no es el gobierno ni los cárteles, sino la iglesia bajo el poder del Espíritu. Por la noche, el capítulo 5 de Apocalipsis fue el pasaje desde el cual nos ministró sobre el señorío de Jesucristo y su dignidad para gobernar el universo, pues recibió de la mano del que estaba sentado en el trono la facultad de regir sobre las naciones. Jesús es el Verbo o la Palabra del Padre, es el corazón de la Biblia, la expresión de la Palabra desde el Génesis hasta el Apocalipsis. Al final dejó el lugar al Superintendente General para que dirigiese una fervorosa oración para que el señorío del Jesucristo y el fuego del Espíritu Santo se manifiesten en cada estado del país y cada distrito del concilio.

Eleazar Jaramillo nos compartió sobre la supremacía de la Palabra. Argumentó que la superioridad de la Biblia radica en que es infalible e inerrante, superior a la razón, reveladora de la voluntad de Dios, poseedora de poder restaurador, confiable y permanente. En ella conocemos la naturaleza, el carácter, la potencia y la gracia del Señor. Nada debe sustituir la eficaciade la Escritura en nuestros programas. Ni el liberalismo, ni el positivismo, el movimiento judaizante, las técnicas síquicas o el restauracionismo profético y apostólico deben recibir lugar en nuestras iglesias. No podemos basar nuestra obra en ilusiones. Es mejor permanecer en la Escritura y esperar en Dios. Todo avivamiento tiene relación directa con la predicada con eficacia de la Palabra y un volverse del pueblo a ella. El mensaje divino es suficiente en su capacidad sustentadora y alentadora en las crisis ministeriales y familiares.

La Pbra María de las Nieves Barajas trajo un mensaje sobre la Palabra incomparable. Nos hizo reflexionar sobre los efectos que produce la verdad bíblica en las personas. Ningún bestseller ha logrado impactar tanto a sus lectores como lo hace la Biblia. Ninguno inspira ni mueve a la acción como la Escritura. Su mensaje tiene poder salvador, perfeccionador y capacitador. Nos compartió su experiencia con el poder de la palabra en la transformación de su familia y el avance de la iglesia.

El concilio resultó vigorizante para la comunión y la fe de los ministros y delegados asambleístas. Fue un tiempo de refrigerio en sus devocionales, de nutrición en sus prédicas, de productividad en las elecciones, de avance en los acuerdos. El debate, las elecciones, la comunión, la adoración y la exposición de la Biblia constituyen el sello de la prosapia de las Asambleas de Dios en México.

fuente: aviva 2013 enero

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