Un líder por naturaleza, presidió y dirigió por varios años a las Asambleas de Dios en México
[quote]DE SU TESTIMONIO[/quote]
Fui salvo a la edad de 11 años, bautizado en agua a los 14 y en el Espíritu Santo a los 15.
Desde mi temprana edad quería irme al instituto bíblico, sólo que la férrea disciplina en casa me lo permitió hasta los 16 años. Había que aprender algunas lecciones en el hogar antes de emprender el vuelo. Han pasado 27 años desde que recibí mi primer pastorado y mi credencial de iniciado; no concebiría mi vida de otra forma.
Cuando llegué a Magdiel me inserté rápidamente en la mística de la institución; viajar cada fin de semana a una ciudad, pueblo o rancho a predicar en una iglesia pequeña, mediana o grande. El primer fin de semana me enviaron a Los Vergeles; después de la carretera pavimentada había que caminar seis kilómetros, cargando las maletas que todo predicador principiante lleva para conservar su look. Ya casi para llegar al pueblo me alcanzó un vehículo para ayudarme a llegar.

Jamás olvidaré las palabras con las que me recibió mi director, Ray Daniel Morelock: hace algunos años batallé con su papá, y ahora voy a batallar con usted. Y la verdad que así fue. Tomar las clases de teología con nuestro querido hermano Morelock era la pasión de todo magdielita; abrevar en los recursos del conocimiento y de la experiencia nos deleitaba sobremanera. Valía la pena haber venido a internarse sólo para escuchar a este gran maestro.

Este año mi alma máter cumple 70 años; fue concebida en una visión nocturna de nuestro paladín Andrés Sánchez García, quien en Cd. Victoria, el 12 de octubre de 1935, comenzó a hacerla realidad; luego en El Control, Tamaulipas, para posteriormente pasar a la calle de Luis Caballero, en Matamoros, y finalmente quedar en sus actuales instalaciones de la carretera Sendero Nacional, en Matamoros. Hoy, este nuestro instituto en funciones más antiguo ha sido certificado bajo las especificaciones del Consejo Nacional de Educación Cristiana.

De mis maestros hablaré en esta ocasión, porque de ellos aprendí mucho de lo que soy y de lo que no soy también. Es decir, en ellos vi cómo hacerlo y cómo no hacerlo.
En la materia de Organización Eclesiástica mi maestro fue mi padre, el Pbro. Alfonso de los Reyes, quien nos mostró la senda del incipiente Reglamento Local de la Iglesia que entonces se estrenaba, y nos hablaba de la necesidad de organizar la iglesia local de acuerdo a la referencia legislada oficialmente.

Para Historia Eclesiástica el inspirador Rvdo. Salvador de la Rosa nos dejaba de rodillas, llorando ante las contemplaciones gloriosas de la historia. Él me dijo en el aula: Llegarás hasta donde tu padre ha llegado y aún más, serás Superintendente General. Para entonces mi padre era Superintendente del gran Distrito Central.
En Antiguo Testamento el Pbro. Pedro Medina Tenorio. Pastor venerable y respetado por su éxito eclesiástico y por su carácter firme y afable. ¿Quién de mis condiscípulos olvidará la pitonisa de Endor? Era un clásico.

Para Homilética, el siempre recordado y nunca bien ponderado Pbro. Trinidad Becerra González. El nos enseñó sólo tres cosas para tener éxito en la predicación: la recta interpretación del texto, el propósito específico y la aplicación pertinente a las necesidades de los oyentes.
En Hermenéutica el Pbro. León Villa Leyva. Era toda una cátedra y día de alimento sólido. ¿Qué podíamos preguntar al profesor Villa que él no supiera? Era una delicia para disfrutarse. Al final tomó otro camino, mas su mérito como maestro si-gue vigente.

Para Evangelismo Personal el Rvdo. José Luis González. Primero Pearlman y luego Amaya en su Evangelismo según la gran comisión. Cómo olvidar los desafios de este gran maestro que nos urgía a ser predicadores ganadores de almas y pastores con estrategias de ganar ciudades. Esos sueños no se borran.
En profecía fuimos instruidos por el maestro Tomas Amaya, quien siempre ilustraba sus clases con grandes mantas; y en Nuevo Testamento el inolvidable Juan Casas; aquel pastor de corazón manso, quien siempre nos ministró a la altura de las necesidades

En Sanidad divina el Pbro. Juan Ramírez Salazar el clásico evangelista que no sólo enseñaba teoría, nos llevaba a la siempre nos recuerdan la necesidad de lo sobrenatural en la hora de la ministración.
Para Gramática el Pbro. Pedro Medina Sánchez; Uno de los profesores con los que yo más me identificaba por su capacidad de comunicar con la nueva generación y porque yo aspiraba a seguirme superando secularmente sin descuidar el ministerio, y él era el ejemplo.

En Teología Ministerial 1 el Pbro. Enrique Moore; de él aprendí a observar la importancia de tener el carácter de ministro y saber cuidar el testimonio entre la gente.
Para Teología Ministerial II un hombre sabio, abnegado y dedicado a su labor ministerial, el Pbro. Matías Saucedo Muñoz; le aprendí la necesidad de cumplir adecuadamente con el ministerio, el desarrollo de las ceremonias y la atención de la gente.

En Evidencias Cristianas el Pbro. Rubén Pérez Vargas, un catedrático a la altura de los tiempos. Él sabía resolver cualquier dificultad que se presentara en el aula; firme de convicciones y un comunicador inigualable.
Para Música el pedazo de hombre llamado Ricardo Guerrero, quien nos deleitaba con su violín, con el toque del maestro y las luces delpuerto brillando por nosotros.

En Hacia la Meta el Rvdo. Juan Treviño, quien a pesar de sus enfermedades siempre se dispuso a guiarnos en las verdades de la preparación adecuada del ministro.
No debo omitir a otro magdielita que me hospedó en su casa pastoral en mis días de estudiante y muchas veces me orientó acerca de las materias y el perfil de la elaboración sermonaria, me refiero al amigo y Pbro. Jesús de la Rosa Camarillo.

En Introducción Bíblica el Pbro. Domingo Isidro Luciano, el más anecdótico de todos los maestros, ¿quién se iba a perder sus tiempos de aula?
Por último, mas no menos importante, por el contrario, el Pbro. Roberto de León: fue nuestro prefecto. Varón generoso, nos dio el mejor tiempo de su vida y soportó las dificultades conductuales de los estudiantes, incluido yo, vaya que sí, junto con nuestras ecónomas Jessie Morelock y María de León.
Las instituciones son compuestas por personas, y tratándose de la iglesia ésta se compone de hombres redimidos por la sangre de Cristo. Cuando se trata de la empresa tan grande de la gran comisión, no debemos olvidar que el mensaje de la redención tiene vigencia para todas las etapas de la vida del hombre, y en ese sentido somos deudores a nuestros maestros e institutos que hoy y siempre han contribuido a forjar el carácter de los ministros del evangelio que esta nación necesita.

No debo omitir que casi al final de mi preparación ministerial llegó a Magdiel el Pbro. Guillermo Fuentes Ortiz. Era la visita del Superintendente General. Fui el más preguntón de los estudiantes; quise saber todo y el hermano Fuentes fue muy gentil y amable con todos nosotros y nos mostró la senda del liderazgo y la visión de alcanzar esta nación para Cristo. Literalmente nuestra vida fue tocada con la visita de nuestro líder nacional. El poder acercarnos a él y comer con él y convivir por un buen rato con él son momentos inolvidables. Ya para entonces acariciaba el sueño de llegar a Balbuena, quién iba a decir que en el intento se me adelantaron dos grandes magdielitas, los presbíteros Teofilo Aguillón Torres y Alfonso de la Reyes Valdez, mi padre.

Nunca olvidaré mis días de estudiante y mi casa que es Magdiel, como escribió el dulce cantor asambleísta, Manuel Bustamante: Magdiel querido, tú me enseñaste y me brindaste tu gran amor. Yo te recuerdo, por ti suspiro, en ti yo miro a mi Señor.
¡Éxitos siempre!

Actualizacion: El 25 de Noviembre 2010, es electo Tesorero General del concilio, dejando asi la Superintendencia General que presidió por varios años.

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