I n hoc signo vinces, es una expresión en latín; significa algo así como En este signo vencerás. Dice quien es tenido por la historia como el primer emperador cristiano, Constantino, que vio una cruz de luz en el cielo con esas palabras escritas y que en la noche de aquel 12 de octubre del año 312 se le apareció Cristo para decirle que debía usar ese signo en la guerra contra sus enemigos. Aunque el principio de la analogía de la fe descarta la originalidad de la visión (Porque en esta era Cristo Jesús no somete a los adversarios de la fe por la vía de las armas, sino que es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.), Constantino, los sucesivos ejércitos de cruzados que intentaron libertar a Jerusalén de los sarracenos, ciertas sociedades secretas e incluso alguna iglesia que en su liturgia recurre a lo visual más que a lo espiritual, a lo que se ve por encima de lo que no se ve sino por medio de la fe, lo han usado y lo usan como divisa de sus causas, como estandarte, pues. Es una señal falsa o dudosa, en el mejor de los casos.

Es verdad, las señales son importantes, pero hay que atenderlas con cuidado y biblicidad. En Mateo 24:24 está la razón: Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos. Esto es, hay de señales a señales; pero de que las hay, las hay.

Paradójicamente, la iglesia tiene en el incremento de hombres falsariamente espirituales pero desapegados de los valores espirituales, en el auge de la herejía y en la aparición de la apostasía, señales del fin escatológico. Por eso su presencia e incremento no conturban, reafirman. No desaniman, confirman que se está en el itinerario del cielo para la humanidad.

Es un hecho, las personas con malos sentimientos y peores actitudes siempre han estado presentes a lo largo de la larga trayectoria de la humanidad. Aun así, en 2 Timoteo 3:1-2,5 se nos dice: También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos… que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita. Pero si gente de la peor ralea siempre ha existido, ¿cuál es la razón de la advertencia paulina? ¡Que la aparición de los tales se daría en el seno de la iglesia! Oh, oh, ¡qué dramática advertencia de los tiempos peligrosos!

Ya los había entonces, en tiempos bíblicos, pero con el transcurso del tiempo los habrá peores. Pero gracias a Dios por sus Asambleas, siempre esforzadas, cuidadosas de su vida espiritual, atentas al fomento de los mejores espirituales en el seno de su comunidad, que mantienen la fe, la buena conciencia y la integridad. Bendito sea el Señor.

18157016 1290360774366886 7037098789944665279 NAunque no por eso olvidamos a Himeneo y a Fileto (2 Timoteo 2:17), los hombres de la palabra corrompida, que como la gangrena, va avanzando lentamente hasta ocasionar la muerte. Enfermos que a los demás enferman de veras, aunque imperceptiblemente al principio, porque la gangrena destruye de adentro hacia afuera. Entonces hay que abrir el cuerpo para curarlo, aunque duela. Los del club de Himeneo y Fileto son gente de la iglesia cuya naturaleza se inclina más hacia lo profano, tienden a importar del mundo sus prácticas secularistas para afectar negativamente a la iglesia; van corrompiendo todo y a todo el que se deje y se quede junto a ellos. Por ejemplo, san Pablo hace una cirugía para extirpar el daño por ellos ocasionado y excomulga a dos náufragos de la fe, Himeneo y Alejandro: a quienes entregué a Satanás para que aprendan a no blasfemar (1 Timoteo 3:18).

La contraparte de este trío de pillos de la fe la representan quienes se apartan de la iniquidad, se mantienen firmes en el fundamento y por lo mismo, son conocidos por Dios, teniendo este sello: Conoce el Señor a los que son suyos; y: apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo. (2 Timoteo 2:19).

Por otro lado, el notable incremento de las herejías y de los apóstatas no merma la eficacia ni disminuye el testimonio de la iglesia. Vemos el cielo y conocemos las nubes; discernimos también las señales de los tiempos. Aunque es la contraparte, también es parte de las señales de los tiempos peligrosos. Los herejes resisten a la verdad y a los sublimes valores del evangelio; se oponen, persiguen a los que quieren vivir piadosamente; en su dilema pernicioso, engañan y son engañados.

A la manera de Janes y Jambres (2 Timoteo 3:8), tenidos como los hechiceros de Faraón que con sus encantamientos hicieron señales para oponerse a Moisés, al no poder prevalecer fingen arrepentimiento y se unen para acompañar al pueblo en su peregrinaje y extranjería. Pero la cabra siempre tira al monte; les gana el anhelo por los pepinos, melones, puerros, cebollas y ajos de Egipto, y sacan a relucir el cobre o son desenmascarados y exhibidos tal como en realidad son: herejes disfrazados de pueblo santo.

Mientras más cerca estemos del final (1 Timoteo 4:1), más los veremos embebidos en su protagonismo heresiarca capaz de envolver a quienes no estudiaron siquiera los Sucesos cumbres en la vida de Cristo, menos el prebautismal. No saben la a, menos sabrán la zeta; ya no digamos la alfa y la omega.

Estaban entre nosotros pero no se integraron a nosotros y no llegaron a ser de nosotros. No nos desalienta; ni nos desalientan porque estamos ejercitados para la piedad y las tinieblas no prevalecerán contra la luz. Nunca. Hay que tratar de convencerlos para que se arrepientan y regresen a la barca.

En este escenario de mayor incidencia de los hombres y mujeres réprobos y del auge de las desviaciones doctrinales, de los tiempos peligrosos bíblicamente hablando, encomendemos nuestra causa al Redentor y limpiémonos de toda vileza para ser vasos de honra: Pero en una casa grande, no solamente hay utensilios de oro y de plata, sino también de madera y de barro; y unos son para usos honrosos, y otros para usos viles. Así que, si alguno se limpia de estas cosas, será instrumento para honra, santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra (2 Timoteo 2:20-21).

Asegurémonos de estar en el lado correcto de la contienda, en el bando de los íntegros, de carácter santo, de vidas consagradas, de madurez en el camino de la fe. No gente peligrosa sino piadosa. Así la iglesia, que es la suma de todos y cada uno de los fieles, seguirá esperando en integridad la venida de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

fuente: aviva 19 edición Abril 2016

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