El autor de la Epístola a los Hebreos entiende las crisis que golpean a los judíos cristianos, quienes en la persecución y la necesidad tienen problemas para comprender cómo es que pueden confiar en el Señor cuando parece que estuvieran abandonados en el horno de la prueba.

Los receptores urgentemente necesitaban recibir aliento y confirmación en medio de la zozobra, por lo que el escritor emplea una gama de ejemplos de las Escrituras veterotestamentarias. Enlista nombres de mujeres y hombres cuya fe los constituye en ejemplos dignos. Ellos testifican de sus luchas, sufrimientos y experiencias, para alentarnos a permanecer fieles a Dios hasta la muerte. En este pasaje recibimos enseñanza para fortificar la confianza en el Señor.

1. La naturaleza de la fe (11:1-3)

a. Su definición.

Es, pues la fe, la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve. Tres son los componentes de la fe:

Certeza. Nuestra fe se fundamenta en la fidelidad de Dios y se caracteriza por la seguridad de que su verdad es infalible. No se puede arrastrar a la apostasía a quien ha conocido al Señor y se mantiene creyendo que él tiene poder para cumplir cuanto promete.

Esperanza. Por la fe se contempla la bendición que no se percibe con los ojos físicos. Confiamos en que con seguridad vendrá, aunque al presente sólo se observe imposibilidad. Nuestra expectativa suprema es la venida de Cristo en gloria. Los verdaderos creyentes se mantienen en espera de la mayor bienaventuranza: ver al Señor cara a cara.

Convicción. El corazón de los fieles está convencido de la veracidad absoluta de Dios y sus promesas. Para los incrédulos lo invisible es inexistente; para nosotros es real: vendrá el cumplimiento de lo que el Señor ha prometido. Ya lo acariciamos por la fe.

b. Su resultado.

Quizá los receptores de la carta llegaron a creer que su prueba era superior a la de otros creyentes. Precisamente por eso, el autor presenta testimonios variados, desde la persecución y el hambre hasta la muerte. El buen testimonio es resultado de mantenerse firme en la fe hasta el fin. Los que hoy conocemos como héroes, fueron probados. Al igual que nosotros atravesaron situaciones de crisis aguda. Y como la gracia de Dios sostuvo a sus siervos en el pasado también con nosotros lo hará. Si confiamos en él no seremos decepcionados.

c. Fundamento de la fe.

La fe nos ayuda a comprender las Sagradas Escrituras. La palabra del Señor originó todas las cosas y constituyó el universo. De la nada Dios creó los elementos del mundo y las galaxias. Para los incrédulos esto es inconcebible; pero no para los que creen al texto bíblico. La fe nos da el entendimiento suficiente para confiar en que él tiene el poder para hacer que de lo invisible surja lo visible.

2. Testimonios de fe y poder (11:4-22)

a. Hombres que agradan a Dios por la fe. 11:4-6.
Abel fue un adorador lleno de devoción hacia el Creador. Buscaba siempre la forma de agradarle. Preparó los mayores sacrificios para presentarse a Dios. También su hermano Caín llevó su ofrenda al Señor. Jehová miró con agrado el sacrificio de Abel, pero no el de su hermano. La fe marcó la diferencia. Hebreos 4:4

Enoc caminó con Jehová durante trescientos años. Su fe lo llevó a tener una relación tan íntima con el Señor que éste lo traspuso para que no viera muerte. Desapareció sin que nadie pudiera encontrar su cuerpo. Su testimonio fue tan limpio que la gente reconoció en él un amigo de Dios. Hebreos 11:5

Sólo podremos tener una relación adecuada con Dios si la fe está de por medio. Él no acepta la adoración ni las ofrendas de los infieles. Todo aquél que quiera agradar al Señor ha de creer firmemente en su Palabra. Si la convicción nos acompaña acudiremos a su presencia y él nos recibirá por la gracia de Cristo y nos dará las recompensas más gloriosas e inimaginables. Hebreos 11:6

b. Personas que obedecieron a Dios por la fe. 11:7-10

Es falso que tengamos fe si no manifestamos obediencia. Las personas que refiere ahora el autor se caracterizaron por su disposición plena a acatar las órdenes del Señor. No hay bendición para los rebeldes.

No resultaba fácil para Noé obedecer a Jehová cuando le mandó construir un arca y reunir animales diversos. Ni era sen-cillo creer a un ser invisible que anunciaba por venir lo nunca visto. Lo que no había sucedido era una inundación que cubriera los altos montes.

Siguió Noé las instrucciones divinas y con temor realizó los trabajos del arca entre las burlas de los vecinos impíos. Él quería que su familia fuera salva, y su corazón le decía que aquella revelación era ciertísima y se cumpliría lo anunciado. La convicción de este paladín produjo dos resultados: Se convirtió en heredero de la justicia, y condenó al mundo, demostrándole que es mejor obedecer a Dios aunque sus órdenes sean incomprensibles. Hebreos 11:7.

También en Abraham la fe se tradujo en obediencia cuando Dios lo llamó. No era fácil abandonar tierra y parentela para seguir las órdenes de la voz de un invisible que le prometía una herencia. Dejó la estabilidad de su habitación y salió sin dirección específica. El Señor se comprometió a guiarlo hasta el lugar deparado. Hebreos 11:8. Se convirtió en errante por obedecer a Dios. Llegó a la tierra prometida, no como amo y dueño sino como extranjero. Él y su descendencia moraron en tiendas esperando el cumplimiento de la palabra divina. Aunque en su tiempo nunca poseyeron Canaán, tenían la certeza que la promesa se convertiría en realidad. La clave de su paciencia fue que su mira no estaba puesta en lo terrenal. Latía dentro de ellos la esperanza de la ciudad celestial, en la cual la sabiduría del Todopoderoso se aplicó en el diseño y la construcción. Las promesas del Señor no se dan en el vacío. Tienen el fundamento firme de su fidelidad. Hebreos 11:9, 10.

c. Personas que se aferraron a las promesas por la fe 11:11-12, 17-19.

Sara era de edad avanzada y de matriz estéril. Abraham era ya viejo y casi muerto, pero vino una promesa de Dios impactante para este matrimonio: La pareja sería bendecida con descendencia innumerable; como las estrellas del cielo o la arena del mar. Su estado físico natural les decía continuamente que era imposible que la promesa se cumpliera. El avance de los años parecía complicar más la situación. Sin embargo ellos se aferraron a lo prometido y decidieron creer al Dios que los había llamado. De pronto Sara recibió la fuerza de la juventud para concebir, y el anciano fue invadido por una potencia viril que le permitió vivir para ver el cumplimiento de la Palabra de Jehová. Hebreos 11:11, 12.

La prueba más dura para Abraham vino después del milagro del nacimiento de su heredero. Un día inesperado el Creador le pidió a su hijo en sacrificio. El patriarca no altercó con Dios. Razonó que si el Señor le había dado a Isaac también tenía autoridad para pedírselo. Creía que tenía el poder para regresárselo de entre los muertos y así cumplir la promesa de descendencia. Milagrosamente un cordero apareció para ocupar el lugar en el sacrificio. Por eso el autor dice que en sentido figurado el padre de la fe recuperó a su vástago de la muerte. Hebreos 11:17-19.

Atenacemos las promesas divinas aun cuando no veamos el cumplimiento. Tengamos paciencia para esperar en el Altísimo pase lo que pase.

3. Testimonios de fe y esperanza (11:13-16, 20-31)

a. Esperanza de la patria celestial 11:13-16.

Al principio del capítulo se conecta la fe con la esperanza cuando se dice que la fe es la certeza de lo que se espera. Pero ahora se nos ilustra la conexión con ejemplos inspiradores de los héroes bíblicos.

Los patriarcas murieron con una convicción inquebrantable. No recibieron la ciudad prometida. Pero con los ojos de la fe la pudieron ver aunque lejana. Era tal su esperanza en lo superior que se declaraban extranjeros y peregrinos sobre la tierra. Hebreos 11:13. Su fe les ayudó a comprender que las bendiciones terrenales no eran un fin en sí mismas. Vislumbraron una patria mejor en el cielo. Anhelaron tanto la gloria divina que el Eterno se declaró con orgullo el Dios de ellos. Hebreos 11:14-16.

b. Esperanza de la intervención divina a favor de su pueblo 11:20-31.

Isaac bendijo a sus hijos con la fe de que la promesa dada a su padre se cumpliría. Hebreos 11:20. La fe y la esperanza mantuvieron vivo a Jacob hasta poder ver y bendecir a cada uno de los hijos de José. Ya viejo y a punto de morir, sin poderse sostener sin la ayuda de un bastón, adoró a Dios. Hebreos 11:21. La fe mantuvo a José con la esperanza de entrar en la tierra prometida. A tal grado llegó su confianza en las promesas divinas que mandó a sus descendientes llevar sus huesos a Canaán en su partida futura. Hebreos 11:22.

Los padres de Moisés lucharon por la esperanza de la vida de su hijo, cuando amenazaba un decreto de muerte sobre los recién nacidos. Los encantó la hermosura del niño y lo ocultaron tres meses, exponiéndose al castigo del faraón. Hebreos 11:23. Ya adulto, el rescatado de las aguas rehusó los privilegios que le otorgaba el ser adoptado por la hija del faraón. Escogió ser maltratado con el pueblo de Dios sobre los deleites del pecado. Consideró de mayor valía sufrir por causa de la esperanza de Israel que las riquezas de los egipcios a las que tenía acceso. Se atrevió a desafiar al rey. La razón de su temple es que por la fe veía al invisible operando a favor de los suyos, y eso lo sostuvo hasta el fin. Decidió creer al Señor y obedecerlo en todo. Celebró la pascua, puso la sangre en la puerta y creyó que el destructor no asesinaría a los primogénitos de Jacob. Hebreos 11:24-27

Por la fe las aguas del Mar Rojo abrieron paso para los israelitas y al intentar imitarlo los egipcios murieron ahogados. Cayeron las murallas de Jericó sin que el pueblo hiciera el menor intento de derribarlas. Sólo obedecieron a Dios dando vueltas por una semana y vieron la proeza realizada. Hasta una ramera cananea alcanzó la salvación por depositar su fe y esperanza en el Dios de los hebreos y colaborar con sus propósitos. Hebreos 11:31.

Los testimonios de fe que aparecen en Hebreos once nos inspiran a mantenernos firmes en Cristo hasta el fin. Hombres y mujeres creyeron a Dios cuando todas las circunstancias eran adversas. Muchos jamás tuvieron el privilegio de mirar o palpar lo prometido, pero supieron esperar en Jehová y someterse a su señorío.

Desechemos todo espíritu de cobardía y desánimo. No hagamos que nuestra fe dependa del bienestar material. No pongamos la mira en los bienes de esta tierra. Recordemos que nuestra esperanza no es menor que la de los patriarcas. Una patria celestial nos aguarda y el Salvador no tarda en regresar. Seamos fieles hasta la muerte.

4. Testimonios de fe en el padecimiento (11:32-40)

La fe incluye padecimientos, no sólo bendiciones. Manifiesta abnegación en el dolor, no demanda una vida libre de tribulación. Es capaz de esperar con paciencia en los tiempos de tinieblas hasta que aparezca la luz divina en su rescate. Da fuerza para soportar las aflicciones sin considerar la opción de la apostasía.

a. Testimonios de fe en la carencia de bienes materiales.

Entre los héroes de la fe no sólo se mencionan los que realizaron proezas, también la lista incluye justos que anduvieron errantes como hombres y mujeres que no tenían origen ni destino. Eran siervos llenos de fe que caminaron con Dios. Conocieron lugares inhóspitos, dormían donde les sorprendiera la noche, experimentaron privaciones. Fueron caminantes infatigables de toda clase de terreno. Desiertos, montes, cuevas, cavernas fueron su habitación en el recorrido de su peregrinaje. Hebreos 11:37, 38.

Se habla de pobres, es decir creyentes en situaciones de necesidad extrema, cuyas convicciones les ayudaron a mantenerse firmes en medio de la crisis económica. En su necesidad se cubrían con el vil y tosco atuendo de pieles de ovejas y cabras, para cubrir su desnudez. No es que el Señor fuera infiel o que pidieran ayuda divina sin creer y por ello no se les respondiera. Tenemos que aceptar que a veces entramos en períodos de prueba para pulir nuestro carácter y ser enseñados a depender de su gracia y no de los recursos personales. Hebreos 11:37. Calvino señala que estos siervos de Dios fueron tratados vergonzosamente, despreciados de todo el mundo, consumidos por la necesidad, tan odiados por todos que se vieron en la necesidad de refugiarse en guaridas de fieras.

b. Testimonios de fe en las tribulaciones.

Cuando las situaciones de crisis golpean la vida, la esperanza en Dios nos ayuda para soportarlas con paciencia. Cualquier tipo de maltratos y vejaciones sufrieron estos siervos y demostraron que sus convicciones estaban hechas a prueba de todo. Hebreos 11:37. Fueron juzgados con injusticia, ofendidos de gravedad. Encontraron oposición por causa de la fe que profesaban. Los acusaron y encarcelaron por las profecías que anunciaban. Probaron la crueldad de azotes que los laceraban y tormentos que molían sus cuerpos. Hebreos 11:36.

Pareciera que habían quedado completamente abandonados. Como si el Señor los quiso exponer al orgullo y la crueldad de los impíos. Pero Hebreos no habla de ellos como si causaran lástima, sino como señores y señoras de una fe inextinguible, capaces de pasar cualquier prueba sin perder la paciencia y la postura de hijos de Dios. Estos siervos también aportan un testimonio poderoso de la verdad divina, por lo cual lo arriesgaban todo. Los sufridos nos señalan el camino de la fidelidad, la santidad y la paciencia sin medir consecuencias. Tuvieron fe en Dios, pero no fueron liberados de las angustias terrenales. Hebreos 11:37.

c. Testimonios de fe en la muerte

¿Qué pensaríamos de los siervos de Dios que murieron de forma tan deplorable como los descritos en Hebreos? La fe bíblica no sólo nos ayuda a vivir, sino también a morir en el momento y la forma que el Señor lo disponga. A veces los hijos de Dios mueren de un modo trágico.

No siempre aparecen los héroes realizando proezas y abatiendo enemigos. En muchos casos por la fe estuvieron dispuestos a hacer la voluntad divina, aun y cuando esto implicara sufrir los peores tormentos. Hebreos 11:35. Cuando quisieron obligarlos a obrar contra de los mandamientos de Jehová so pena de muerte, ellos se mantuvieron firmes en el Señor. Su convicción les permitía interpretar las pruebas como parte del plan de Dios para su vida. No vendían su fe a ningún precio. Los golpes despiadados de las piedras y las fracturas que destrozaban sus cuerpos, no eran suficientes para hacerlos perder su testimonio. Los dientes de la sierra cortando su carne no tuvieron el poder de acobardarlos al grado de negar al Señor que los había llamado. El filo de la espada y rostro cruel de sus verdugos no pudieron matar su fe, aunque los llevaron a la tumba. Prefirieron la muerte antes que ser infieles a Dios. Para ellos el altísimo era digno de una ofrenda de sangre propia si así era necesario. Hebreos 11:37.

5. La fe implica abnegación

La fe debe ser un abandono pleno del ser en las manos del Todopoderoso en la confianza de que lo que él haga con nosotros estará bien hecho. El ejemplo de estos héroes nos enseña que no hemos de servir a Dios sólo cuando podemos obtener beneficios de su poder, sino también cuando nos toca entregar la vida en sacrificio para la gloria de su nombre.

Ellos no recibieron lo prometido. No falló la palabra divina, simplemente no era su tiempo. Pero el Omnipotente se encargará de que la promesa se haga realidad. Cuando el cumplimiento de todo lo contemplado del nuevo pacto llegue, el poder de la resurrección se encargará de que los mártires de la fe se levanten del polvo. Podrán entonces comprender que su sacrificio por Dios no fue en vano. Y disfrutarán de las delicias celestiales que el Señor ha deparado para los que le creen. Hebreos 11:39, 40. Tenemos abundantes razones para consolarnos y alegrarnos en las pruebas ante los desprecios del mundo. Al soportar la aflicción con paciencia nos identificamos con los que agradaron a Dios y le glorificaron en el dolor.

Se establece un contraste abismal entre los muertos que mediante la resurrección fueron devueltos a sus mujeres y los que prefirieron el tormento a fin de obtener la mejor resurrección. En los primeros la fe de las damas fue la clave. En los últimos la convicción personal marcó la diferencia. El testimonio de los resucitados produjo gran impacto a los antiguos. Pero al teólogo de Hebreos le impresiona mucho más el de los que escogieron entregar su vida por el Señor. Los destaca como personas que al elegir fueron por el mayor de los galardones. No aceptando el rescate… refiere a la oportunidad que tuvieron de ser liberados sujetándose a las demandas de los impíos. Hubiesen salvado el pellejo, pero a un precio vergonzoso. Ellos debieron elegir, y prefirieron sacrificar la vida que la fe. Tenían la convicción de que sus almas disfrutarían un mayor deleite con Dios. También los que sufren y mueren por Cristo se hacen héroes dignos de imitar.

6. La fe alcanza buen testimonio ante Dios

Catalogan los hombres como miserables a los siervos de Dios que sufren. Los ungidos atribulados fueron personas de gran valor aunque la humanidad no los supo apreciar. El mundo no merecía que tal categoría de varones y damas extraordinarios hayan habitado en él. Los enemigos de la fe consideraron a los profetas y siervos del Señor como indignos de continuar en la tierra y les quitaron la vida. Pero en Hebreos se invierten los papeles y aparece el Creador recogiendo a sus siervos del mundo por estimarlo inmerecedor de que los escogidos permanecieran en él. Hebreos 11:38. Ellos alcanzaron buen testimonio por la fe en el Señor. Sin embargo, Dios no les permitió gustar la gloria de lo perfecto a causa de que aún no se ha cumplido el tiempo ni el número de los escogidos. Nos esperan, porque hasta no integrarse la totalidad de los salvos, la resurrección no se efectuará. Hebreos 11:39, 40.

La victoria de la fe aparece más espléndida ante el menosprecio de la muerte que si la vida se prolongara hasta la quinta generación. Es evidencia de una fe más gloriosa y digna de mayor encomio, cuando los reproches, la necesidad y las extremas angustias se sobrellevan con resignación y firmeza, que cuando el restablecimiento de las enfermedades se obtiene milagrosamente, o que cuando se recibe cualquier otro beneficio divino.

La fe nuestra no debe fundamentarse en emociones ni sentimientos. Debemos tener la certeza de que Dios está con nosotros aunque no veamos milagros ni sintamos su gloria. A veces nos tocará experimentar bendiciones gloriosas y otras tendremos que atravesar el fuego de la prueba. La madurez consistirá entonces en disfrutar las proezas que podamos realizar, pero también en soportar sin desmayar cuando de héroes tengamos que pasar a mártires si el Señor así lo ha dispuesto.

Por la fe disfrutaremos las etapas de paz, bienestar y abundancia con un corazón agradecido con el Padre. Pero no perderemos la paciencia ni renegaremos de su trato cuando la presión nos llegue. Confiaremos en el poder de Dios para librarnos a la hora de la aflicción, pero aceptaremos cuando él decida someternos a un período de aprendizaje a través del dolor.

fuente: aviva 2013 – edicion 8

Comentarios

Comentarios