Desde inicios del siglo XX muchas personas creyentes y no creyentes hablan con mucha frecuencia del Espíritu Santo; esto obedece a los grandes avivamientos que surgieron en 1901 y 1906 y que continuaron a lo largo de toda esa centuria y en estos primeros años del siglo XXI. Sin embargo, algunos que profesan creer en el Espíritu Santo tienen fundamentos experimentales más que escriturales o teológicos. Es por ello que abordaré desde esa perspectiva esta sencilla participación. Veamos algunas razones por las cuales creer en el Espíritu Santo:

Su deidad

Normalmente los teólogos cuando abordan el tema del Espíritu Santo lo hacen demostrando que él es una persona, y eso es correcto, pero si nos quedamos ahí no tendríamos suficiente fundamento para adorarlo. El Espíritu Santo sí es una persona, pero es una persona especial, porque él es Dios; además las pruebas de su deidad son también pruebas de su personalidad. Las evidencias de la deidad del Espíritu Santo son: Sus nombres (Filipenses 1:19; 1 Corintios 6:11); sus atributos divinos (Isaías 40:13; 1 Corintios 2:12; Salmos 139:7; Job 33:40); Sus acciones divinas tales como creador del universo (Génesis 1:2), participante en la inspiración de las Escrituras (2 Pedro 1:21), causa del nacimiento virginal (Lucas 1:35); Sus asociaciones con las otras personas de la Trinidad (Hechos 28:25 comparado con Isaías 6:13; Hebreos 10:15-17 comparado con Jeremías 31:31-34; Mateo 28:19; 2 Corintios 13:14).

El testimonio del Antiguo Testamento

Los santos del Antiguo Testamento tenían la preocupación de mantener la verdad monoteísta, se cree que es por ello que se retuvo la completa revelación del modo trino de existencia divina, para revelarlo en tiempo cuando la segunda persona y la tercera estuvieran en el cumplimiento pleno de sus respectivos ministerios. Sin embargo, podemos resaltar las siguientes acciones del Espíritu Santo en el Antiguo Testamento que evidencian su deidad: Su actividad en la creación, Su espíritu adornó los cielos… (Job 26:13). Envías tu Espíritu, son creados, y renuevas la faz de la tierra (Salmos 104:30). El Espíritu de Dios me hizo, y el soplo del Omnipotente me dio vida (Job 33:4). Su obra en los asuntos de gobierno, ésta consistía en investir los órganos de la teocracia con los dones requeridos para su función (Isaías 43:11; Hageo 2:5; Nehemías 9:20), y esos dones de oficio del Antiguo Testamento son similares a los dones de gracia del Nuevo Testamento (1 Corintios 12). Su relación con los individuos, se indica claramente en el Antiguo Testamento que el Espíritu que se daba alguna vez a un individuo podía retirarse (1 Samuel 10:6, 9; 2 Samuel 7:15; Salmos 51:1-11; Isaías 63:10,11). Sin embargo, la gran expectación de los profetas era el tiempo mesiánico cuyo cumplimiento sería con el derramamiento del Espíritu Santo (Isaías 44:3; Zacarías 12:10).

El testimonio del Nuevo Testamento

En el progreso de la doctrina del Espíritu Santo, en el Nuevo Testamento se le presenta como uno que viene al mundo por promesa tanto del Padre como del Hijo (Juan 14:26; 16:7), y en esa calidad vino el día de Pentecostés, mientras que en el Antiguo Testamento se manifiesta haciendo énfasis a su omnipresencia, a partir del Nuevo Testamento lo hace a manera de residencia (Efesios 2:18-22).

Sus relaciones

Relación del Espíritu con el Padre, se nos revela que el Espíritu Santo procede del Padre. Él ejecuta los planes del Padre (Juan 4:24; 3:34; Juan 7:39). Relación del Espíritu con el Hijo, Cristo realizó todas sus obras milagrosas por el poder del Espíritu Santo, siendo un ejemplo para los creyentes a los cuales se nos ha indicado que debemos vivir y servir al Señor por el Espíritu. Entre los pasajes bíblicos que señalan la relación entre la segunda y tercera persona de la Trinidad se pueden enunciar Romanos 8:9 y Juan 16:7. Relación del Espíritu Santo con el mundo, Juan 16:7-11 presenta al Espíritu Santo como uno que convence al mundo, o lo ilumina con respecto al pecado, a la justicia y al juicio; es decir el Espíritu hace una obra de preparación para que la persona pueda aceptar a Cristo como Señor y Salvador. Un segundo pasaje del Espíritu Santo en relación al mundo lo encontramos en 2 Tesalonicenses 2:6, 7 que presenta de manera implícita al Espíritu como un poder que impide el misterio de iniquidad. Relación del Espíritu Santo con la carne, esta relación es inversamente proporcional es decir, el andar en la carne es anular el poder del Espíritu (Romanos 8:6,13), y andar en el Espíritu es echar a perder las obras de la carne (Romanos 6:6; 8:4; Gálatas 5:16). Relación del Espíritu con el diablo, la victoria contra el diablo sólo se logra mediante el poder del Espíritu (Efesios 6:10-17).

Su obra en el creyente

Con toda intención se dejó este rubro hasta el final de esta humilde exposición ya que los creyentes en Cristo somos un testimonio viviente del poder del Espíritu Santo y día a día nos da motivos para seguir creyendo en él y adorarlo. El Espíritu nos regenera (Tito 3:5); El Espíritu habita en nosotros (1 Corintios 3.16); El Espíritu nos sella en Cristo (Efesios 1:13; 4:30); El Espíritu garantiza nuestra herencia (2 Corintios 5:5). El Espíritu nos bautiza (Hechos 2:1-4; 10:44-45; 19:2-6); El Espíritu Santo nos llena (Efesios 5:17-20). A manera de epílogo quiero tomar las palabras del excelente libro Creo en el Espíritu Santo escrito por los Pbros. José Manuel Saucedo Valenciano y David Gómez Ruiz: “Creo en el Espíritu Santo” no como un apéndice doctrinal sino como lo describe el credo apostólico “Dios de Dios”. “Creo en el Espíritu Santo”, no como fuerza activa o emanación ignota, sino como la amorosa persona divina que ama, guía y enseña (Gálatas 5:18,22; Juan 16:13; Lucas 12:12). El Maestro Divino que abre las Escrituras al entendimiento del creyente que con devoción las estudia, revelándole la identidad de Jesucristo y la verdad del Evangelio (Juan 15:26; 1 Corintios 12:3; Juan 16:14). “Creo en el Espíritu Santo” como mi testigo y mi abogado que me asegura que soy de Cristo y está a mi lado para ayudarme, apoyarme y defenderme (Romanos 8:16; Efesios 1:13,14). “Creo en el Espíritu Santo”, no como reliquia espiritual sino como poder (Hechos 1:8; Romanos 8:2, 4-6). “Creo en el Espíritu Santo” como agente principal en la dispensación de la gracia. La época que vivimos es la era del Espí- ritu. Desde Pentecostés hasta el Rapto, le toca a él vivificar y dar vigor a la iglesia, pues ésta no existe sin la presencia de aquél, el cual la convierte en una sociedad distinta a las demás habidas dentro del orbe, librándola así de naufragar y perecer ahogada en los mares del mundo y estableciéndola como una institución otorgadora de vida, esperanza, salud, gozo, sanidad y perdón (1 Corintios 12:5-11; Efesios 4:3-13). “Creo en el Espíritu Santo” como parte indispensable de la iglesia de hoy. No es con programa ni con recursos modernos, sino con el poder antiguo del Espíritu eterno que las puertas del infierno no prevalecerán contra la iglesia. ¡Toda honra, gloria, adoración y alabanza sean para el Espíritu Santo!

fuente: Aviva 2012

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