El éxito es para algunos todo aquello que nos lleva a tener una vida satisfactoria y con sentido. Para otros es conseguir las metas trazadas. Para todo hijo de Dios no existe mayor logro en la vida que hacer la voluntad de nuestro Señor Jesús. Se pueden encontrar diferentes y variadas formas para alcanzar el éxito, sin embargo, debe interesarnos y ha de convertirse en prioridad la ruta que marca el pasaje bíblico a fin de no extraviarnos y para que podamos llegar a la meta anhelada, encontrando la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta (Romanos 12:2).

1-  El Espíritu Santo Es una necesidad para las personas que desean servir a Dios con fidelidad y obtener resultados positivos

El desafío de ganar una persona para Cristo y rescatar su alma de la condenación eterna es verdaderamente enorme; pero este reto se incrementa cuando el propósito de la iglesia es convertir al nuevo creyente en un discípulo y siervo de Jesús. Es allí donde se magnifica la tarea que el Espíritu Santo realiza en la persona, pues siembra en el nuevo convertido un deseo genuino y humilde de ser enseñado y guiado en las verdades eternas, las cuales lo conducirán a desarrollar lo que Jesús espera: un verdadero siervo. En lugar de depender de nuestro entendimiento humano, tenemos una guía sobrenatural en la persona del Espíritu Santo: Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad (San Juan 16:13).

La vida de servicio guiada por el Espíritu se convierte en una prioridad desde los principios de la vida espiritual. El propósito de ser siervo de Dios, y serlo de una manera eficiente y eficaz llevará a la persona a modificar hábitos y acciones que estorban en el servicio al Señor.

Necesitamos urgentemente la presencia del Espíritu Santo en la vida de la iglesia que desarrolla siervos, en las congregaciones que buscan transformar a sus integrantes en personas comprometidas con la obra de la extensión del reino y decididas a disponer de habilidades y recursos para entregarlas al servicio de su Señor. La empresa más grande e importante que tiene como dueño a nuestro Dios, requiere de personas que cumplan íntegramente cada una de las indicaciones que se les entregan. Quien anhela servir y manifestar que trabaja para el Padre, debe mostrar como característica distintiva la obediencia. El Espíritu Santo lleva al creyente a comprender que el servir no se trata de impresionar a los que nos observan o el desarrollar un activismo compulsivo, sino el de ser dócil a la voluntad de Dios.

Una vida que desea servir, pero distante del Espíritu Santo, sólo traerá para sí desánimo y frustración. Pero la voluntad de Dios se hará presente respaldando a quien sirve cuando su tarea es dirigida y sujeta al Espíritu.

2. El trabajo es el vehículo que nos lleva al destino que buscamos

El poder del éxito se encuentra en la persona trabajadora. Por eso se hace necesario conocer el pensamiento de Dios en cuanto a usarlo como vehículo de bendición.

El trabajo que lleva al cruce de camino con el éxito es aquél encierra acción, la persona que no se encuentra ociosa, aquella que siempre tiene algo que hacer. El trabajo genera una motivación a convertir el pensamiento en realidad, conociendo que los sueños requieren de esfuerzo diligente para que existan resultados. Por lo tanto, se invierten recursos, se utilizan habilidades que generen los resultados deseados.

La ociosidad atrae la compañía de personas perezosas, pero al diligente le seguirán los que buscan hacer realidad sus sueños y que necesitan un referente en su vida. Un trabajo esforzado, eficiente y sujeto a los principios bíblicos siempre encontrará los resultados esperados y producirá gozo y satisfacción en la persona que lo realiza. Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano (1 Corintios 15:58).

3. El sacrificio está presente en los que desean llegar a la meta

El esfuerzo es un componente esencial para alcanzar el éxito en cualquier aspecto de la vida. El trabajo sin fatiga y sin sacrificio sólo produce mediocridad. Cuando se hace necesario abandonar lo que hasta ese momento es prioritario, la persona llega a una encrucijada. Hay quienes no están dispuestos a pagar el precio y se desvían en busca de otro objetivo que exija menos costo. El éxito requiere trabajo y sacrificio. Si no lo hay, entonces no habrá ganancia.

El hijo de Dios tiene como una de sus primeras lecciones esta gran verdad: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame (San Lucas 9:23). Recuerde: Conseguir ganar algo sin arriesgar nada, lograr experiencia sin ningún peligro u obtener una compensación económica sin trabajar es tan difícil como vivir sin haber nacido (A. P. Gouthey).

Cuando se tiene claro que los resultados serán mayores que lo que se sacrifica, no se tendrá dudas en seguir adelante. El que sirve requiere tener presentes las palabras del Maestro que llevan implícito el sentido de sacrificio y recompensa: Y cualquiera que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna (San Mateo 19:29).

4. La perseverancia impide detenerse cuando el triunfo de llegar a la meta está cercano

Para lograr éxito en el servicio cristiano urge desarrollar todos los aspectos que definen a un triunfador. La perseverancia es una cualidad de carácter requerida para triunfar. La cultura actual, con su enfoque de satisfacción inmediata valora poco y no da cabida a la perseverancia.

La perseverancia es clave tanto en la vida cotidiana como en la vida espiritual. En la parábola del sembrador, Lucas registra: Mas la que cayó en buena tierra, éstos son los que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y dan fruto con perseverancia (8:15). Sólo se da fruto en el servicio al Señor si se persevera en el servicio. La inteligencia, habilidad y personalidad no llevan al éxito a las personas inconsistentes.

Para triunfar en el servicio a Dios se ha de perseverar en el ministerio recibido, enfocarse en la tarea asignada y realizarla con toda las fuerzas y la ayuda de Dios el tiempo que sea necesario; ¡los resultados llegarán! En este tiempo de tanta movilidad y cambio en todas las áreas de la humanidad hay que mantenerse en lo que hemos comenzado. La Biblia nos enseña que la perseverancia es clave para triunfar. La persona que pronto se desilusiona o se desanima no llegará muy lejos. No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos (Gálatas 6:9).

Hay que trazar metas grandes y objetivos difíciles, pero bajo la dirección del Espíritu Santo, con dedicación, perseverancia y sacrificio; con la certeza en que el éxito más grande la voluntad de Dios, se hará una realidad en nuestra vida.

fuente: aviva 18, edición enero 2016.

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