Absorber la palabra implica siete acciones que revelan hasta donde en realidad se quiere llegar cuando de tomar el rumbo se trata. Las situaciones en la vida son producto de las decisiones anticipadas que se toman. Lo cual demanda pensar antes de hablar, analizar previo a decidir, preceder cualquier paso con oración. Una vez hecho, hay que asumir la responsabilidad. Por lo tanto hay que revisar devocionalmente este capítulo.

La primera acción es recibir la palabra. El ser humano es un recipiente. Para que la acción suceda ha de estar destapado. Todo lo que se cocina dentro de una olla tiende a provocar ebullición. Para que salga la presión hay que abrir un escape, pero nada de esto sucedería si primero no se colocan los elementos indispensables dentro.

La segunda acción es guardar los mandamientos. La memoria es un archivo al cual se recurre de tiempo en tiempo para actualizar datos o emplearlos en nuevos proyectos. La debacle de los pueblos se debe a que olvidan su historia. Se necesita una cavidad dentro del alma y el espíritu en donde colocar la sustancia de sus preceptos para utilizarlos al momento mismo de la necesidad.

La tercera acción es mantener atención a la sabiduría. No ayuda mucho el conocimiento si no tiene utilidad en las necesidades diarias. Saber hacer es indispensable para hacer clic en todas aquellas empresas que presenta la vida. El saber es un manantial de vida, porque transforma las personas y el entorno de una manera perfectible.

La cuarta acción es inclinar el corazón a la prudencia. No es suficiente conocer y saber, ha de hacerse acopio de la sensatez para que la vida tenga sentido en lo que nuestro Omnipotente Señor ha dispuesto sobre cada uno de los seres humanos. La prudencia le da un sentido de pertinencia y arte a la forma de manejar los momentos de uno a uno.

La quinta acción es clamar a la inteligencia. Hay una personificación a manera de ilustrar. Llamar a la inteligencia es decirle: ¡Ven! Clamar es gritar, sacar la voz y la emoción de lo más profundo del ser, del vientre.  No solamente se trata de inteligencia del conocimiento, emocional y física; también dice San Pablo en Efesios 1:8 que Dios hizo sobreabundar a sus hijos en inteligencia espiritual.

La Sexta Acción ponerle voz a la prudencia. Volverse un oráculo del sentido de la vida es tener la capacidad interior de responder proactivamente a las adversidades que vienen en auxilio del que las recibe para ser promovido a un siguiente nivel. Aquello de lo cual se llena la boca es producto de un corazón desbordante en lo que proclama.

La séptima acción es la búsqueda.  Es como un tesoro. Allí está pero hay que escarbar, profundizar, averiguar. Nada sucede por casualidad, hay que provocarlo. Todo lo que vemos es producto del intenso trabajo planificado mediante la visión de hombres y mujeres que no se atienen ni se detienen.

Hay una idea más que no se debe pasar por alto. Tiene que ver con el discernimiento. Muchos conocen y saben, pero se dogmatizan y no llevan el río de su intelecto a la realidad de la vida cotidiana. Dijo Steve Jobs: que era más importante poner énfasis en las experiencias espirituales que en los dogmas. El cristianismo pierde toda su gracia cuando se basa demasiado en la fe, en lugar de hacerlo en llevar una vida como la de Jesús o en ver el mundo como él lo veía.

Las acciones producen también siete resultados, helos aquí: Entenderás el temor de Jehová. Entenderás justicia, juicio y equidad. La discreción te guardará. La inteligencia te preservará. Serás librado del mal camino. Serás librado de la persona extraña y falsa. Andarás por el camino de los buenos.

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