Una generación celebrará tus obras ante otra generación, y anunciará tus poderosos hechos (Salmos 145:4 RVA).

La palabra relevo es un término militar, la hemos tomado del ejército; su significado básico se refiere al cambio de tropas cansadas por otras de refresco.

Relevo generacional nace por tanto, con el objetivo de potenciar y consolidar. Por analogía se ha aplicado esta palabra a todas aquellas situaciones en las que las personas que en su puesto o función no pueden dar ya todo el rendimiento exigible, son sustituidas por otras de renuevo, que están con todas las energías.

Relevo de liderazgo generacional se trata de que las nuevas generaciones vayan sustituyendo sucesivamente a las antiguas de manera que el peso del desafío para un mejor avance o crecimiento recaiga siempre sobre los brazos más recios.

Hablamos del relevo de liderazgo generacional como uno de los problemas más graves con que se enfrentan no solo los estados, los pueblos, la banca, el comercio, la industria o las instituciones de beneficencia, sino también la Iglesia. Relevo de liderazgo generacional es una cuestión que debe ser abordada con decisión y desde el punto de vista del plan perfecto de Dios, puesto que se trata de dejar una posición, un poder, una autoridad para el avance y crecimiento de la obra bendita de Dios. Hace falta hacer conciencia para ver el relevo generacional como el programa de Dios por las edades. Es abrir el corazón para prestar atención a la Palabra y aceptar el relevo generacional como lo aceptó Moisés sabiendo que ya era el turno de Josué para seguir el proyecto divino.

El profeta Elías reconoció que la sucesión ya había llegado con Eliseo. Jesús sabía que era necesario dar el relevo a los doce para lograr la expansión del evangelio.

Pablo entendió acerca de este principio ya que de antemano formó a Timoteo para tal fin.

Hace falta reconocer que la función, el puesto y la autoridad que se posee son para servir mostrando un rendimiento y productividad con una visión sustentable. Es necesario aceptar cuando la edad ya no favorece, cuando el cansancio no permite desarrollarse mejor y el rendimiento esperado ya no es posible. Hace falta ver con precisión que el pueblo se estanca y desmaya con un liderazgo cansado.

En nuestros tiempos hay una generación que merece respeto, admiración y lealtad. Es la generación que logró grandes conquistas. Marcó huellas imborrables dignas del aplauso y el reconocimiento de nuestros tiempos. Es una generación de líderes que nos dieron una formación y una escuela que servirá de plataforma. Pero aún con todos los elogios que se merecen, es una generación que debe dar paso al relevo descansado, joven, con una visión renovada.

El relevo de una nueva generación que tiene una marcada identidad asambleísta y que es capaz de poner a nuestro Concilio a la altura que los tiempos requieren y que Dios demanda.

El salmista reconoció la obligación que tiene una generación hacia las venideras y dijo: Una generación celebrará tus obras ante otra generación, y anunciará tus poderosos hechos (Salmos 145:4 RVA). Es necesario discernir los tiempos de un relevo de liderazgo generacional para que no se trunquen los planes divinos y nuestro Concilio se mantenga a la altura de las demandas de la gran comisión. Que las Asambleas de Dios se distingan por su crecimiento y desarrollo constante. Me queda claro que la nueva generación está preparada para tomar el relevo del liderazgo cumpliendo así las órdenes de Dios. Sin duda alguna, hoy contamos con un liderazgo joven, con preparación teológica y profesional y con una marcada identidad institucional. Este es un liderazgo fresco, dispuesto a hacer más de lo que se les pueda pedir.

fuente: aviva 2015 edición 16

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