L a línea que une la Biblia entre Génesis y Apocalipsis es la salvación. Sin lugar a dudas el tema de alcanzar a los perdidos es uno de los más grandes propósitos de Dios. Lucas el médico amado, quien además de su evangelio escribiera el libro los Hechos, nos narra:

Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras; y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos al tercer día; y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén. Y vosotros sois testigos de estas cosas. He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto (Lucas 24:45-49).

Una iglesia sana produce frutos, es decir almas, ya que es su razón de existir; sin embargo, una iglesia enferma no produce fruto y se estanca. Una congregación para ser sana necesita estar consciente del enemigo (Hechos 5:3). A la falta de planes y metas claras para alcanzar al perdido, y la ignorancia que se tiene por los cambios sociales, morales, políticos, medios de comunicación que se viven a diario, le sumamos el relativismo moral, el liderazgo satisfecho, y aun más la terrible indiferencia ante el miedo de enfrentar la realidad de que no estamos creciendo como debiéramos. Dios no se agrada de esto, porque para eso envió a su Hijo Jesucristo a morir por el perdido y nos ha dado al Espíritu Santo para ser testigos al mundo (Hechos 1:8).

Lucas registra la parábola del buen samaritano (10:30-37), en ella Jesucristo habla de acción, la cual nos puede inspirar a nosotros como pastores y líderes y a nuestras congregaciones al amor por el perdido. Veamos algunas señales de una iglesia que evangeliza basándonos en esta parábola.

  1. Es consiente de la condición de los millones que no tienen a Cristo Respondiendo Jesús, dijo: Un hombre descendía de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron; e hiriéndole, se fueron, dejándole medio muerto (10:30). Así como este hombre caído, robado, despojado, golpeado y medio muerto, está el ser humano, quien se encuentra a merced del diablo (Juan 10:10), sin salvación por la condición miserable en que se encuentra (Efesios 2:1-3). Es fá- cil olvidarnos de los hombres y mujeres que no tienen a Cristo.
  2. Cumple su función sacerdotal Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino, y viéndole, pasó de largo (10:31). A los religiosos se les olvida fácilmente la misión de Dios, por sus tantos quehaceres pierden el rumbo fácilmente. Asisten al culto, predican bien, enseñan bien, lideran bien pero se les olvida lo principal y se “pasan de largo”, se vuelven “ojo de hormiga”. Como iglesia no nos libraremos de dar cuentas por las personas que andan sin Dios (Ezequiel 33:8).
  3. No utiliza a otros como excusa Asimismo un levita, llegando cerca de aquel lugar, y viéndole, pasó de largo (10:32). Los levitas eran los ayudantes de los sacerdotes y pudieron haber dicho: Si ellos no lo hacen, ¿Por qué he de hacerlo yo? No basta con cantar “Enciende una luz” “Yo iré, envíame a mí”; poner a todos de rodillas, que salten, levanten sus manos o den grito de júbilo, si se están excusando para no ganar almas, apoyando su cojera en los demás. Jesús recalca en este pasaje nuevamente: pasó de largo. Nunca nos excusemos por la conducta de los demás para no cumplir el mandato de Cristo. La oración ferviente mantiene la pasión permanente hacía los perdidos y nos aleja de la indiferencia.
  4. Se acerca al perdido, mira la necesidad, y acciona Pero un samaritano, que iba de camino, vino cerca de él, y viéndole, fue movido a misericordia (10:33). Me da vergüenza decirlo, pero esta semana me correspondió visitar a cada vecino que colinda con nuestro templo. Conocí y me presenté ante 20 o 30 personas que están alrededor nuestro. Pero la pena es porque andamos regularizando nuestro templo y tuve que salir e investigar a los nuevos colindantes. Me decían: Ah, usted es el pastor… nuestro vecino qué gusto saludarlo… ¿En qué podemos servirle? Me dije: ¡cuántos grupos pequeños puedo formar aquí! Dios me abrió los ojos para ver la necesidad de Cristo en cada uno de ellos. ¡El que menos esperaban, un samaritano, accionó ante la necesidad! Jesús da con todo, confronta a los religiosos de ese tiempo y a su vez nos confronta a nosotros. El punto es este: acercarse al necesitado. Muchas veces ni siquiera percibimos al perdido que vive al lado de nuestro templo o casa. Con sólo acercarnos a ellos, saludarlos, sin duda confiarán en nosotros y haremos relaciones de amistad, entonces se abrirán sus corazones por la luz que proyectamos de Dios. Además, tarde o temprano querrán imitar nuestra fe y preguntarán. Observe: se acercó, le vio, y se conmovió. Esta es una señal clave de una iglesia que evangeliza: acercarse al perdido. Seguimos creyendo la vieja historia que a gritos, saltos y sombrerazos las almas se convertirán dentro del templo. Seguimos utilizando métodos arcaicos de hace 200 años en una generación completamente nueva.
  5. Sabe invertir su dinero en la razón de ser: extender el reino de Dios Y acercándose, vendó sus heridas, echándoles aceite y vino; y poniéndole en su cabalgadura, lo llevó al mesón, y cuidó de él. Otro día al partir, sacó dos denarios, y los dio al mesonero, y le dijo: Cuídamele; y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese (10:34, 35). Solamente deseo enfatizar esta gran riqueza, este lingote de oro que hay aquí: Cuídamele; y todo lo que gastes de más, yo te lo pagaré cuando regrese. Chequera abierta para ganar las almas nuevas. Este hombre deja en claro que ganar almas cuesta, no es barato y se requiere dinero para ganar al perdido. La iglesia debe revisar sus cuadros básicos financieros, balancear su presupuesto y revisar cuánto invertimos en la misión de Dios y en lo que permanecerá. Capacitar, entrenar, salir, comprar materiales, abrir nuevas iglesias, comprar terrenos, Biblias, buenos tratados, en fin, llenar y saturar del evangelio a nuestras comunidades. La idea es esta: invirtamos las finanzas en el reino de Dios, sin temor alguno, haciendo tesoros en el cielo.
  6. Se enfoca en la misión de Dios ¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de los ladrones? Él dijo: El que usó de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo (10:36, 37). Si deseo ser una iglesia que dé señales, necesito no sólo preocuparme por el perdido, sino accionar. Cierro con la misma frase de esta linda parábola, con mucho respeto y amor estimados consiervos: Ve, y haz tú lo mismo.
fuente: aviva 2014 – Edición 11

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