JUAN 14:11-15

11 Créanme cuando les digo que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí; o al menos créanme por las obras mismas. 12 Ciertamente les aseguro que el que cree en mí las obras que yo hago también él las hará, y aun las hará mayores, porque yo vuelvo al Padre. 13 Cualquier cosa que ustedes pidan en mi nombre, yo la haré; así será glorificado el Padre en el Hijo. 14 Lo que pidan en mi nombre, yo lo haré.

La resurrección de Lázaro nos muestra el carácter compasivo de Jesús y su dominio sobre la vida y la muerte. Comprender la compasión de Jesús. Apreciar la autoridad del Señor sobre la vida y la muerte. Mantener la confianza en Dios, que puede obrar a un sobre lo imposible.

INTRODUCCION

Uno de los hechos más extraordinarios que relata el evangelio de Juan es la resurrección de Lázaro. En este acontecimiento se hace manifiesto el poder de Jesús de una manera tan palpable. Después de cuatro días en la sepultura, Lázaro vuelve a la vida. indiscutiblemente  la grandeza y omnipotencia de Jesucristo se ven reflejados en este milagro maravilloso.

El milagro ocurre en el pueblo de Betania, (casa de dátiles o de higos). La aldea estaba ubicada a 3 kilómetros al sudeste de Jerusalén, cerca del camino de Jericó y al borde del desierto. El camino entre Jerusalén y Betania hacía posible una ruta más transitable y fácil para llegar al Monte de los Olivos. En ese lugar también María, la hermana de Lázaro, ungió los pies de Jesús, en la casa de Simón el leproso (Marcos 14:3; Juan 12:4-6); también fue cerca de Betania cuando Jesus ascendió al cielo. En la actualidad, es una pequeña aldea llamada el Azariyé, o Lazariyé, “pueblo de Lázaro” en el país de Israel. Ya no tiene sus hermosas palmeras datileras del pasado, hoy sólo crecen olivos, higueras y granadas.

1.UNA PETICIÓN URGENTE

Nota complementaria
El nombre Lázaro se deriva del nombre “Eleazar”, que significa “Dios es mi ayudador”. Este Lázaro no se menciona en los Sinópticos, pero sus hermanas si (ver Lucas 10:38-42). El hombre enfermo se identifica en dos relaciones: con su lugar de residencia y que en ese lugar vivían María y Marta. Esta Betania es distinta de la ciudad cerca de donde Juan estaba bautizando al este del Jordán, en Perea (1:28).El hogar de María y su hermana Marta estaba en la Betania de Judea, pequeña aldea ubicada solamente a unos tres kilómetros de Jerusalén (James Bartley. Comentario bíblico Mundo Hispano: Juan. pág. 242).

El evangelio de Juan es el único que relata este milagro, y lo hace detalladamente. El autor describe el afecto que sentía el Señor hacia él y sus hermanas: Y amaba Jesús a Marta, a su hermana y a Lázaro (ll:5).

Un día. Lazaro enfermó. El texto no explica qué clase de enfermedad tenía, pero tal vez era una enfermedad grave, pues Marta y María inmediatamente enviaron un aviso a Jesús. Apelan ¿¡la amistad que unía a Cristo con su hermano: Señor,he aquí el que amas está enfermo. Evidentemente deseaban que el Maestro fuera lo más pronto posible para acompañadas en esos momentos de angustia y dolor, pues estaban seguros que la presencia del Señor podría cambiar la situación. Sabían que Jesús tenía poder para sanar. por lo que esperaban que fuera con ellos y levantara de su lecho a Lázaro.

Era de esperar que el Señor acudiera con prontitud a atender el llamado de las hermanas. Sin embargo, cuando Jesús escucha la noticia, decide quedarse dos días más en el lugar donde estaba. A sus discípulos les explica: Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella. Sabía con exactitud el Maestro lo que iba a suceder, Lázaro moriría pero él lo resucitaría con su poder. Así que el Señor aplaza su arribo para mostrar que tiene dominio aun sobre lo imposible.
Sin duda la espera pudo ser angustiante para estas mujeres, pues desconocían que pronto verían un milagro. Ahora nosotros aprendemos que durante las pruebas y aflicciones, es mejor esperar con paciencia y creer que de algún modo nuestro problema será una oportunidad para que Dios se glorifique en él.

II. UNA FAMILIA EN DOLOR

Nota complementaria
El duelo [judío] duraba siete días, de los que los tres primeros se pasaban llorando. Durante los siete días estaba prohibido ungirse, ponerse zapatos, dedicarse a ninguna clase de estudio o de negocios y ni siquiera lavarse. A ¡a semana de duelo seguían 30 días de luto riguroso. Así es que, cuando Jesús se sumó a los que había en la casa de Betania, encontró lo que se esperaba en una casa en duelo. Era un deber sagrado ir a expresar condolencias a los familiares y amigos del difunto (William Barclay. Comentario al Nuevo Testa‐ mento. pág. 448).

Jesús llegó finalmente a Betania, pero ya han pasado cuatro días desde que Lázaro murió. Tal como se acostumbraba, muchos judíos también acudieron a la aldea para estar con Martha y María. Todos estos visitantes tendrían la oportunidad de ser testigos de uno de los mayores milagros del Señor Jesucristo.
Cuando Martha escuchó que Jesús llegaba, salió a su encuentro. Luego le reclamó llena de angustia: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto (11:21). Con estas palabras reconocía el poder de Jesucristo, sabía que él podía sanar a Lázaro, sin embargo, ella parecía dar a entender que ya era tarde, no obstante, se aferraba a una última esperanza: Mas también sé ahora que todo lo que pidas a Dios, Dios te lo dará (11:22).
Responde el Señor: Tu hermano resucitará (11:23). Su lacónica respuesta parece tener la intención de probar la fe de Marta. Ella replica la esperanza que tenían muchos de los judíos, cree que resucitará en el día postrero. Entonces Jesucristo le hace ver a su amiga quién es él :Yo soy la resurrección y la vida… (11:25). El es el autor de la vida, la fuente de toda existencia, la causa de todo ser; el que hará posible la resurrección en el día final está ahí junto a ella. La frase completa del versículo 25 nos deja ver que esta promesa se refiere a todos los creyentes en Cristo.

Quienes creen en Jesús, tienen en el don de la vida eterna, y aunque mueran físicamente, la vida espiritual que gozan en el Señor se mantiene más allá de la tumba, por eso. aunque está muerto, vivirá. Esta es la clase de fe que Jesús espera de Marta, no sólo la creencia de un día de resurrección, sino creer en aquel que es la la resurrección y la vida. Así la mujer responde: Si, Señor; yo he creído que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, que has venido al mundo (11:27).
La reacción de María al encontrarse con Jesús fue la misma que la de su hermana. Esta vez él no pronunció palabra, pero el evangelista nos dice que cuando el Señor vio el llanto de ella y el de los que la acompañaban, se turbó y se conmovió profundamente (11:33 NVI). El verbo griego que se usa para la primera palabra, se traduce también como “indignación”. Más adelante también nos dice que lloró (v. 35). Sobre estas emociones en el Maestro, escribe el comentarista Alberto T. Platt: Era innegable la profunda simpatía que Cristo sentía por sus amigos, pero su reacción tuvo además otra causa. El estaba indignado con la muerte en si, y on el pecado
que la había traído al mundo (Estudios Bíblicos ELA: Para que creáis (Juan). pág. 86).

III. LÁZARO VUELVE A VIVIR

Nota complementaria
Después de dirigirse al Padre, Jesús se dirige ahora al propio amigo difunto: “Y habiendo dicho esto, clamó a gran voz: ¡Lázaro, sal fuera!” (v. 43). Este llamamiento en voz alta fue sumamente conciso y, al mismo tiempo, extremadamente poderoso. Llama al muerto por su propio nombre, para que, como dice Agustín de Hipona, sea él quien vuelva a la vida y no otro, pues la voz de Jesús es tan poderosa ‐dice él‐‐que, si no le hubiera llamado personalmente, todos los muertos se habrían levantado de sus sepulcros (Matthew Henry y F. Lacueva. Comentario bíblico Matthew Henry. págs. 1420. 1421).

Profundamente conmovido por la m u e r t e de su amigo Lázaro, Jesús llegó al sepulcro. Muchas de las tumbas de aquella época eran cuevas naturales o artificiales; se colocaba dentro el féretro y se sellaba la entrada con una piedra grande. Al llegar Jesús a la entrada. ordena que la piedra sea removida. Marta reacciona inmediatamente: Señor, hiede ya, porque es de cuatro días (11:39), era probable que el cuerpo ya estuviera descompuesto. Una vez más la fe de la mujer parece vacilar, pero el Señor le dice nuevamente que tiene que creer, sólo así verá la gloria de Dios. Cuanto más difícil parezca la situación. más evidente será la manifestación del poder divino, pero es necesario confiar en que él obrará.
Proceden entonces a quitar la piedra. Luego el Señor pronuncia una oración sencilla (11:41). Notemos que se expresa como si hubiese realizado ya el milagro, pues hay plena confianza en que Dios lo está escuchando, por eso que dice: Yo sabía que siempre me oyes. En su oración hay una seguridad que demuestra que está en completa e íntima relación con el Padre, y agrega que el propósito de sus palabras es para que los presentes crean que él es el Mesías enviado por el Padre.
Tres palabras bastaron para que se efectuara el milagro. Al terminar la oración, llama el Señor a Lázaro con fuerte voz, como para demostrar a los presentes que tenía autoridad aun sobre la misma muerte. En seguida Lázaro vuelve a la vida y sale de la tumba con sus manos y pies atados con vendas y envuelta su cabeza con un sudario. La escena no podía ser más impactante, hay ahí un hombre a cuya voz los muertos se levantan y
salen de su tumba. La última orden fue: Desatadle, y dejadle ir.

Podemos pensar que como resultado de este evento milagroso todos los presentes debían haber creído en Jesús. Pero aunque algunos lo hicieron, otros fueron a contarle al parecer con malas intenciones a los fariseos. Los milagros pueden fortalecer o confirmar la fe de algunos, pero no son garantía de que todos creerán, algunos por más evidencias del poder de Dios que seles presenten, seguirán aferrados a su incredulidad.

CONCLUSIÓN

El Señor manifestó su poder y su autoridad frente a la tumba de Lázaro. Sólo el Señor es capaz de sanar y dar vida, para él la palabra imposible no existe. Con esa confianza enfrentemos cada adversidad, si creemos en Jesús, no dudemos de que en algún momento, en medio de la enfermedad o los problemas, veremos la gloria de Dios. Sólo se requiere de nosotros fe. Entendamos que él está c o n nosotros y jamás nos dejará.
Un día volverá a escucharse la voz de Cristo, que con autoridad llamará a todos los que murieron creyendo en él. El que es la resurrección y la vida, reclamará de las tumbas a los que durmieron en él. Esta esperanza de vida eterna ha de ser un permanente consuelo en nuestro camino a la gloria.

fuente: MILAGROS libro de estudios Dominical – Eccad – lección 26

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