Los cristianos nos debemos ministrar mutuamente en tiempos de tribulación. Job 2:10
«Y él le dijo: Como suele hablar cualquiera de las mujeres fatuas, has hablado. ¿Qué? ¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos? En todo esto no pecó Job con sus labios».

LEA JOB: 2 y 3

Job enfrenté un segundo desafío del diablo que también tenía como propósito quebrantar su lealtad a Dios. Sin embargo, como muestra esta enseñanza, Job no ofendió a Dios, sino que se mantuvo fiel. También nos presenta a la esposa de Job y a tres de sus amigos. Su esposa le sugiere que maldiga a Dios y termine su sufrimiento con la muerte. Sus tres amigos hicieron un largo viaje para consolarlo e identificarse con él en sus sufrimientos.

Todos enfrentamos pruebas y sufrimientos. Los cristianos tenemos la responsabilidad y el privilegio de ser ministradores de la gracia, La misericordia y la presencia de Dios. Este es el tema de hoy.

No se nos da un diagnostico específico para la aflicción de Job, aunque en el texto mismo se mencionan una serie de síntomas: sarna y úlceras abiertas (2:7,8); úlceras en la piel (7:5); depresión (7:16); problemas en la visión (16:16); demacración (19:20); ennegrecimiento y caída de la piel (30:30). Algunos hacen notar que hay similitudes entre esta aflicción de Job y la plaga de úlceras que sufrieron los egipcios en Exodo 9:9‐11.

Ha estado usted alguna vez cerca de alguien que estaba pasando por unos dolores inmensos? Ha visto alguna vez a un amigo pasando por una prueba o una aflicción grave?  Hoy analizamos la segunda prueba por la que pasé Job. Pase algún tiempo reflexionando en su reacción, y también en la reacción de su esposa y de sus tres amigos. Después comente estas preguntas: «Cómo reacciona usted cuando ve sufrir a alguien? Como cristianos que somos, ¿cuál es nuestra responsabilidad en cuanto a ministrarle?»

I. EL SEGUNDO DESAFÍO DEL DIABLO

A. La corte celestial Job 2: 7‐3
Gran parte de lo que sucede en Job 2:1‐3 es idéntico al texto de 1:6‐8, incluso en su terminología. Por segunda vez, la narración pasa a una escena en la corte celestial y ante la presencia de Dios. Las palabras «Aconteció que otro día» indican que es posible que hubiera transcurrido algún tiempo entre este suceso y los sucesos anteriores, que aparecen en el capitulo 1. Sin embargo, la cantidad precisa de tiempo no queda definida.

Los ángeles se presentaron ante el Señor una vez más, para dar un informe de sus actividades en la tierra. De la misma manera que en el capitulo 1, Satanás también se presentó ante el Señor y le habló de su actividad de rodear la tierra y andar por ella (vv. 1,2).  Aunque Dios le recordó de nuevo a Satanás que su siervo Job era un hombre intachable y recto, un hombre temeroso de Dios que evitaba la maldad, ahora añadió otra cualidad: Job había mantenido su integridad en medio de la tragedia (v. 3).

En el versículo 3 hay dos afirmaciones que piden una explicación. En primer lugar, Dios le dice a Satanás: «Tú me incitaste contra él para que lo arruinara». Esto no significa que Dios pueda ser doblegado a hacer cosas contrarias a su voluntad. Mas bien refleja que Dios señala a Job como ejemplo supremo de justicia; esto lleva a la nueva acusación de Satanás y la prueba que le siguió. Cabe destacar que las calamidades que Job sufrió fueron obra de Satanás.

Ademas se menciona la expresión «sin causa», que también exige un comentario. Sabemos que Satanás tenía una causa, una razón para afligir a Job. Lo que realmente quería era desacreditar a Dios, probando que Job tenía una razón oculta para servir a Dios. Sin embargo, Job mismo no hizo nada que pudiera ser causa de sus sufrimientos. Job siempre había sido un hombre justo e intachable, y lo siguió siendo aún en su tiempo de dolor.

B. El segundo desafío Job 2:4‐6
Después de fracasar en su intento de que Job maldijera a Dios, Satanas traté de que Dios cargara con la culpa. Por eso alegó que el desafío original no había sido suficiente. Esto nos hace ver con claridad la naturaleza y la obra de Satanas, quien esté buscando siempre debilidades que explotar. Este adversario busca continuamente oportunidades de tender trampas, engañar, o derrotar por el cansancio incluso hoy a los hijos de Dios.

En Job 2:4, Satanas usa la expresión «piel por piel» como excusa para su fracaso. Esta forma idiomática o expresión podría señalar la creencia de que un ser humano hace cuanto sea necesario para salvar su propia vida. En nuestro tiempo usamos una expresión similar: «hacer cualquier cosa para salvar el pellejo». Satanas trato nuevamente de incitar a Dios, al sugerir que todo ser humano tiene su precio. Lo que insinuaba era que la pérdida de sus posesiones y de sus hijos no había sido suficiente para provocar a Job. Si el sufrimiento tocaba su propia carne y sangre, entonces maldeciría a Dios (v. 5).

Vale la pena notar que algunos expertos consideran que las palabras «piel por piel» podrían indicar que la pérdida de su familia y sus posesiones era para Job una herida superficial, a nivel de piel. y que no era lo suficientemente dolorosa. Ambas explicaciones de la expresión llevan a la misma conclusión: Satanas quería probar que Job se valoraba a sí mismo mas que a cualquier otro ser humano. Y así fue como Dios permitió que el nuevo reto se llevara a efecto, aunque con condiciones: Aunque Satanás podría atacar el cuerpo de Job, Dios le impuso el claro límite de que la vida de Job estaba bajo su protección. Como en el primer reto, Dios nuevamente impuso y controlar los limites según las cuales se produciría el segundo ataque (v. 6). El amor, la preocupación y la atención de Dios por Job se mantuvieron siempre firmes. Tampoco abandonó jamás su soberano control de la situación.

II. FIEL EN MEDIO DE LA ENFERMEDAD Y LOS CONFLICTOS

A La aflicción de Job
Job 2:7,8
Satanas comenzó de inmediato su plan para afligir a Job, y lo hirió con unas úlceras muy dolorosas (Job 2:7). Es posible que fueran como las que sufrieron los egipcios en Exodo 9:8‐11, y tal vez marcaron el comienzo de otros síntomas terribles, puesto que Job menciona otras complicaciones (30:17, 27, 30).

Además de ser una aflicción dolorosa, también tenía el cuerpo cubierto de estas llagas, de manera que cualquiera las podía notar. Una situación así haría de la persona un paria, alguien que debía salir de la ciudad para no infectar a otros. Al parecer, en esta etapa Job vivió aislado en el depósito de cenizas de la ciudad (Job 2:8). Este era un basural situado en las afueras de los muros de la ciudad; era el lugar donde la población desechaba las cenizas, junto con otro tipo de basura. Allí, Job aliviaba su sufrimiento tomando pedazos de vasijas de barro para rascarse las heridas. Aquel hombre justo, que antes había tenido riquezas y una gran familia, se encontraba en una condición de profunda miseria, sufriendo intensos dolores y en medio de una gran aflicción.

Aunque aquí se presentan las acciones de Job, no hay registro de sus palabras. La epístola de Santiago contiene un breve comentario acerca de su sufrimiento: este hombre piadoso fue reconocido por su perseverancia en medio del sufrimiento (Santiago 5:10, 11). Satanás lo sometió a un sufrimiento indecible, pero El se mantuvo fiel al Señor.

B. La esposa de Job Job 2:9, 10
En el versículo 9 se nos habla por primera vez de la esposa de Job, aunque con toda seguridad ella fue testigo presencial de las tragedias que lo afligieron. Ademas, ella también sufrió la pérdida de su familia y de sus posesiones. Sin embargo, su respuesta a lo sucedido fue muy diferente a la de Job.

Este es el único lugar del libro donde la esposa de Job habla y hace dos declaraciones muy reveladoras. La primera fue una pregunta: «Aún retienes tu integridad?» (Job 2:9). En este pasaje, la palabra «integridad» se refiere al carácter piadoso de Job. Lo que en realidad ella quería destacar era de qué le había valido a Job temer y Dios y llevar una vida recta, qué provecho había obtenido de ello.

La segunda declaración es muy dura, puesto que en vez de animarlo, le dice que lo mejor para él es que «maldiga a Dios y muera» (v. 9). Lo incita a cambiar completamente los términos de su relación con Dios, porque a juzgar por las apariencias, su andar con Dios de nada le había servido, solo le había causado males y lo llevaría a la muerte. Observe que ella no duda de la integridad de Job, sino solo del valor de esa integridad. Por tanto, conforme a su manera de ver las cosas, lo mejor que Job puede hacer es maldecir a Dios. En cierto sentido, ella afirma que Dios no es quién dice ser. Esto se asemeja mucho a lo que Satanás afirma acerca de Job.

Ella también había sufrido la pérdida de sus hijos y de sus posesiones. Ahora veía Como su esposo, quién era un hombre intachable, sufría aquella gran agonía. Desde su punto de vista, la muerte seria la única manera en que Job podía escapar de sus terribles sufrimientos. Sus palabras, aunque equivocadas, posiblemente surgieron de un profundo sufrimiento. Job le contesta, diciendo que habla como las mujeres fatuas (v. 10). El con‐ fiaba en Dios, y las palabras de su esposa posiblemente añadían a su dolor. Entonces Job plantea una profunda pregunta válida en todo momento y época, que muy bien se podían hacer hoy los miembros del pueblo de Dios: «¿Qué‘? ¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos?» (v. 10). Aquí, al hablar del mal no se refiere al mal moral o espiritual, porque Dios no hara con nosotros algo que contradiga su naturaleza. Mas bien se refiere a todo lo opuesto a aquello que es agradable y deseable. E1 sabía que era posible que Dios permitiera el sufrimiento de sus siervos. Romanos 8:28 nos recuerda que «a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien». El Señor nos da a todos cosas buenas y agradables, y también nos las puede quitar si esa es su voluntad.

III LA COMPASION DE LOS AMIGOS

A. Presentación de los amigos de Job –
Job 2:7 I

Mientras Job seguía sentado en su aislamiento en medio de las cenizas, se incorporan al relato tres amigos suyos. Es posible que estos recorrieron un largo camino para ver a Job después de saber de su situación: Elifaz temanita vivia en Teman, una ciudad edomita situada al sur del mar Muerto, que es la única ubicación de las tres que se puede identificar con certeza. Al esfuerzo de Elifaz de consolar a Job, se unieron Bildad suhita y Zofar naamatita (Job 2:11).

Los tres tenían un mismo propósito cuando lo fueron a visitar: ofrecerle su apoyo y su consuelo. Podemos sentir que querían compartir su sufrimiento y su angustia, expresando su afecto y su preocupación por El. No hay registro escrito de sus palabras en este momento, pero la mención del consuelo parece indicar que le dijeron palabras afectuosas. En general, la intención de ellos era buena.  Aunque posiblemente veremos a estos hombres bajo una luz diferente en los capítulos que siguen, aquí los vemos como tres amigos fieles que sacrificaron su tiempo para ayudar a su amigo. Su proposito era honorable; no tenían la intención de burlarse de la difícil situación de Job ni de deleitarse en ella; solamente querían apoyarlo y consolarlo.

B. Los amigos de Job se compadecen de éI
Job 212,73

Cuando llegaron los amigos de Job, apenas lo reconocieron (Job 2:12). El asombroso aspecto de su amigo destruido y agobiado por el sufrimiento los llevó a lamentarse y angustiarse. Lloraron profundamente y rasgaron sus vestiduras. Hasta se cubrieron de cenizas como reacción a la difícil situación de Job. Estos actos, que hoy en día tal vez nos parezcan extraños, en los tiempos bíblicos eran formas comunes de manifestar luto y angustia.

Los tres amigos se sentaron en el suelo con Job, y durante siete días y siete noches, todos se mantuvieron en silencio (v. 13). En otros lugares de las Escrituras vemos que siete días eran el tiempo tradicional de luto en respuesta por una muerte o por un desastre terrible (véase Génesis 50:10; 1 Samuel 31:13). Se ve con claridad que estaban estupefactos. Es fácil imaginarse su sorpresa al ver que tales sufrimientos habian caido sobre un hombre tan integro.

Es bueno que observemos las compasivas acciones de los amigos de Job. Se unieron a él sentados en el suelo y se mantuvieron en silencio. Reconocieron lo terrible que era su sufrimiento. Esos siete días y siete noches no repitieron palabras trilladas y frases preparadas, sino que se sentaron juntos para ver si de alguna manera podían asimilar el sufrimiento que su amigo estaba pasando.

Hay ocasiones en que las palabras no pueden expresar la profundidad del momento. Cuando llegan esas situaciones, solamente una amistad y una compasión sinceras pueden ser de profundo consuelo a la persona que esté sufriendo

APLICACION:

Los momentos de prueba tienden revelar lo mejor y lo peor del carácter de las personas. Podríamos sentimos tentados a pensar que solamente las cosas buenas que nos suceden son provechosas. En realidad, Dios puede usar lo bueno y lo malo que hay en nuestra Vida para ayudamos a crecer. El es quien da forma a nuestro carácter y a nuestra voluntad, y modera nuestras acciones. Otras veces, es posible que use nuestras luchas para hacer brotar en otros lo bueno que tienen dentro, a veces sin que nosotros siquiera nos enteremos. Aunque nadie quiere sufrir, no debemos evadir las dificultades cuando vienen, sino que debemos pedir a Dios que nos fortalezca y que obre su voluntad en nosotros, y esta es asemejamos cada vez mas a Cristo.

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