Al amado Concilio de las Asambleas de Dios

Pastores, ministros, iglesias locales, creyentes, amigos:

Escribo desde el fondo de mi corazón dolido, entristecido y lamentando profundamente el momento histórico que nos ha tocado vivir. Creo que a la inmensa mayoría de nosotros no nos alegra en absoluto lo que estamos atravesando.

Al escribir no es de ninguna manera mi propósito analizar el asunto que propició esto, ni tampoco la forma como se está manejando. El liderazgo de nuestro Concilio merece mi respeto, confianza y constante oración.

Me mueve el pueblo. Los pastores. Los muchos que no estamos enterados de “los detalles “. Me mueven las diversas publicaciones donde se señala, se toma partido, se conoce una parte o una versión del asunto. Me mueve la polarización, normal en la política, anormal entre nosotros. Me mueve la acalorada discusión en algunos foros. Los epítetos que algunos usan para calificar a los que descalifican. Me duele el corazón ver al Cocilio así.

La historia está llena de estos ejemplos. Muchos, no buenos, pero ejemplos al fin. No me escandalizo, solo soy de los que quieren aprender del pasado.

Pablo mostró su desaprobación al partidismo dentro de la iglesia. Usted recuerda: “Porque diciendo el uno: Yo ciertamente soy de Pablo; y el otro: Yo soy de Apolos, ¿no sois carnales?” El apóstol no ponderó esto como una virtud, sino como una expresión de la carne. El tomar partido dentro de la iglesia daña a la iglesia. La aparente fidelidad a un líder por encima de la obra del Señor, daña la obra y ofende al Señor.

Pablo sitúa su persona y la de Apolos al escribir: ”¿Qué, pues, es Pablo, y qué es Apolos?” La respuesta es contundente: Servidores. La palabra en griego enfatiza la humildad del servicio. La palabra también significa “aliviar las necesidades de alguien” (Vine) Como nosotros, quienes nos presiden también son servidores. Nuestra oración es que el Padre les conceda Su gracia para servir.

El apóstol da un paso adelante cuando en el versículo 7 de 1 Corintios 3 añade: “Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios que da el crecimiento.” Quienes nos presiden merecen todo nuestro respeto, cariño y apoyo, pero jamás debemos dividirnos por causa de nuestras posturas en torno a ellos. ¿Acaso no hemos aprendido esta básica lección de la Biblia?

Una razón adicional es mencionada por el apóstol en 4:5: “no juzguen nada antes de tiempo, hasta que venga el Señor, el cual aclarará también lo oculto de las tinieblas, y manifestará las intenciones de los corazones…” ¿Por qué no debemos tomar partido? Desconocemos realmente los hechos. Nuestro corazón se inclina por la amistad, por las buenas relaciones, por los gratos recuerdos. Pero desconocemos. Todo juicio apresurado es injusto. Mejor evitemos tomar partido.

¿Qué debiera estar por encima de lo que sucede? La unidad. Somos Cuerpo de Cristo. No cuerpos. Somos Concilio, no adversarios, no enemigos.

Considero que cada uno asume en este proceso un rol importante. Apostemos por la unidad y la concordia. Luchemos porque con nuestra boca pero también con nuestra actitud sea exaltado Cristo.

Intercedamos por nuestros líderes. Para ninguno de ellos es sencillo. No los sobrecarguemos con crítica mordaz. No apuñalemos a los ungidos. El Señor hará justicia, el Señor pondrá paz. La unidad no es solo responsabilidad de ellos, también es es nuestra. Decidamos “no mordernos, no comernos y mucho menos consumirnos unos a otros” (Gálatas 5:15).

Con amor a Dios y a usted

Pastor Alejandro Pérez Villanueva

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